El Índice de Gestión Estratégica de Ciudades (IGEC) expone que el promedio general del Gran Buenos Aires es de apenas 2,59 puntos sobre 5. Mientras la zona norte lidera en infraestructura y transparencia, el sur y el oeste profundo exhiben los peores indicadores y un rezago alarmante en materia ambiental.
¿Cuánto influye el código postal en el acceso a servicios públicos, la infraestructura urbana, el cuidado del medioambiente y la transparencia institucional? La respuesta corta y contundente es: de manera determinante. El Centro de Ciudades Inteligentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) bajo la dirección de Omar Quiroga, presentó la última edición del Índice de Gestión Estratégica de Ciudades (IGEC). El documento evalúa el desempeño de 31 administraciones locales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) combinando un bloque de 159 indicadores cuantitativos.
El diagnóstico general es preocupante: el Conurbano bonaerense promedia 2,59 puntos sobre un máximo de 5, lo que ubica a la región en un nivel de desempeño general apenas «regular». Sin embargo, lo más alarmante que expone el estudio es la brecha del 87% entre el municipio con mejor desempeño y el más postergado, evidenciando que los derechos urbanos se distribuyen de forma absolutamente desigual en el territorio.
El Mapa de las Asimetrías: Los Mejores y Peores del Ranking
La evaluación global consolidó una tabla de posiciones donde las diferencias socioeconómicas históricas entre los distintos cordones del Gran Buenos Aires se traducen directamente en capacidad de gestión y recolección de datos públicos.
El Top 5 (Desempeño Superior): El municipio de Vicente López encabeza el ranking general con una puntuación de 3,78. Le siguen en el pelotón de avanzada Tres de Febrero con 3,55; Escobar con 3,35; San Isidro con 3,31 y San Miguel con 3,11.
La Zona Media (Desempeño Regular): En este segmento flotan distritos como San Fernando (2,90), Morón (2,88), Avellaneda (2,73), Quilmes (2,60), Almirante Brown (2,57), Esteban Echeverría (2,43) y La Matanza, que se ubicó rezagada en el puesto número 22 con un puntaje de 2,42.
El Fondo de la Tabla (Desempeño Crítico): En el extremo inferior, con las calificaciones más bajas de la muestra, se posiciona Cañuelas en el último lugar con apenas 1,58 puntos. Lo preceden Presidente Perón (1,76), General Rodríguez (1,81), Marcos Paz (1,99) y Moreno (1,99).
Radiografía por Dimensiones: El Medioambiente en Alerta Roja
Para procesar los 159 indicadores, los investigadores de la UBA segmentaron la información en cinco dimensiones esenciales. El desglose de los promedios generales por áreas permite identificar con exactitud dónde radican las mayores deudas de los intendentes:
Dimensión Sociedad (Promedio: 2,74): Evalúa variables de salud, educación local, desarrollo social y acceso a servicios básicos. Sigue siendo la dimensión con el puntaje más alto, traccionada por las redes de centros de atención primaria.
Dimensión Tecnología e Infraestructura (Promedio: 2,71): Mide la conectividad digital de los trámites públicos, la pavimentación, el tendido de cloacas y la luminaria pública.
Dimensión Desarrollo Económico (Promedio: 2,60): Analiza la radicación de comercios, industrias, incentivos fiscales locales y la autonomía financiera de las comunas.
Dimensión Político-Institucional (Promedio: 2,60): Pondera los mecanismos de gobierno abierto, la rendición de cuentas y la publicación de presupuestos. El informe aclara que muchas bajas notas se deben a que los municipios ocultan o directamente no generan estadísticas públicas de libre acceso.
mensión Medioambiente (Promedio: 2,32): Es, por lejos, la dimensión más crítica y postergada de todo el Gran Buenos Aires.
El informe resalta que en la dimensión ambiental la asimetría entre distritos trepa al 124%. Mientras que comunas de la zona norte cuentan con programas avanzados de reciclaje, tratamiento de residuos secos y control de efluentes, los municipios de los terceros cordones del sur y del oeste muestran deficiencias severas en la gestión de basurales a cielo abierto, nulo monitoreo hídrico de arroyos contaminados y una escasez crítica de metros cuadrados de espacios verdes por habitante.
Una Matriz Técnica con una Gran Deuda Pendiente
Lo cierto es que el cruce de los datos duros permite identificar una omisión metodológica severa por parte de la academia: el IGEC de la UBA carece por completo de perspectiva de género.
Al analizar la estructura de sus 159 variables, se observa que el índice asume la gestión de las ciudades como un territorio neutral.
No existen indicadores que evalúen la paridad de género en los gabinetes municipales, el porcentaje presupuestario asignado a las Secretarías de las Mujeres y Diversidades, ni la densidad de Comisarías de la Mujer o Casas de Protección Integral para víctimas de violencia en cada comuna.
Asimismo, los indicadores de infraestructura no contemplan parámetros de urbanismo feminista, tales como el diseño de corredores escolares y paradas de colectivos seguras iluminadas con enfoque preventivo, o la existencia de centros municipales de primera infancia que alivien las tareas de cuidado que condicionan la autonomía económica de las mujeres en los barrios populares.
El informe de la UBA constituye un documento valioso y un llamado de atención urgente sobre la desigualdad territorial del Conurbano.
Sin embargo, deja en claro que las herramientas de medición estadística deben actualizarse de manera urgente: una ciudad no puede considerarse «inteligente» ni «estratégica» si ignora las desigualdades estructurales que afectan cotidianamente a la mitad de su población.










