Romper el silencio en las academias: detuvieron a un profesor de danza clásica por abusar de una alumna de 12 años

Un gravísimo caso de violencia sexual sacude al ámbito artístico e interpela las lógicas de asimetría de poder dentro de las escuelas formativas. Un profesor de danzas clásicas quedó detenido en San Miguel de Tucumán, imputado por el delito de abuso sexual agravado en perjuicio de una alumna de 12 años.

El hecho, que tomó trascendencia nacional tras ser expuesto en el programa televisivo Código Nación, encendió las alarmas sobre el desamparo institucional y disparó una masiva red de contención en redes sociales bajo la consigna unánime: “No estás sola”.

El calvario de la menor ocurrió en una academia ubicada en la calle Constitución al 300 de la capital tucumana. Utilizando su rol de autoridad pedagógica, el docente manipuló el entorno solicitando a la niña que avisara a sus padres que la retirarían media hora más tarde bajo el engaño de realizar una “práctica especial” a solas. Una vez que el salón quedó vacío, se perpetró el ultraje. La víctima logró romper la parálisis enviando un mensaje de texto de alerta a su padre, lo que permitió activar la denuncia penal inmediata. Al arribar las fuerzas policiales a su domicilio, el acusado intentó atrincherarse en un dormitorio, entregándose tras media hora de intensas negociaciones en las que se le incautó su celular.

Asimetría de poder y la urgencia de desnaturalizar el contacto

A pedido de la fiscal Adriana Reinoso Cuello, la Justicia de Garantías convalidó la detención y le dictó prisión preventiva por 36 días al imputado. Las pericias médico-legales confirmaron lesiones físicas compatibles con una agresión sexual que, junto con el valioso testimonio de la niña recolectado mediante el sistema de Cámara Gesell, constituyen las pruebas basales del expediente. Además, la difusión del arresto generó un efecto dominó: los padres de otras dos menores se presentaron ante la fiscalía para ratificar nuevas denuncias en su contra, lo que robusteció la sospecha judicial de un patrón de reincidencia y captación sistemática.

Desde una rigurosa perspectiva de género y de protección integral de las infancias, el caso expone los peligrosos márgenes de vulnerabilidad que atraviesan los entornos de formación corporal y artística si no se aplican protocolos estrictos de cuidado. En diálogo con Código Nación, la reconocida bailarina y coreógrafa Damasia Ochoa reflexionó de forma tajante sobre los límites corporales en la disciplina:

“No hay que naturalizar que un docente te toque en clase para marcar un paso de danza, no está bien. Muchas dejan de bailar por estas cosas”.

Históricamente, el lenguaje de la danza ha tolerado la manipulación física estricta de los cuerpos en pos de la «excelencia técnica», una zona gris que los perpetradores suelen aprovechar para confundir el límite del consentimiento de las niñeces y adolescentes.

 Cuidado de las infancias y la reparación colectiva

Este tipo de abusos no constituyen hechos aislados, sino que se nutren de un manto de secretismo institucional que suele revictimizar a quienes se animan a denunciar. Por ello, la respuesta del colectivo de bailarinas y alumnas de todo el país resulta fundamental: al inundar las redes con comunicados de apoyo, desplazan la culpa fuera de las víctimas y generan una red de contención que la justicia penal ordinaria muchas veces no logra garantizar de manera afectiva.

La protección de las infancias exige dejar de delegar el control absoluto de los espacios recreativos o artísticos y demanda la aplicación efectiva de la Educación Sexual Integral (ESI) para que las niñas y niños identifiquen cuándo un contacto vulnera sus derechos fundamentales. La danza debe ser, ante todo, un territorio libre, soberano y seguro para el despliegue del cuerpo; nunca la trinchera para la impunidad de un abusador.

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