“Todo lo que tiene que ver con la condición de ser mujer está en riesgo permanente”

 

Entrevista exclusiva con la socióloga y escritora Esther Pineda tras el lanzamiento de su nuevo libro, Femicidio, una masacre global. Una obra imprescindible que desarticula la mirada colonial de Europa y Estados Unidos, denuncia las «instituciones cascarón» y advierte que, en el patriarcado, ningún derecho está garantizado.

La reconocida socióloga, doctora en ciencias sociales y escritora Esther Pineda conversó al aire de Las Brujas que Salem para presentar el cierre de una trilogía fundamental en la investigación de la violencia machista. Editado por Prometeo, Femicidio, una masacre global llega para complementar el camino trazado por sus obras anteriores, Cultura Femicida y Morir por Ser Mujer.

Sin embargo, este último trabajo trae una tesis incómoda que rompe los tabúes de la agenda internacional: desarmar la mirada colonial del Norte Global que insiste en catalogar al femicidio como un «mal exclusivo» de una América Latina supuestamente incivilizada. Con datos demoledores del FBI, Pineda demuestra que la crueldad no tiene fronteras y que el riesgo de nacer mujer es una realidad ecuménica.

Esther Pineda charló en Las Brujas que Salem sobre su último libro: Femicidio, una masacre global.

Desarmar la mirada colonial: El mito del Norte «civilizado»

Frente al micrófono, la autora explicó el origen de la investigación y la necesidad de cuestionar cómo Europa y Estados Unidos abordan la problemática, muchas veces utilizándola como una herramienta de estigmatización geopolítica hacia nuestra región.

«Empecé a identificar un estigma, un estereotipo que se conformaba mundialmente sobre el femicidio en América Latina. En el mundo se sigue viendo como un problema latinoamericano y no se comprenden muy bien las razones por las que ocurre. Prevalece esa mirada absolutamente colonial de que todo lo malo ocurre en América Latina y por supuesto no ocurre ni en Estados Unidos ni en Europa. Los problemas son nuestros, los incivilizados, los salvajes, los que no logramos adaptarnos».

Pineda relató una experiencia reciente en Madrid que ilustra a la perfección esta condescendencia intelectual por parte de la academia europea:

«Una especialista española afirmaba que el problema de los femicidios en América Latina era que las mujeres no tenían recursos o dependían de los hombres y por eso las asesinaban. Justamente en una región donde la mayoría de los hogares son monoparentales, donde las mujeres de cualquier edad están insertas en la dinámica de producción de recursos porque no pueden permitirse dependenciar de los hombres. Ese desconocimiento tan grande hace que para ellos sea todo un descubrimiento y no hablan de los femicidios que ocurren en su propio contexto».

 

Datos ocultos y la mirada «parejacéntrica» de Estados Unidos

Una de las revelaciones más potentes del libro surge de desmenuzar las propias estadísticas oficiales del FBI. La autora demuestra que en los Estados Unidos mueren y asesinan mujeres en proporciones equivalentes a las de México, uno de los epicentros de la violencia en el continente.

El secreto, denuncia Pineda, radica en cómo se clasifican y esconden esos crímenes.

«Encontré datos oficiales norteamericanos desde el año 1995 hasta prácticamente la actualidad que ponen en evidencia unos altos índices de ocurrencia del asesinato de mujeres por parte de hombres. El problema norteamericano es que primero no tienen tipificado el femicidio; no les interesa tampoco tipificarlo porque si no, deja de ser un problema latinoamericano como ellos lo han calificado».

A la falta de tipificación legal se le suma un subregistro metodológico que invisibiliza miles de muertes:

«Tienen un abordaje y una mirada parejacéntrica del fenómeno. Es decir, ellos solo contabilizan esos asesinatos en el contexto de la relación conyugal, sea de convivencia o de matrimonio. No registran noviazgos u otros vínculos. Hay un montón de muertes de mujeres cometidas por hombres en escenarios en los que no hay una relación de pareja que están absolutamente invisibilizadas. No hay forma de encontrarlas porque no están sistematizadas».

Esta misma ceguera institucional se replica en las principales potencias europeas como Alemania, Francia y el Reino Unido, donde el fenómeno se reduce únicamente al ámbito doméstico-conyugal, con la reciente excepción de Italia que logró tipificarlo el año pasado.

El complejo del «salvador blanco»

«Muchos investigadores y académicos en Europa investigan y abordan el feminicidio, pero financiados por sus fondos y universidades vienen a América Latina, hacen un postdoctorado de seis meses o un año, y después se presentan ante el mundo como expertos en feminicidio latinoamericano, no desde el feminicidio en su región. Es una cosa absolutamente fuera de lugar. Siguen prevaleciendo en esa mirada colonial que es apropiarse de todo lo que producimos en América Latina, valiéndose del acceso, el alcance y las posibilidades de traducción que tienen».

 

Las «instituciones cascarón» y la falsa grieta partidaria

Hacia el final de la obra, la socióloga propone un programa urgente de 12 puntos dirigidos de forma exclusiva a las obligaciones de los Estados. Pineda marca una distancia crítica con ciertos discursos que depositan en las propias mujeres la solución a una violencia que las tiene como víctimas.

«El feminismo no es el que va a lograr erradicar los femicidios. El feminismo lo que hace es visibilizar la existencia, denunciar y exigir al Estado y a la sociedad su erradicación. Pero no es nuestra responsabilidad acabar con los femicidios, pues esto es una violencia ejercida por los hombres y que ocurre con anuencia de la sociedad y del Estado. Ninguna de nosotras queremos ser asesinadas».

Al analizar la realidad de América Latina, donde 18 países ya cuentan con la figura legal del femicidio, la autora advierte que las leyes por sí solas no salvan vidas si no están respaldadas por presupuesto, recursos y formación idónea para los funcionarios. Es allí donde acuña el concepto de «institución cascarón».

«En algunos países se tipificó el delito y se creó la institucionalidad (institutos, fiscalías especializadas), pero o no se le inyectan recursos o no hay un diseño de políticas públicas efectivas, eficientes y oportunas. Está la institución, pero vacía; una institución cascarón. No hay contenido, no hay política, no se ejecuta nada. Hay una existencia nominal para tranquilizar a la población, pero vas y ni siquiera te saben atender o terminan revictimizando a la víctima».

Lo más alarmante, según explica Pineda, es que este vaciamiento e indiferencia trasciende las banderas políticas de los gobiernos de turno:

«Esto ocurre tanto en lo que llamamos gobiernos progresistas como en los que llamamos gobiernos de derecha, porque es un problema del patriarcado. No es un problema de que hay gobiernos que realmente trabajan por las políticas públicas contra la violencia y otros que no. Algunos lo hacen de forma explícita y otros de manera más solapada, dejando morir la institucionalidad por desfinanciamiento pero sin decir abiertamente ‘esto no sirve, lo vamos a eliminar’. Esa es la gran diferencia y el feminismo lo tiene que tener muy claro».

Alerta permanente: Prohibido relajarse

La conclusión de Esther Pineda funciona como un llamado a la acción y un recordatorio urgente para el movimiento de mujeres a nivel global. Los derechos conquistados jamás deben darse por sentados.

«Nuestros derechos no están garantizados. Fíjense que en Estados Unidos en este momento está la discusión de la posibilidad de la eliminación del voto femenino. Las mujeres no nos podemos confiar; los derechos pueden existir, pero siempre están en riesgo. Algunas compañeras se relajan, pero no se puede. Si yo sigo tanto en estos temas es precisamente por saber que permanentemente tenemos que estar alertas. No hay posibilidad de descansar o de relajarnos, porque pestañamos y ya perdimos algo»

 

Guía de lectura para abordar la trilogía de Esther Pineda

Para comprender la evolución metodológica y conceptual de la autora, la lectura de su obra de investigación sobre el femicidio debe abordarse de manera secuencial:

Cultura Femicida (2019): El cimiento teórico. Aborda la dimensión histórica y la etiología del femicidio a nivel conceptual, analizando cómo el machismo y la complicidad estatal se reproducen a través de la industria cultural, los medios masivos de comunicación y el entramado jurídico.

Morir por Ser Mujer (2021): La cartografía de la región. Dedica un capítulo a cada país de América Latina para caracterizar localmente el fenómeno. Es pionero en estudiar los femicidios en la periferia social: explotación sexual, femicidios infantiles, transfemicidios, crímenes hacia adultas mayores y el desarrollo conceptual del afrofemicidio.

Femicidio, una masacre global (2024): La ruptura del mapa global. Rompe el sesgo eurocéntrico utilizando datos oficiales de potencias internacionales para equiparar los niveles de violencia global y expone cómo los subregistros institucionales del Norte esconden los asesinatos patriarcales.

 

Los 12 Puntos de Exigencia Estatal

En el cierre de su último libro, Esther Pineda no se limita a un diagnóstico estadístico, sino que elabora una hoja de ruta con 12 exigencias urgentes dirigidas a los Estados para avanzar en la erradicación del femicidio. Los ejes fundamentales del programa son:

Financiamiento garantizado: Inyección de presupuestos reales, sostenibles y blindados frente a los cambios de gobierno de turno.

Políticas públicas efectivas: Diseño de estrategias gubernamentales oportunas de prevención que actúen antes de la agresión fatal.

Destrucción de las «instituciones cascarón»: Dotar de recursos operativos y logísticos a los ministerios, institutos y fiscalías de género vigentes.

Formación y capacitación idónea: Instrucción obligatoria y permanente en perspectiva de género para todos los funcionarios de las fuerzas de seguridad y el Poder Judicial.

Fin de la revictimización: Garantizar que los procesos de denuncia cuenten con entornos seguros y no expongan a la víctima a maltratos institucionales.

Ruptura de la mirada parejacéntrica: Modificar las metodologías de registro penal para que el Estado catalogue y contabilice los asesinatos de mujeres fuera de los vínculos conyugales o de convivencia.

 

Escuchar la nota completa en Radio Trinchera

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí