Talento de exportación desde la trinchera pública: el corto de la UNLP que hace historia camino a los Oscars estudiantiles

 

 

El cortometraje de ciencia ficción «Una energía invisible me devora sin descanso» ha marcado un hito cultural al transformarse en semifinalista de los prestigiosos Student Academy Awards 2026. Desarrollado como tesis de grado por egresadas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el proyecto no solo expone una potente distopía sobre la alienación laboral, sino que se erige como una trinchera política y artística indispensable en tiempos de desfinanciamiento.

A pesar de sostenerse en una universidad pública fuertemente bastardeada y desfinanciada por el contexto político actual, la educación pública demuestra, una vez más, ser el semillero indiscutido de talento puro de exportación. Este reconocimiento internacional pone de manifiesto que los recursos colectivos se traducen en obras de altísimo valor que viajan por el mundo discutiendo nuestra identidad cultural.

 

El liderazgo de creadoras con mirada feminista

La arquitectura de este universo distópico nació de la mente de Ludmila Fontana, quien asumió la Dirección, el Guión y la Producción Ejecutiva del proyecto. El texto final se enriqueció gracias al trabajo conjunto con los consultores de guion Juan Manuel Fontana, Maia Maureira y Gregorio Róutulo.

El proyecto brilla con luz propia gracias a la incorporación de voces y miradas femeninas en roles que históricamente han estado masculinizados en la industria cinematográfica. La dirección de Fontana, la asistencia de dirección a cargo de Lucía Carrizo (acompañada por Melany Palacios y Agustín Rolón como segundos de dirección), la continuidad de Verónica Lemi, la Dirección de Arte capitaneada por Lucía Carciofi, el vestuario de Eliana Filippini y el maquillaje de Pamela Craco consolidan un equipo donde las mujeres lideraron la toma de decisiones.

Maia Maureira, Directora de Fotografía y también Productora Ejecutiva del cortometraje, dialogó con Las Brujas que Salen sobre el desafío de habitar estos espacios técnicos:

“ En nuestra carrera egresan en su mayoría mujeres pero luego  la mayor cantidad de personas que consiguen trabajo son varones”.

Remarcando la disparidad de género en su área, reflexionó sobre hitos internacionales recientes:

“Este año fue el primer Oscar que se entregó a una dirección de fotografía a una mujer en casi 100 años… me parece una locura. No sé si es para festejar, porque uno dice no, no puede ser, que sea la primera en tanto tiempo”.

Maureira también desarmó los discursos tradicionales que asocian las tareas de cámara y luces a la fuerza física de los varones: “Se asocia a estos trabajos más técnicos a tener fuerza física o manejo de equipos que son pesados, como una barrera, no es así hay hombres que trabajan en el área de arte y mujeres que trabajan en el área de fotografía indistintamente”. Para afinar el encuadre y la narrativa visual, el trabajo codo a codo junto a la directora fue vital: “Recontra conectábamos en el sentido de nos sentamos, estamos 3-4 horas planeando a ver cómo puede generarse este plano, este sentimiento a partir de este plano”.

 

El trabajo en red y el poder de lo colectivo

La producción del cortometraje es un testimonio vivo del trabajo en red y de la comunidad solidaria que se gesta dentro de las aulas públicas. Sosteniendo el rodaje estuvo el área de producción, con Mateo Trímboli como Jefe de Producción y el soporte de Augusto Paz Cherres, Paula Veronesi y Samanta Heiderscheid en la asistencia.

“A mí me parece muy importante siempre el trabajo muy en equipo… es una carrera que nunca estás solo, siempre estás acompañado y me parece súper importante el hecho de la comunidad y del compañerismo y de un todo juntos tirando para un mismo lado”, destacó la entrevistada.

En sintonía con la realidad nacional, añadió: “Siento que es lo que tendría que ser en la vida real y en el país”.

En el set, el entramado técnico funcionó de manera aceitada. El diseño de iluminación y cámara contó con Laureano Grasso en cámara, Roberto Burgos y Lautaro Moreira Lagunas como asistentes, Antarki Contreras como gaffer y Francesco Folino en el rol de eléctrico, sumado a la seguridad en escenas de riesgo coordinada por Gabriel Castillo.

En la construcción visual, Selene Cea y Luna Spanevello asistieron en arte, mientras que Florencia Migueliz y Alejandra Suniar Gonda hicieron lo propio en maquillaje, registrando el detrás de escena la fotógrafa fija Lucía Deramo.

Este entramado colectivo funciona bajo una lógica de reciprocidad que define la identidad de la facultad:

“Yo ya sabía cómo trabajaban mis compañeros de rodaje en eso no dicho de ‘yo estoy para vos, vos estás para mí’ que se transforma en medio obvio. Es como algo que creo que se planteó desde el principio de la carrera, todos apoyar el rodaje del otro”.

Identidad y resistencia frente a la Inteligencia Artificial

La obra propone una mirada cruda sobre el futuro a través de una Argentina distópica, donde una corporación promueve un chip que quita el hambre, planteando una fuerte crítica al capitalismo y al avance desmedido de las tecnologías automatizadas.

Una de las banderas políticas y artísticas más firmes plasmadas en el dossier del corto es la frase: «Este cortometraje fue hecho por humanxs«. Al respecto, Maureira enfatizó la urgencia de defender la creatividad humana frente a las amenazas actuales:

“Para nosotras nos parecía muy importante dejar esto de que literalmente todo lo que se había creado había salido de nuestra cabeza… de no depender de una inteligencia, de hacer todo craneado desde cero… Hacemos hincapié en el uso de la IA, que es tipo la ciencia ficción del cortometraje y trata de eso… es una crítica al mundo que se viene”.

Esa dedicación artesanal se consolidó en la extensa etapa de postproducción.

El montaje estuvo en manos de Gaby Figueroa, la postproducción y dirección de sonido fue realizada por Joaquín Quinteros (junto a los asistentes Ana Ortíz, Tomás Gomez, Christian Jesus Mondragón y Selene Morz), el color por Sebastián Guttman y la ambiciosa tarea de efectos visuales quedó a cargo de Patricio Cravero como Jefe de VFX.

El universo gráfico y visual exterior fue completado por las diseñadoras Jazmín Raventós y Agostina Corsiglia, junto a la ilustradora Agustina Ollier.

El orgullo de la Universidad Pública camino al mundo

El cortometraje —que compitió contra alrededor de 2.900 producciones de todo el mundo para entrar en la sección de narrativa de la semifinal— se encuentra actualmente en su etapa de expansión internacional gracias a la distribución de Aukka Films, la prensa de Rocío Lombardo y el trabajo en redes del CM Lautaro Mora. Argentina es el único país de la región que asiste a este certamen desde las filas de la educación gratuita.

“Somos, primero, el único país de Argentina y el único que tiene una universidad pública que compite en este certamen Es una carrera que en otros países no está en el ámbito público, y que sea de la UNLP, que sea de nuestra universidad, y todos estemos tirando en esta de la misma, nos parece increíble y es un orgullo”, concluyó Maureira.

Frente a los discursos que intentan desvalorizarla, la universidad pública sigue de pie, creando e impulsando disidencias y miradas soberanas que interpelan nuestra propia realidad en las pantallas del mundo.

Escuchá la entrevista completa en Radio Trinchera

 

 

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