El Nobel de la Paz tiene memoria feminista y antirracista: quién es Navi Pillay, la mujer que incomoda al poder

 El Premio Nobel de la Paz 2026 no fue para los grandes focos del marketing político ni para las demandas egocéntricas de Donald Trump. Quedó en manos de Navanethem «Navi» Pillay, una jurista sudafricana de 85 años cuya vida sintetiza la resistencia frente a los sistemas coloniales, racistas y patriarcales que estructuran el orden global.

Al enterarse del galardón en un foro legal en Núremberg, Pillay no eligió la falsa modestia sino la ironía filosa frente al expresidente estadounidense, quien reclamaba el reconocimiento: «Si aplauden un poco más fuerte, quizá comparta el premio con Trump». Una declaración que expone el contraste entre la espectacularización de la política y el trabajo silencioso de las mujeres en las trincheras del derecho internacional.

Una genealogía marcada por la interseccionalidad

Nacida en 1941 en un barrio humilde de Durban, Pillay es hija de una ama de casa y de un chofer de colectivo descendientes de inmigrantes tamiles. Creció habitando los márgenes del régimen del apartheid. En un contexto doblemente hostil por su género y su origen étnico, se convirtió en la primera mujer no blanca en abrir su propio estudio jurídico en la provincia de Natal en 1967. ¿La razón? Ningún bufete local aceptaba contratarla ni concebía que el personal blanco recibiera instrucciones de una mujer racializada.

Desde ese espacio defensivo, Pillay desafió las bases del régimen segregacionista. Defendió a activistas del Congreso Nacional Africano (CNA) y a presos políticos confinados en la isla de Robben, entre ellos al mismísimo Nelson Mandela.

Su labor judicial logró hitos fundamentales con perspectiva de derechos humanos, como la presentación legal que impidió que las fuerzas policiales torturaran a su propio esposo durante los interrogatorios bajo la infame Ley Antiterrorista.

Con el advenimiento de la democracia y la presidencia de Mandela en 1995, se hizo justicia histórica al ser nombrada la primera jueza no blanca del Tribunal Superior de Sudáfrica.

 

Juzgar el genocidio y la violencia contra las mujeres

La proyección internacional de Pillay redefinió el derecho humanitario global. Fue una pieza clave como jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde marcó un antes y un después en la jurisprudencia feminista al dictaminar que la violación y la violencia sexual en contextos de conflicto constituyen actos de genocidio y crímenes contra la humanidad.

Como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2008-2014) y recientemente al frente de la Comisión Internacional de Investigación de la ONU sobre los territorios palestinos, ha mantenido una brújula moral inquebrantable.

El año pasado, la comisión bajo su presidencia concluyó de forma contundente que el Estado de Israel está cometiendo un genocidio en la Franja de Gaza; una postura que le valió feroces ataques del gobierno de Benjamín Netanyahu, el cual llegó a calificar la decisión del Comité Nobel como «una pérdida de la brújula moral».

Frente a una justicia internacional bajo asedio institucional, el Nobel a Navi Pillay premia la memoria de las brujas de este siglo: las que desarman la impunidad con la palabra, resisten el hostigamiento del poder y demuestran que la paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de la justicia.

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