El debate cultural y geopolítico se trasladó con fuerza al plano literario hispanohablante. A pocos días del comienzo de la segunda edición del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades (CULTUR-ALH) en la ciudad de Granada, España, la grilla oficial sufrió una modificación drástica: la escritora argentina Ariana Harwicz fue desprogramada del panel titulado «Oponerse al mundo». La decisión de la organización respondió a las solicitudes formales de la Red Universitaria por Palestina y diversos clubes de lectura locales. Estas agrupaciones cuestionaron las posturas públicas de la autora contrarias a las sanciones y boicots culturales frente al conflicto de Medio Oriente.
Mientras Harwicz calificó el episodio como un eufemismo que esconde «discriminación», la organización —co-dirigida por Ana Gallego Cuiñas y Patricia Escalona— argumentó que la medida se fundamenta en «los compromisos institucionales de la Universidad de Granada respecto a Palestina y los derechos humanos», institución que mantiene suspendidos sus convenios con entidades académicas de Israel.
Frente al revuelo internacional, un sólido bloque de las más importantes escritoras, pensadoras y filósofas invitadas al evento decidió romper el silencio corporativo. A través de un manifiesto colectivo firmado por figuras de la talla de Rita Segato, Silvia Federici, María Fernanda Ampuero, Gabriela Cabezón Cámara, Lina Meruane y Gabriela Wiener, las intelectuales fijaron una postura clara. Desde Las Brujas que Salem, portal de comunicación con raíz e identidad feminista, adherimos plenamente a la mirada ética, colectiva y decolonial expuesta por nuestras compañeras escritoras. La cultura no es, ni debe ser, un territorio neutral ante la violación sistemática de los derechos humanos.
A continuación, transcribimos de manera completa el documento emitido y firmado por las autoras:
Manifiesto de las escritoras e intelectuales invitadas al Festival CULTUR-ALH
LA CULTURA NO ES NEUTRAL ANTE EL DOLOR DEL MUNDO
Quienes firmamos este documento, convocadas a participar en las distintas actividades, paneles y homenajes del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades (CULTUR-ALH) de Granada, nos vemos en la necesidad ética de expresar nuestra posición pública ante las recientes modificaciones del programa y los debates que han alcanzado estado público.
Entendemos y defendemos que los festivales literarios, las universidades y los espacios de pensamiento crítico son, por definición, plurales y abiertos a la discrepancia de ideas. Sin embargo, la pluralidad no puede ser utilizada como una coartada discursiva para validar la indiferencia o la neutralidad frente a crímenes internacionales y violaciones sistemáticas al Derecho Internacional Humanitario vigentes.
En un contexto global lacerado por la violencia colonial, el arte y las humanidades pierden su sentido fundamental si se aíslan de las responsabilidades políticas e institucionales. Es por ello que respaldamos decididamente el derecho y la coherencia de la Red Universitaria por Palestina de Granada, así como los compromisos públicos y democráticos que el Consejo de Gobierno local sostiene desde 2024 para suspender colaboraciones e impedir que los espacios académicos y culturales se conviertan en plataformas que, directa o indirectamente, atenúen el boicot legítimo frente a las políticas de opresión en Gaza.
Rechazamos las acusaciones que pretenden equiparar la reestructuración de una grilla organizativa con una persecución ideológica individual, discriminación por origen o censura de carácter personal. No se ha silenciado una voz; se ha ejercido un acto de concordancia con la ética comunitaria del territorio que nos aloja. El debate literario necesita de la calle, de la paz social y, fundamentalmente, de un marco común de respeto a la dignidad humana. No hay creación posible allí donde las instituciones se ven empujadas a ignorar las demandas de justicia de sus propias comunidades.
Nos solidarizamos con las directoras y trabajadoras del festival, quienes han priorizado la seguridad colectiva y la fidelidad a los principios de derechos humanos que fundan la universidad pública. Nuestra presencia en Granada y nuestra participación en los homenajes previstos —incluyendo la memoria de las vanguardias hispanoamericanas— sigue firmemente comprometida con una literatura que no mira hacia el costado cuando el mundo duele.
Firmantes: Rita Segato, Silvia Federici, María Fernanda Ampuero, Gabriela Cabezón Cámara, Lina Meruane, Gabriela Wiener, Brenda Navarro, Victoria Szpunberg.
El compromiso de ponerle cuerpo a las ideas
La solidez teórica de la antropóloga argentina Rita Segato enseña que las violencias del mundo no son abstractas, sino que se inscriben en cuerpos y territorios reales. Del mismo modo, el feminismo que practicamos entiende que no existe la «torre de marfil» de la literatura: todo acto de escritura es político.
El planteo de Harwicz de denunciar una supuesta «purga» omite deliberadamente la asimetría del conflicto y el dolor del pueblo palestino. El boicot cultural es una herramienta histórica y legítima de los pueblos para presionar contra los abusos estatales de poder.
Las directoras del Festival CULTUR-ALH, respaldadas por el manifiesto de Segato y Federici, no aplicaron censura: actuaron en coherencia con una comunidad universitaria que exige el cese del fuego y el respeto a la vida. El feminismo será decolonial e internacionalista, o no será.







