La actriz, bailarina y directora Mijal Katzowicz dialogó con el programa radial Las Brujas que Salem sobre el reestreno de Todo suena falso, una pieza disruptiva que hibrida la danza-teatro, el cine de género y el arte del foley en vivo. Además, la artista dejó una primicia sobre el futuro de la obra y reflexionó sobre el complejo presente que atraviesa el sector cultural.

En tiempos de filtros digitales, contenidos artificiales y realidades modificadas, el arte escénico se atreve a interpelar las ficciones cotidianas desde sus propios mecanismos. De ese cruce nace Todo suena falso, la obra ideada, dirigida e interpretada por la artista independiente Mijal Katzowicz, quien conversó al aire con el programa Las Brujas que Salem de cara a su nueva temporada de funciones en el espacio cultural Planta Inclán.
La propuesta, que mixtura el humor absurdo, el cine de terror y el despliegue corporal, sumerge al espectador en un dispositivo inestable donde el artificio se vuelve evidente. Durante la entrevista, Katzowicz señaló que el diálogo de la obra con el contexto actual no fue algo estrictamente planificado, sino una consecuencia orgánica del quehacer artístico: “Los artistas creamos en contextos. El contexto nos contamina y viceversa. Hay un pensamiento sobre qué es lo real y qué es lo falso, cómo funciona el artificio en escena y cuándo lo artificioso resulta ser más real. Ahora nos está pasando justamente esto en la actualidad y en la política”.
Multiplicidad de cuerpos, sonidos en vivo y una primicia exclusiva
El núcleo técnico y conceptual de la pieza radica en el uso del foley (efectos de sala) ejecutado en tiempo real sobre el escenario. Según explicó la directora, el foley en el cine pertenece habitualmente a la postproducción de estudio, recreando texturas y sonidos directos que la cámara no llegó a capturar con fidelidad.
“En escena se genera un dispositivo en el cual yo me multiplico en diferentes personajes. Represento a una femme fatale cinematográfica dentro de una escena de terror donde le sucede algo que el espectador desconoce. Luego, esa misma escena se proyecta muda en una televisión y yo misma ejecuto su foley en vivo con micrófonos y una mesa llena de objetos. La gente ve en simultáneo la imagen y la fabricación de los sonidos de esa imagen”, detalló Katzowicz, quien además encarna a una criatura monstruosa que complejiza la trama criminal.
Aprovechando el clima íntimo del programa, la directora sorprendió al aire con una exclusiva para los oyentes de Las Brujas al revelar el destino de la pieza: “Esta obra es una condensación de varios intereses que yo tengo en relación al cine, al teatro, a la danza y al sonido. Y hay una idea de continuidad de esto… todavía se está craneando, pero la primicia es la idea de una segunda parte”, adelantó con entusiasmo.
A pesar de ser un unipersonal de 43 minutos de duración, la exigencia escénica es total. La artista, formada en la universidad pública y con un recorrido que incluye haber protagonizado el premiado film Las hijas del fuego de Albertina Carri, definió este proyecto como una condensación de sus búsquedas expresivas en torno al movimiento y las traducciones sonoras.
“La obra demanda una carga cinética corporal extrema. Requiere un entrenamiento muy riguroso porque hay un trabajo corporal sumamente detallista e intenso. En la escena todo se potencia y se transforma, y el público agradece profundamente esa entrega física”, remarcó.
El trabajo detrás de un aparente unipersonal
Frente al micrófono de Las Brujas que Salem, se hizo especial hincapié en desmitificar la soledad del artista independiente en escena, recordando que el arte es un generador de empleo directo para numerosos profesionales. Detrás de la actuación de Katzowicz opera una red de más de diez personas que incluye a Lourdes de Lía y Sol Vázquez (asistencia de dirección), Rocío Velazco (asistencia de producción), Iván Aidar (asesoría dramatúrgica), Erico Schick (composición musical), Sol Santacá (escenografía y vestuario), Bárbara Alonso (coreografía), Guillermo Saredo (realización audiovisual), Fernando Berreta y Clara García-Uriburu (iluminación), Miren Begoña Cortázar (asesoría en foley), Ariel Feldman (fotografía) y Denise Salvador (prensa).
“La potencia creativa que tiene este país y esta ciudad es excepcional a nivel internacional. Las artistas mujeres y disidencias muchas veces operamos como ‘mujeres orquesta’ porque no nos queda otra alternativa, pero cuanto más disciplinas abarquemos, más rico es el hecho artístico”, enfatizó Katzowicz al ponderar las redes de contención autogestivas.
El valor de la resistencia autogestiva
Al abordar la conflictiva relación actual entre el Gobierno nacional y los sectores de la cultura, los trabajadores y los jubilados, la directora no esquivó la gravedad de la situación: “Históricamente fue difícil ser artista en este país, pero ahora estamos muchísimo peor. Es un verdadero desastre y un vaciamiento lo que estamos viviendo en todas las áreas. Quieren que estemos encerrados con el celular, aislados, sin salir a la calle, sin crear y sin encontrarnos”.
Ante este escenario, convocó a sostener la actividad como un acto de trinchera colectiva: “Tenemos que contrarrestar eso. Somos una fuerza arrolladora enorme y no tenemos que dejar que nos avasallen ni que nos generen miedo. Tenemos que seguir creando como sea”.
En coyunturas de crisis socioeconómica e institucional, los espacios culturales autogestivos e independientes, como Planta Inclán, emergen como refugios indispensables para la memoria social y el lazo comunitario.
No son únicamente salas de exhibición; funcionan como laboratorios de pensamiento crítico y redes de subsistencia laboral para trabajadores técnicos y creativos que quedan al margen de las industrias comerciales protegidas.
Al descentralizar la cultura y ofrecer programas inclusivos —como el plan comunal de Planta Inclán que brinda descuentos específicos a los vecinos de Parque Patricios, San Cristóbal y Boedo—, demuestran que el acceso al arte es un derecho territorial y no un privilegio de mercado.
Defender la permanencia de estas plataformas independientes es, fundamentalmente, defender la posibilidad de pensarnos por fuera de las lógicas del aislamiento individualista. Cuando los canales oficiales se repliegan y la hostilidad discursiva intenta paralizar la actividad, la autogestión responde multiplicando cuerpos, sonidos y encuentros.
Mantener vivas estas salas es garantizar que, aun en los peores contextos, las comunidades sigan teniendo un espacio físico donde mirarse a los ojos, conmoverse y seguir construyendo colectivamente.

Ficha de Funciones:
Obra: Todo suena falso
Fechas: Domingos 4, 11 y 18 de octubre a las 20:00 hs
Lugar: Planta Inclán (Inclán 2661, Parque Patricios, CABA)
Entradas y Beneficios: Disponibles a través de la web oficial de Planta Inclán, con un 30% de descuento para residentes de la zona sur mediante el programa Comuna Planta.
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