La justicia de la impunidad: los jueces Hornos y Carbajo otorgaron la libertad condicional al sádico represor Eduardo Ruffo

Eduardo Alfredo Ruffo, ex agente de la SIDE y pieza clave del centro clandestino "Automotores Orletti", fue beneficiado con la libertad condicional por los jueces Hornos y Carbajo, pese a estar condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. (Foto: Archivo de los Juicios de Lesa Humanidad

En un fallo que atropella la memoria, la verdad y el dolor de las víctimas, la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal confirmó la libertad condicional para Eduardo Alfredo Ruffo. Con los votos de los jueces Gustavo Hornos y Javier Carbajo, el máximo tribunal penal del país convalidó la liberación de uno de los rostros más crueles de la última dictadura cívico-militar, ignorando de forma deliberada el rechazo unánime de los sobrevivientes y los alarmantes informes psicológicos que demuestran que el represor no se arrepiente de sus crímenes sanguinarios.

La resolución se tomó por mayoría, con la única disidencia del juez Mariano Borinsky, quien consideró que la liberación carecía de fundamentación.

Para Hornos y Carbajo, la voz de quienes padecieron el horror de Ruffo “no es vinculante”. Los magistrados priorizaron tecnicismos legales y la avanzada edad del genocida por sobre el derecho internacional, firmando un fallo que abre las puertas de la prisión a un hombre que caminó los pasillos del terror con total impunidad.

 

¿Quién es Eduardo Ruffo? El prontuario de un monstruo de la SIDE

Eduardo Alfredo Ruffo, alias «El Gordo», no fue un burócrata de la dictadura; fue un ejecutor directo, un torturador y un entregador que operó bajo la órbita de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y la temible Triple A. Su base de operaciones principal fue “Automotores Orletti”, el centro clandestino de detención que funcionó en el barrio porteño de Floresta y que sirvió como epicentro del criminal Plan Cóndor en Argentina.

En Orletti, Ruffo era el encargado de aplicar los tormentos más sádicos a ciudadanos argentinos, uruguayos, chilenos y cubanos. Sobrevivientes lo recuerdan coordinando fusilamientos, golpizas feroces y extorsionando a las familias de los secuestrados para robarles sus bienes materiales antes de desaparecerlos.

Ruffo cuenta en su haber con una condena a prisión perpetua ratificada en 2020, que se sumó a sus condenas previas por privación ilegítima de la libertad, aplicación de torturas y homicidios calificados.

El secuestro y la «apropiación» de Carla Rutila Artés

El nivel de perversión de Ruffo quedó sellado para siempre en la historia argentina con el caso de Carla Rutila Artés, una de las primeras nietas recuperadas por las Abuelas de Plaza de Mayo.

En 1976, Carla tenía apenas diez meses de vida cuando fue secuestrada en Bolivia junto a su madre, Graciela Rutila Artés. Ambas fueron trasladadas ilegalmente a «Automotores Orletti».

Mientras Graciela fue asesinada y permanece desaparecida, Ruffo decidió apropiarse de la bebé. La anotó como hija propia mediante documentos falsos y la crió en un entorno de violencia extrema, amenazas y abusos psicológicos. Carla recuperó su verdadera identidad en 1985 gracias a la incansable búsqueda de su abuela, Matilde Artés Formaro, desarmando la mentira del monstruo que la retenía.

Cero arrepentimiento y una burla final

Lo que vuelve aún más escandaloso el beneficio otorgado por los jueces Hornos y Carbajo es el desprecio absoluto que Ruffo mantiene hacia sus actos.

Durante las evaluaciones periciales para este pedido de libertad condicional, los especialistas de la Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal dejaron asentado textualmente que Ruffo justifica su accionar amparándose en el contexto de los años 70 y que no siente ningún tipo de remordimiento por haberle robado la identidad a Carla Artés. Por el contrario, el represor llegó a declarar ante los peritos que, al apropiársela, “le había salvado la vida”.

Pese a esta muestra explícita de cinismo y a los pactos de silencio que los genocidas sostienen para no decir dónde están los cuerpos de los desaparecidos ni los nietos que faltan encontrar, la justicia argentina decidió que Ruffo camine libre por las calles del barrio porteño de Belgrano. Una provocación abierta que los organismos de Derechos Humanos ya han repudiado y que marca un peligroso retroceso en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia.

 

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