La impunidad del micrófono: El show de Pergolini y Massaccesi para «humanizar» al genocida Videla

La banalidad del mal y el pacto de caballeros en el prime time. En una reciente emisión del programa Otro día perdido, el conductor Mario Pergolini recibió en su estudio al periodista Mario Massaccesi.

Lo que pretendía ser una entrevista más en la grilla de streaming se convirtió rápidamente en un espectáculo dantesco de complicidad machista y negacionista.

Sin un solo freno de mano, sin una repregunta que pusiera orden y con la liviandad de quien habla del clima, dos varones con un enorme alcance mediático se sentaron a teorizar sobre el “costado humano” del mayor dictador y asesino de la historia argentina: Jorge Rafael Videla.

Massaccesi aprovechó el espacio para anunciar con total soltura que prepara un documental centrado en la vida íntima del dictador.

Las redes estallaron en un repudio absoluto, y no es para menos. A casi 50 años del golpe de Estado de 1976, que dejó la herida abierta de 30.000 desaparecidos, torturas sistemáticas, centros clandestinos de detención y la apropiación ilegal de cientos de bebés, el streaming elige abrir sus puertas para limpiar la imagen de los monstruos.

La falacia de la amabilidad: Las monjas francesas que cuidaron a su hijo y terminaron en el mar

Se intentó construir una narrativa que destaca una supuesta «amabilidad» de Videla en su ámbito privado.

Sin embargo, la historia expone la profunda contradicción de estos intentos de humanización: en los años 50, las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet cuidaron y catequizaron a Alejandro, el hijo de Videla con discapacidad severa, a quien su familia mantuvo oculto.

A pesar de esta entrega, en diciembre de 1977, las hermanas fueron secuestradas por un grupo de tareas de la ESMA y arrojadas vivas al mar en los «vuelos de la muerte» por su apoyo a las Madres de Plaza de Mayo, sin que Videla interviniera.

 

El pacto de silencio de dos varones frente al micrófono

La falta de cuestionamiento por parte de Mario Pergolini ante estos relatos constituye un aval a la banalización de los crímenes de lesa humanidad. Es imperdonable esta tentativa de maquillar el perfil de un dictador mediante anécdotas domésticas, faltando el respeto a la memoria colectiva y al Nunca Más.

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