Canto, hogar y esperanza: La emotiva presentación del primer disco solista de Anabel Urdaniz en la Facultad de Artes de la UNLP

 

En una noche cargada de intimidad, compromiso y memoria, la cantora bonaerense presentó su primer trabajo discográfico en el Auditorio de la Facultad de Artes de la UNLP. Con invitados de lujo como Micaela Vita, un escenario transformado en hogar y una profunda mirada puesta en las niñeces y la soberanía, la velada fue una verdadera celebración de la construcción colectiva.

Anabel Urdaniz presentó su primer disco solista, titulado Festejo, el instante en el que elegimos la esperanza, en el emblemático Auditorio de la Facultad de Artes de la UNLP. La noche estuvo atravesada por una profunda emotividad, la calidez del hogar, el aprendizaje compartido y un fuerte compromiso colectivo. Hace unos meses, en una entrevista exclusiva para el portal Las Brujas que Salem, la cantora ya anticipaba el deseo de generar un arte transformador que sume desde lo colectivo. Ayer, esa premisa se volvió realidad en una velada inolvidable.

La antesala: Feria, mística y comunidad

Desde antes del inicio del show, la atmósfera ya anticipaba la intimidad del encuentro. El público pudo disfrutar de una feria autogestiva con remeras y cerámicas intervenidas con frases de la gran Eladia Blázquez, consignas amorosas, vino y saladitos que circulaban de mano en mano, preparando el clima para una noche de celebración compartida.

Un escenario convertido en casa

La puesta en escena simulaba la intimidad de un hogar, adornada con banderines de colores y luces en una producción total y absolutamente autogestiva. Los músicos —entre quienes figuran talentos como Tamara Meschller, Juan Carlos Marín y Vilma Wagner, bajo la dirección de Pablo Vignati— iban y venían por el espacio con total confianza, como invitados que entran y salen de una casa.

La propuesta visual y musical incluyó bailarinas y percusionistas con tambores que ingresaban por los pasillos al ritmo de cuecas, gatos, chayas y zambas. Como apoyatura visual, fotos de sus abuelas decoraban la escena. Fue un homenaje sumamente conmovedor, especialmente dedicado a una de ellas, quien partió de este plano hace apenas 15 días, recordándonos cómo nos constituyen y habitan nuestros ancestros. Además, en la interactividad del show, entre los asistentes comenzaron a circular pequeñas cartulinas con preguntas sensibles y profundas sobre la naturaleza, las semillas y el propio ser, empujando a los presentes a conectar de lleno con sus sentimientos mientras la música llenaba el auditorio.

Los momentos culminantes de la noche

El repertorio del disco está compuesto por once canciones y un relato. Aunque repasa obras clásicas del cancionero popular latinoamericano, cobran una nueva sustancia bajo el concepto común de la obra.

El folklore como herencia: Uno de los instantes más emotivos sucedió cuando Anabel invitó al escenario a su padre para cantar a dúo Puerto Santa Cruz. Al presentarlo, expresó conmovida: «El recital tiene mucho de su vida, canciones que canto hace mucho tiempo. Por eso quiero invitar a cantar a la persona que me inculcó el folklore. Uno vuelve siempre a esas canciones donde amó la vida, y él es la persona que siempre me hizo escuchar folklore».

 

Maestra, colega y ovación: Uno de los cruces más celebrados de la noche fue la aparición de Micaela Vita, la enorme cantora y referente de la música popular de nuestro pueblo, voz del grupo Duratierra. Anabel la presentó recordando que hace dos años comenzó un curso con ella en el que aprendió muchísimo. Con una humildad gigante para acompañarla, Micaela subió a cantar Trinchera a dúo, generando que el público estallara en aplausos ante semejante encuentro.

El paisaje y el río: Las raíces de Anabel, oriunda de Coronel Belgrano, tiñeron la noche. Se proyectaron e interpretaron declaraciones pegadas sobre lo que significa el río para cada uno de los artistas, un paisaje que la acompaña siempre en sus decisiones estéticas

«Triunfo para intentar»: Al cantar la única composición de su autoría (nacida en el taller de José Luis Aguirre), Anabel explicó que, a diferencia de los triunfos bonaerenses tradicionales que suelen ser imperativos o sentenciosos, este es un triunfo que se pregunta más de lo que afirma, apostando por lo diverso, lo distinto y por rescatar gestos de profunda humanidad.

Soberanía y ovación: El clímax político y social de la velada llegó con la interpretación de Cuando tenga la tierra. En los contextos actuales, donde todavía hace falta explicar la urgencia de ser soberanos de nuestros territorios, la fuerza de su voz y sus palabras generaron un aplauso cerrado y unánime que hizo vibrar el auditorio.

La esperanza puesta en el futuro

Un hilo conductor fundamental del concierto fue la resignificación de la palabra esperanza. En todo momento, tanto Anabel como algunos de los músicos presentes, pusieron especialmente en valor la importancia de escuchar a nuestras niñeces y adolescencias. Esta postura no es casual: la cantora trabaja diariamente junto a ellas desde su rol en el Estado provincial, y ese compromiso social se tradujo en el escenario como una bandera política y pedagógica indispensable para los tiempos que corren.

El gran festejo colectivo

Para la última canción, el escenario se desbordó de amor y comunidad. Anabel invitó a subir a todas las personas que formaron parte de este proceso, comenzando por su hermana, Florencia Urdaniz, a quien describió no solo como un pilar amoroso profundo sino también profesional, dedicándole un sentido «la amo profundamente».

A ella se le sumaron amigos, parientes, músicos e invitados especiales. El escenario se llenó por completo de gente, abrazos y canto compartido, coronando un verdadero Festejo que demostró que la música, la militancia colectiva y el cuidado de las nuevas generaciones tienen una potencia increíble para transformar la realidad.

 

¿Qué canta una cantora cuando canta?

Las decisiones musicales de Anabel Urdaniz reflejan una total coherencia con sus convicciones y sus banderas. Al interpretar Mirando al Sur, el único tango de la noche, la cantora no solo evocó la poética de Eladia Blázquez, sino que expuso una profunda reflexión sobre las desigualdades que atraviesan quienes habitan el Sur y la necesidad urgente de transformar esa realidad. Así, su canto se plantó como un acto de resistencia geopolítico y cultural, reafirmando su propia identidad bonaerense y su arraigo.

Esa misma línea ética y estética brilló con fuerza desbordante cuando llegó el momento de Cuando tenga la tierra. En su voz, la parte recitada de la mítica obra de Toro y Petrocelli resonó en el auditorio como un manifiesto y una promesa indispensable para los tiempos actuales:

«Campesino, cuando tenga la tierra / sucederá en el mundo el corazón de mi mundo / desde atrás, de todo el olvido…»

Al cantar estas palabras, Anabel se sigue consolidando sobre el escenario como una artista fiel a sus principios, una tejedora de memorias colectivas que entiende que la canción no es un mero adorno, sino una trinchera de humanidad y un territorio soberano.

 

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