El macabro crimen de Yudith Nazarena Jerez, descubierto el pasado lunes 5 de octubre en el paraje La Cañada, sumó un vuelco de extrema complejidad médica y judicial. La autopsia confirmó que la víctima presentaba impactos de bala y severos traumatismos, mientras que su pareja, Pablo Salvador Pitali, lucha por su vida tras un aparente intento de suicidio imperceptible en su captura.
La investigación por el brutal femicidio de Yudith Nazarena Jerez (36 años), que conmocionó a la localidad tucumana de Graneros a principios de este mes, ha tomado un rumbo inesperado que mantiene en vilo a los tribunales del sur provincial. Su pareja y único imputado, Pablo Salvador Pitali (39 años), permanece internado bajo coma inducido y con asistencia respiratoria mecánica en el Hospital Ángel C. Padilla. Las autoridades descubrieron que el agresor presentaba una herida de bala en el cráneo que no había sido advertida al momento de su detención, lo que alteró por completo los plazos procesales de la imputación formal.
El macabro hallazgo del lunes 5 de octubre
El crimen se perpetró en la misma vivienda donde la pareja convivía y administraba una carnicería familiar en el paraje La Cañada. La alarma se encendió aquel lunes 5 de octubre, cuando Yudith no se presentó a un encuentro pautado con sus allegados en Alberdi. Ante la falta de respuestas, su padre y su hermano se trasladaron hasta el domicilio y, al ingresar cerca del mediodía, se toparon con una escena dantesca: el cuerpo de la mujer yacía en un dormitorio con dos heridas de arma de fuego en el abdomen y graves politraumatismos en el rostro y el cráneo.
Al arribar el personal policial de la Comisaría de Graneros, se inició una requisa profunda en el inmueble. En una habitación contigua, oculto debajo de una cama y completamente cubierto, los efectivos detectaron a Pitali, quien presentaba abundantes manchas de sangre en sus ropas. Al ser descubierto por los uniformados, el hombre solo atinó a balbucear de forma espontánea que había cometido «un grave error con el uso de un arma de fuego». Al momento del ataque, la hija de 10 años de la pareja se encontraba en el colegio.
El proyectil invisible y el intento de suicidio
La gran incertidumbre del caso sobrevino tras la captura. Inicialmente se creyó que las lesiones que exhibía Pitali eran producto de golpes de la víctima en un intento por defenderse, pero al ser derivado a un centro médico por una severa descompensación posterior, una tomografía computada reveló un dato impactante: tenía un proyectil calibre 22 alojado en la cabeza.
Intervención quirúrgica: El acusado debió ingresar de urgencia al quirófano del Hospital Padilla para la remoción del plomo. Sorprendentemente, minutos antes de la cirugía el hombre caminaba de forma autónoma y manifestaba molestias por el uso de las esposas, pero su cuadro neurológico se agravó drásticamente en el postoperatorio.
Peritaje balístico clave: En el lugar del femicidio, los peritos del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) secuestraron una pistola calibre 22 con manchas hemáticas y dos vainas servidas. La principal hipótesis fiscal apunta a que Pitali intentó quitarse la vida inmediatamente después de asesinar a su concubina, gatillándose en la sien sin lograr una muerte instantánea.
Causa suspendida por el estado de salud
La Unidad Fiscal de Homicidios del Centro Judicial de Concepción se vio obligada a modificar la situación procesal de Pitali para suspender los plazos legales ordinarios de detención. Debido a su estado de coma inducido, resulta materialmente imposible llevar a cabo la audiencia de formulación de cargos.
No existían denuncias previas por violencia de género asentadas por la víctima en las comisarías de la región. Vecinos y familiares atestiguaron que existían discusiones recurrentes, pero ligadas de forma exclusiva a la administración del negocio y a problemas financieros. Desde los tribunales confirmaron que en cuanto los parámetros médicos del imputado se estabilicen y recupere la lucidez, se solicitará la máxima calificación penal: femicidio agravado por el vínculo, delito que estipula una condena única de prisión perpetua.










