
Finalmente se hizo justicia, aunque llegó con una demora ensordecedora.
Tras 13 años, 9 meses y 26 días de una detención injusta, Paola Ortiz recuperó su libertad en la provincia de Córdoba.
El Tribunal Superior de Justicia provincial revocó de forma unánime la condena a prisión perpetua que pesaba sobre ella, un fallo original dictado en 2015 que criminalizó una evidente emergencia obstétrica sufrida en condiciones de absoluta precariedad, violencia y soledad.
La libertad de Paola no es un gesto de benevolencia institucional; es el resultado directo de un histórico, incansable y amoroso acompañamiento colectivo. Desde las abogadas defensoras y activistas de Católicas por el Derecho a Decidir, hasta organizaciones como el CELS y ELA, el movimiento feminista y de derechos humanos no la dejó sola.
Fue esa red la que visibilizó las profundas fallas de un sistema judicial que decide castigar la vulnerabilidad en lugar de protegerla.
El caso de Paola desnudó, una vez más, los sesgos de una justicia lenta e injusta, carente de perspectiva de género, que prefirió condenar a una mujer a perpetua antes que analizar el contexto de violencia y desamparo en el que se desencadenó su pérdida.
Casi catorce años debieron pasar para que el máximo tribunal cordobés reconociera lo obvio: que juzgar el dolor y las urgencias de salud reproductiva desde el prejuicio destruye vidas. Hoy, Paola vuelve a respirar el aire de la libertad, cobijada por los abrazos de quienes sostuvieron su bandera en cada marcha y en cada presentación judicial.
Esta victoria, inmensa y reparadora, cobra un sentido aún más profundo de cara a la agenda que se viene. Paola está libre y, en un giro poético de la historia, va a poder estar presente en el próximo Encuentro que se realizará en su propia provincia. Córdoba se prepara para recibir a miles de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries, y el reencuentro con Paola en su territorio será, sin dudas, el corazón latente de esas jornadas. Su presencia física en los talleres, en las plazas y en la gran marcha no solo será un acto de profunda sanación colectiva, sino también el recordatorio más vivo de que la organización y el acompañamiento salvan vidas. ¡Celebras tu libertad, Paola! El Encuentro te espera con los brazos abiertos.









