El observatorio Mumalá presentó un informe con cifras desgarradoras: 3.096 femicidios desde 2015.
En lo que va de 2026 ya se registran 105 crímenes.
En diálogo con Las Brujas que Salem, la referente Maia Luna analizó la desprotección estatal, el polémico proyecto de falsas denuncias y la urgente necesidad de que los varones rompan la complicidad machista.
En un nuevo 3 de junio, las calles de todo el país volvieron a crujir bajo el grito de ¡Ni una menos por el ajuste! y ¡Ni una menos por la violencia machista!.
La movilización de este año no solo cargó con el dolor de las ausencias, sino con la certeza técnica de un Estado en retirada.
El último informe especial del observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de Mumalá aportó una cifra escalofriante: 3.096 femicidios fueron cometidos en la Argentina desde el 3 de junio de 2015 hasta el 30 de mayo de 2026.
En lo que va de este año, el Registro Nacional de Mumalá ya contabiliza 105 femicidios —lo que equivale a una muerte violenta cada 35 horas— y 420 intentos de femicidio.
Detrás de estos números se encuentran los nombres de Agostina en Córdoba y de Dulce María en Misiones, casos que reavivaron la indignación social por la inacción judicial y los discursos oficiales que validan la crueldad.
El laberinto judicial y la desprotección
Uno de los datos más alarmantes del informe es el desplome en los índices de denuncia. Solo el 9% de las víctimas de femicidio de este año había denunciado a su agresor previamente, frente a un promedio histórico del 17% en la última década.
Para Maia Luna, activista y referente, la lectura de este piso histórico es clara: «Registramos el piso más bajo en la provincia de Buenos Aires, y eso que nosotros, cuando queremos decir algo, queremos decir todo, es la única provincia que ha podido sostener el Ministerio de las Mujeres y las Diversidades, el resto de las provincias ni siquiera cuentan con esa herramienta, pero efectivamente lo que está pasando es que las mujeres no es que se sienten menos agredidas o que haya menos violencia machista, sino que no se sienten acompañadas por el Estado».
La desconfianza en las instituciones se vuelve trágica cuando se analiza el destino de quienes sí se acercan a pedir ayuda: el 75% de las mujeres que denunciaron este año y fueron asesinadas tenían una orden de restricción o perimetral activa.
A esto se suma que el 10% de los femicidios de 2026 fueron cometidos por reincidentes con antecedentes penales por violencia de género.
Ante este panorama donde fallan de manera simultánea el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, la desprotección se vuelve total.
«lo que está pasando es que las mujeres no es que se sienten menos agredidas o que haya menos violencia machista, sino que no se sienten acompañadas por el Estado».
Al respecto, Luna coincidió y profundizó sobre el rol de las esferas del poder: «Y ahí decimos, un presidente, un ejecutivo, que directamente dice que lo exceden las mujeres, que no existen los femicidios. Un poder legislativo con este tipo de proyectos. Un poder judicial que no logra que se cumplan las perimetrales».
El caso de Agostina, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba tras pasar diez días desaparecida, ilustra de forma brutal esta violencia institucional. La dilación en activar los protocolos de búsqueda fue coronada por declaraciones revictimizantes de las autoridades. «Creo que lo que pasó en Córdoba es una clara demostración con el fiscal diciendo que felicitaba al perro que encontró el cuerpo de Agostina después de 10 días desaparecida, cuando ni siquiera habían activado a tiempo el protocolo que correspondía. Esa tomada de pelo es evidente en toda nuestra justicia», denunció Luna.
Avanzar desde el feminismo contra el retroceso estatal
El contraste entre el crecimiento de los movimientos transfeministas y la respuesta gubernamental es una de las mayores encrucijadas de este aniversario.
«El femicidio de Chiara Páez, de 14 años, en Santa Fe nos convocó al primer Ni Una Menos; hoy estamos peor», había advertido Victoria Aguirre, vocera nacional de Mumalá.
En la misma sintonía, Maia Luna repasó el camino recorrido y alertó sobre el escenario político: «Los casos vienen creciendo. Imagínate que desde el 2011, que fue el primer grito masivo del ni una menos con el caso de Chiara, que tenía 14 años, igual que Agostina, a hoy, hemos podido dar un montón de pasos desde los movimientos feministas. Sin embargo, el Estado todo el tiempo está queriendo retroceder y en este momento es muy visible con todo eso».
Asimismo, desarmó los discursos negacionistas que intentan ridiculizar o despolitizar el reclamo:
«Contamos 3.096 muertas desde ese momento ahora. Efectivamente nos muere una mujer cada día. Y eso es por violencia machista. No ocurre al revés. No es cierto que las mujeres estemos discutiendo contra varones solamente porque tenemos ganas. Hay una cuestión de injusticia social que debe reclamarse y bueno, estamos por eso hoy en las calles«.
La complicidad de los sectores de poder también aparece bajo la lupa al analizar las iniciativas legislativas vigentes que buscan penalizar las llamadas «falsas denuncias». Según la referente, estas medidas no son aisladas, sino que en este contexto resultan gravísimas porque «esconden detrás a la red de trata que se pretende dejar impune con un montón de personajes del poder que están en connivencia con eso».
Una exigencia al género masculino: incomodarse y romper el pacto

Frente a un escenario donde las herramientas estatales son casi inexistentes, la discusión pública comenzó a girar hacia la responsabilidad de los varones y la necesidad de que abandonen el rol de espectadores.
En los últimos días, las interpelaciones en redes y plataformas de streaming marcaron un punto de inflexión.» Esto no es solamente una batalla cultural que tengamos que dar nosotras solas. Y yo creo que en parte que en estos últimos días hayan salido varios varones o referentes de espacios a decir ‘che, tenemos que incomodarnos, por lo menos tenemos que preguntarlo’, por lo menos tenemos que salir a decir que esto no es algo de las mujeres o estar pasando historias de fútbol mientras sucede lo que sucede, tiene que ver también con que fue una exigencia nuestra en definitiva», explicó Luna.
«Esto no es solamente una batalla cultural que tengamos que dar nosotras solas. Y yo creo que en parte que en estos últimos días hayan salido varios varones o referentes de espacios a decir ‘che, tenemos que incomodarnos, por lo menos tenemos que preguntarlo’, por lo menos tenemos que salir a decir que esto no es algo de las mujeres o estar pasando historias de fútbol mientras sucede lo que sucede, tiene que ver también con que fue una exigencia nuestra en definitiva»
La activista remarcó que esta reacción no fue espontánea, sino el resultado de la insistencia colectiva: «Estuvimos durante cuatro días seguidos diciendo ‘che, está todo bien, pero ¿y ustedes qué parte de esto no se entiende que los tiene como protagonistas y no por ser los héroes sino no justamente por ser el problema?'». En ese sentido, recuperó una premisa que sintetiza el carácter estructural de los agresores: «Obviamente, como dicen estos últimos días varios audios, no son todos los hombres, pero siempre es un varón».
Finalmente, Luna derribó el mito del «monstruo» o el «loco» para ubicar la violencia en las conductas cotidianas de los entornos afectivos y familiares, conectando el femicidio con otras violencias como el abandono económico.
«Esto no es solamente una batalla cultural que tengamos que dar nosotras solas. Y yo creo que en parte que en estos últimos días hayan salido varios varones o referentes de espacios a decir ‘che, tenemos que incomodarnos, por lo menos tenemos que preguntarlo’, por lo menos tenemos que salir a decir que esto no es algo de las mujeres o estar pasando historias de fútbol mientras sucede lo que sucede, tiene que ver también con que fue una exigencia nuestra en definitiva»
A 11 años del hito que cambió la historia geopolítica del feminismo en la región, la conclusión de las organizaciones es unánime: la erradicación de los femicidios exige un compromiso presupuestario real, una reforma judicial transfeminista y, de manera urgente, que los varones asuman la parte que les corresponde:
«Es hora de que se empiecen a incomodar y se junten, se junten a ver qué se hace con esto y cuál es la parte que les corresponde, sobre todo aquellos que tienen más sensibilidad».










