Najmeh Amini fue sentenciada a la pena capital por «insultar al profeta» en sus redes sociales. Detrás de las cifras de la represión teocrática, se esconde la historia de una estudiante de contabilidad cuya vida pende de un hilo. El llamado urgente de los feminismos internacionales para exigir su libertad.
El régimen teocrático de Irán ha vuelto a encender las alarmas de los feminismos y las organizaciones de derechos humanos en todo el mundo. Najmeh Amini, una estudiante de contabilidad de tan solo 23 años, ha sido condenada a muerte bajo el cargo de sab ol-nabi («insultar al profeta») debido a una serie de opiniones expresadas en sus redes sociales.
La sentencia, dictada el pasado 16 de septiembre por la justicia iraní, expone una vez más cómo los cuerpos y las voces de las mujeres jóvenes se convierten en el principal territorio de castigo y disciplinamiento político en el país. Además de la pena capital —que aún puede ser apelada ante el Tribunal Supremo—, un Tribunal Revolucionario le impuso una condena paralela de 12 años, 6 meses y 1 día de prisión por supuestos actos contra la seguridad nacional y difusión de propaganda contra el régimen.
Censura, control digital y una defensa rechazada
Najmeh fue detenida violentamente por las fuerzas de seguridad el 31 de enero de 2026 en la ciudad de Mashhad. ¿Su delito? Usar el espacio digital para expresarse en un país donde la libre expresión de las mujeres se tipifica como disidencia criminal.
Durante el juicio, la defensa de la joven intentó demostrar que las publicaciones en internet se realizaron en un estado de vulnerabilidad y alteración de la conciencia involuntaria, tras el consumo recreativo de sustancias con amigos.
Sin embargo, el aparato judicial del régimen desestimó los argumentos con una lógica estrictamente política: el juez dictaminó que el estado de la joven no la eximía de culpa, argumentando de forma arbitraria que la supuesta falta no se dirigió a los adversarios políticos tradicionales de la teocracia, sino a las bases del dogma religioso oficial.
El contexto: manifestarse para sobrevivir
El arresto de Najmeh no es un hecho aislado. Se dio en el marco de las masivas protestas populares que estallaron a finales de diciembre de 2025 en Irán. A diferencia de movimientos previos enfocados estrictamente en los códigos de vestimenta, esta ola de indignación ciudadana fue impulsada por el colapso histórico de la moneda local (el rial) y la asfixiante crisis económica que golpea los hogares iraníes.
La respuesta del Estado fue la brutalidad absoluta. Activistas y redes de derechos humanos calculan que la represión estatal de este año ya ha dejado entre 7.000 y 10.000 personas asesinadas a manos de las fuerzas de seguridad, además de más de 50.000 detenciones arbitrarias. En este escenario de terror, las cárceles iraníes se han llenado de jóvenes, activistas y disidentes cuya integridad física corre peligro diario.
«Sean mi voz»: El grito que traspasa los muros de la prisión
A pesar del aislamiento, el caso de Najmeh logró romper el cerco informativo gracias a la filtración de un desgarrador mensaje de audio grabado en la prisión de Vakilabad. Sus palabras resuenan hoy como una bandera de lucha internacional:
«No pretendo hacerme la heroína; solo pido una cosa: sean mi voz. Soy una chica inocente, una joven con tantas esperanzas y sueños. Tengo unos padres que me esperan. Una familia que cada noche se despierta con el temor de perderme».
La crueldad del sistema judicial iraní no es una novedad, pero las cifras del 2026 son alarmantes. Según registros de la ONG Iran Human Rights, el régimen de Teherán ha ejecutado a más de 600 personas en lo que va del año, consolidando la pena de muerte como una herramienta sistemática de control social para acallar cualquier intento de rebelión popular.
Hacia una red de solidaridad feminista internacional
Nos sumamos al llamado global para exigir la anulación de la condena de Najmeh Amini y de todas las presas políticas en Irán. Dejar que esta sentencia se ejecute no solo significaría apagar los sueños de una joven de 23 años; sentaría un precedente nefasto que legaliza la pena de muerte para cualquier mujer que decida expresarse de manera libre en internet.
La historia de Najmeh no debe pasar desapercibida. En una época donde las fronteras pretenden dividir las luchas, la solidaridad feminista debe ser transnacional. El mundo entero debe mirar a Irán y gritar por aquellas cuyas palabras hoy les pueden costar la vida. No las dejemos solas.










