Mientras el Gobierno nacional avanza con el desmantelamiento definitivo de la institucionalidad de género, el cierre de ministerios y la eliminación total de los programas de asistencia y prevención, un brutal informe federal de MuMaLá e ISEPCi pone datos materiales a ese desamparo.
La feminización de la pobreza no es una consecuencia accidental, sino el resultado directo de un programa de ajuste que destruye los mecanismos de protección estatal, hambrea los hogares y precariza las vidas de mujeres y disidencias.
El Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de MuMaLá, en un trabajo conjunto con el ISEPCi, presentó un alarmante informe federal que expone la radiografía de la crisis económica actual.
A través de 1.538 encuestas realizadas en todo el país, el relevamiento confirma la profunda feminización de la pobreza y un drástico deterioro en la calidad de vida de mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, travestis, trans, intersex y personas no binarias.
El programa económico implementado por el Gobierno nacional funciona como el brazo material de una violencia simbólica que promueve discursos de odio y el negacionismo de género.
Los datos estadísticos reflejan una realidad donde las necesidades básicas se han transformado en privilegios inalcanzables.
Ajustadas y hambreadas: La urgencia alimentaria
La inflación y la pérdida del poder adquisitivo impactan de forma directa en la mesa cotidiana. El acceso a alimentos de calidad y a la salud se encuentra fuertemente restringido por los costos del mercado:
- 90% recortó las compras diarias destinadas al hogar.
- 69% no logra cubrir o casi nunca llega a fin de mes con sus gastos básicos.
- 62% percibe precios excesivos en los alimentos esenciales.
- 53% registra valores desproporcionados en el acceso a medicamentos.
- 52% debió recortar directamente la compra de comida.
- 65% redujo la cantidad y la calidad de los nutrientes diarios.
- 65% dejó de comprar carne por falta de presupuesto.
- 35% abandonó la compra de lácteos.
- 29% ya no puede adquirir frutas y verduras.
- 42% de los hogares reporta que al menos un integrante debió saltear una comida diaria.
Pluriempleo e informalidad: La supervivencia precarizada
Frente a la destrucción de puestos laborales, las mujeres y diversidades recurren a múltiples estrategias de autoempleo informal, como las ventas en ferias, elaboración de comidas, servicios de limpieza, estética o tareas de cuidado:
- 55% de las personas encuestadas se encuentra actualmente desempleada.
- 38% cuenta únicamente con un empleo informal y sin derechos laborales.
- 25% perdió su principal fuente de trabajo durante los últimos seis meses.
- 29% se ve obligada a sostener más de un empleo en simultáneo.
- 56% debió sumar nuevas actividades económicas recientemente para subsistir.
El endeudamiento como única estrategia de subsistencia
A contramano de la narrativa oficial que minimiza la problemática financiera individual, el informe demuestra que el financiamiento no se utiliza para consumos suntuarios, sino para garantizar la supervivencia del día a día:
- 63% de la población encuestada se encuentra endeudada.
- 59% mantiene compromisos financieros con distintas fuentes en simultáneo, utilizando nuevos préstamos para saldar deudas previas o adquirir alimentos corrientes.
Salud mental en alerta roja
Las exigencias materiales y la incertidumbre económica constante impactan de manera directa en la salud física y psicológica de los sectores vulnerados:
- 83% sufre de trastornos del descanso o alteraciones del sueño por la preocupación financiera.
- 81% expresa padecer desbordes emocionales de forma regular.
- 86% experimenta síntomas físicos asociados al estrés crónico, tales como cefaleas, tensión muscular severa e insomnio.
El informe se constituye como una herramienta de visibilización y denuncia colectiva frente a un modelo que precariza las condiciones de vida institucionales. Desde las organizaciones sociales reafirman una consigna clara ante la ausencia de contención pública: El Estado es responsable.










