Volver al oscurantismo: la crueldad libertaria que busca revictimizar a las sobrevivientes de abuso sexual

 

 

En una nueva embestida contra la Ley IVE, referentes del oficialismo y la ultraderecha despliegan discursos de odio que violentan los derechos conquistados y proponen obligar a maternar a las víctimas de violación.

 

La derecha libertaria ha vuelto a activar su maquinaria fundamentalista contra la soberanía de nuestros cuerpos. En los últimos días, una oleada de declaraciones institucionales y mediáticas reactivó el debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), exponiendo la faceta más cruel y deshumanizante de su agenda política: la pretensión de prohibir el aborto incluso cuando el embarazo es el resultado de una violación.

La polémica estalló en las redes sociales tras las publicaciones de la influencer oficialista Eliana Cere, señalada como posible candidata de La Libertad Avanza para las elecciones de 2027. Cere sintetizó la postura de su espacio con una frase cargada de violencia simbólica: «Matar a tu hijo no te desviola». Lejos de retractarse ante el inmediato rechazo colectivo, redobló la apuesta argumentando que «un delito no se tapa con otro delito», equiparando una vulneración de derechos sistemática y traumática como es un abuso sexual con la libre decisión de interrumpir una gestación no deseada.

En sintonía, Agustín Laje, director de la Fundación Faro y uno de los principales teóricos de la nueva derecha radical, respaldó este posicionamiento. Con un cinismo retórico alarmante, Laje sostuvo que el aborto en casos de violación «beneficia curiosamente a los violadores» al supuestamente eliminar la prueba del delito, proponiendo en su lugar que el Estado fuerce el nacimiento para luego facilitar la adopción.

La revictimización como política de Estado

Estas afirmaciones no son exabruptos individuales ni opiniones aisladas; son provocaciones disciplinadoras. Utilizar conceptos como «matar a tu hijo» para referirse a la interrupción de un embarazo forzado por una violación busca infundir culpa, estigmatizar y criminalizar a las mujeres y disidencias.

Forzar a una persona que ha sobrevivido a una agresión sexual a llevar a término un embarazo no deseado constituye una tortura psicológica y física, tipificada como tal por diversos organismos internacionales de derechos humanos. La retórica de que «un delito no se tapa con otro» invisibiliza deliberadamente al sujeto político fundamental: la víctima. Al despojarla de su autonomía y de su capacidad de decidir sobre su propio proyecto de vida, el discurso libertario la reduce a una mera vasija incubadora, perpetuando la violencia del agresor ahora desde el aparato discursivo (y potencialmente legal) del Estado.

Machirulo de manual con traje

El cinismo de la «protección» y el ataque a los consensos democráticos

El argumento de Laje sobre la «destrucción de la prueba del delito» roza la perversión institucional. Sugerir que mantener un embarazo forzado es necesario para investigar un crimen es una muestra de la falta absoluta de perspectiva de género en la concepción de la justicia. La recolección de pruebas genéticas y los protocolos médicos de asistencia integral a la víctima en las primeras horas posteriores a un abuso están regulados precisamente para protegerla, no para convertir su cuerpo en el escenario prolongado de una evidencia judicial.

Además, esta contraofensiva totalitaria ignora que el aborto no punible por causales (salud y violación) es un derecho consagrado en el Código Penal argentino desde 1921. Lo que pretenden los sectores antiderechos no es solo derogar la Ley 27.610 sancionada en 2020, sino arrasar con más de un siglo de jurisprudencia y consensos democráticos mínimos, empujando nuevamente a miles de personas gestantes a la clandestinidad, la mutilación y la muerte.

Nuestros cuerpos no son su campo de batalla

La respuesta de los transfeminismos, las organizaciones sociales y las redes defensoras de la salud pública ha sido contundente. El rechazo generalizado en las calles y las plataformas virtuales demuestra que la sociedad argentina no está dispuesta a ceder los derechos conquistados tras décadas de militancia y marea verde.

Frente a la crueldad que proponen como bandera y la insensibilidad que disfrazan de moralidad, nos plantamos con la convicción de siempre: la maternidad será deseada o no será. No permitiremos que utilicen el dolor de las sobrevivientes de violencia sexual para alimentar el circo ideológico de un gobierno que desprecia la dignidad humana.

Ni un paso atrás. Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

 

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