Gabriela Patricia Martínez tenía 39 años y fue asfixiada en una vivienda de Barrio Hipódromo. El femicida, José Martín Burgos (48), planificó su huida para dejar a la hija de ambos en Jujuy y regresó tres días después para simular un quiebre ante la policía. Una muestra brutal del sentido de posesión y la impunidad machista.
Un nuevo y desgarrador crimen machista sacude las calles de nuestra ciudad, exponiendo una vez más la urgencia de desarmar las lógicas de dominación y violencia patriarcal. Gabriela Patricia Martínez, de 39 años, fue asesinada en la vivienda que alquilaba recientemente junto a su pareja en el Barrio Hipódromo. El autor confeso del crimen, José Martín Burgos, de 48 años, evidenció tras el hecho una frialdad extrema: convivió con el cuerpo de la víctima durante tres días antes de acudir a la policía. En el intervalo, organizó una fuga de miles de kilómetros para desprenderse de las responsabilidades inmediatas y asegurar su impunidad temporal.
El horror comenzó a salir a la luz el jueves por la tarde, cuando Burgos se presentó de forma espontánea en la Comisaría Segunda de La Plata (38 entre 8 y 9) con una frase que los medios tradicionales suelen catalogar como un «quiebre»: «Vengo a entregarme, maté a mi mujer». A partir de esta confesión, móviles policiales y peritos de la Policía Científica se desplazaron de inmediato hacia la casa ubicada en calle 39 entre 121 y 122. Al ingresar a la propiedad, confirmaron el hallazgo del cuerpo sin vida de Gabriela, el cual presentaba signos explícitos y compatibles con una asfixia mecánica.
La ruta de la impunidad y el descarte
La reconstrucción judicial, coordinada por la fiscal Eugenia Di Lorenzo al frente de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N.º 17, expone una metodología criminal calculada. Según los datos aportados por la propia declaración del imputado y los peritajes forenses preliminares, el femicidio se perpetró el pasado lunes 12 de octubre, presumiblemente mediante un estrangulamiento en el sector de la escalera de la vivienda.
Tras cometer el asesinato, el agresor no buscó asistencia médica ni auxilio inmediato para Gabriela. Por el contrario, dejó el cuerpo en el lugar e inició un raid terrestre hacia la provincia de Jujuy. ¿El objetivo? Entregar a la hija que tenían en común —una pequeña de apenas un año y medio— al cuidado de su hermana en el norte del país, asegurando una vía de escape para el cuidado de la menor antes de verse cercado por las autoridades. Una vez completado este traslado, verificado telefónicamente por la Justicia, Burgos emprendió el regreso a la capital bonaerense para consumar su entrega.
El dolor de las redes que sostienen
Quienes habitan la cuadra de la calle 39 describieron las horas posteriores al hallazgo como un escenario de profunda desolación. La pareja se había mudado al barrio hacía escasos cuatro meses y mantenía un perfil bajo, una característica recurrente en contextos donde el agresor busca aislar de manera progresiva a su víctima. Entrada la noche del jueves, las inmediaciones de la vivienda se llenaron de dolor tras el arribo de la madre y los familiares directos de Gabriela, cuyos llantos desgarradores exigían justicia frente a las cintas de preservación policial.
Otro detalle doloroso que expone el desamparo absoluto tras un femicidio fue reflejado por cronistas locales: Gabriela amaba profundamente a los animales y cuidaba de ocho perros en su hogar. Tras su muerte y la huida de Burgos, los animales quedaron solos dentro de la propiedad enrejada, convirtiéndose en otra de las tantas alarmas silenciosas que los vecinos detectaron de forma tardía.
Lo ocurrido en Barrio Hipódromo no responde a un rapto de locura; la convivencia con el cadáver, el abandono de los animales y el viaje planificado de ida y vuelta a Jujuy demuestran la plena conciencia del dominio ejercido sobre la vida y el cuerpo de Gabriela.
La causa permanece correctamente caratulada como femicidio, un delito que prevé la pena de prisión perpetua. Mientras la fiscalía avanza en determinar si existían denuncias previas en otras jurisdicciones o situaciones previas de violencia familiar crónica, las barriadas de La Plata vuelven a exigir de manera colectiva políticas públicas efectivas de prevención, refugio y acompañamiento integral. A Gabriela la mató el machismo; al silencio lo combatimos comunicando con memoria y perspectiva feminista.
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