El video empieza con risas. No son risas de un chiste, son risas de cazadores.
Un grupo de más de 50 varones en bicicleta rodea, acorrala y golpea a mujeres travestis y trans en los Bosques de Palermo. Lo filman, lo suben a las redes, lo festejan.
No actúan por instinto animal; actúan con la impunidad consciente que les da su condición de hijos sanos del patriarcado.
¿En qué momento ver el sufrimiento de otro ser humano se convirtió en un espectáculo de entretenimiento? ¿En qué momento nos volvimos tan inmunes a la crueldad?
Hace unos días, un posteo de las psicólogas Lic. Melanie Procopio y Lic. María Sivana (@enlazados.psi) nos recordaba algo fundamental: la violencia física nunca es el primer paso. Nadie levanta un fierro vial o tira una piedra contra alguien si antes no aprendió a mirarlo como si fuera menos que humano.
Y las cifras del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio son el reflejo matemático de ese desprecio: 227 agresiones en un año, un 62% más que el anterior. No son números abstractos. Son 142 mujeres trans, 50 varones gays, 18 varones trans, vidas reales que se cortaron o se rompieron a golpes, por abandono del Estado o por el hostigamiento que empuja al suicidio.
La filósofa Judith Butler explica, sin necesidad de usar palabras difíciles, que las sociedades construyen marcos invisibles para decidir qué vidas importan y cuáles no.
Hay vidas por las que el país entero se escandaliza si les pasa algo, y hay otras vidas cuya vulnerabilidad nos parece «normal».
Cuando el discurso político desfinancia la inclusión, persigue a las trabajadoras sexuales y califica la diversidad como un peligro o una «ideología», lo que está haciendo es dar permiso. Le está diciendo a esos 50 ciclistas que los cuerpos de esas compañeras están ahí para ser usados, degradados y descartados. Que sus vidas no valen, que sus muertes no se lloran.
Este mensaje no es para quienes empuñan el odio. Es, sobre todo, para los varones cisgénero heterosexuales que miran esto desde la comodidad de sus pantallas.
A vos, que quizás nunca tuviste miedo de caminar de noche, que nunca tuviste que armar una cooperativa para sobrevivir, que nunca te gritaron un insulto desde un auto por cómo te vestís o a quién amás. Tenés que entender que el silencio también es una posición política. Cuando elegís desviar la mirada, cuando te reís de un chiste en un grupo de WhatsApp, cuando pensás que «esto es un problema de las minorías», estás ayudando a sostener ese marco que deshumaniza.
La masculinidad no puede seguir construyéndose sobre el desprecio, el pacto de complicidad o la indiferencia hacia lo que es diferente. No se trata de culpa, se trata de responsabilidad y, sobre todo, de empatía básica.
Esas mujeres que fueron atacadas en Palermo tienen nombres, historias, miedos y el mismo derecho que vos a habitar el espacio público sin ser perseguidas por un entorno que se cree dueño de la calle.
La diferencia no genera violencia por sí misma. Lo que genera violencia es nuestra capacidad de tolerar la crueldad sin que se nos mueva un pelo. Es hora de despertar. Si nos deja de escandalizar que destruyan la vida de una persona por ser quien es, lo que estamos perdiendo en el camino no es solo una estadística: es nuestra propia humanidad.
Por todo esto, la calle no puede ser un coto de caza. Tiene que volver a ser el lugar donde nos encontremos, nos cuidemos y pongamos el cuerpo de manera colectiva. La agresión en Palermo nos demuestra que la indiferencia no es una opción neutra; el silencio ampara a los violentos.
Hoy más que nunca, responder a esta avanzada requiere de la presencia y el compromiso de todas, todos y todes, habitando el espacio público para demostrar que el odio no va a ganar.
La cita para ponerle un freno a la crueldad y defender nuestra dignidad humana ya está fijada. Este sábado 7 de noviembre, la 35° Marcha del Orgullo volverá a copar la Ciudad de Buenos Aires bajo la consigna «Cuando el odio avanza, el orgullo en las calles es resistencia». La convocatoria arranca a las 10:00 hs con la feria en Plaza de Mayo, para luego movilizar a partir de las 16:00 hs hacia el Congreso de la Nación. Vení a marchar, vení a acompañar, vení a ponerle el cuerpo a la empatía.










