La decadencia planificada: Argentina registró la peor caída de América Latina en el prestigioso ranking universitario QS tras el ajuste presupuestario del gobierno de Javier Milei.
Con 17 instituciones en retroceso, la crisis se profundiza con salarios docentes bajo la línea de pobreza, el éxodo de investigadores hacia la educación media y una creciente deserción estudiantil empujada por el hambre y la recesión.
La destrucción sistemática del sistema educativo argentino por parte del gobierno de Javier Milei comenzó a registrar sus primeras marcas indelebles en las mediciones internacionales. El periodista Ricardo Braginski expuso en una reciente publicación los resultados de la última edición del prestigioso ranking latinoamericano de la consultora británica Quacquarelli Symonds (QS), donde Argentina se consolidó como el país de la región que sufrió la mayor tasa de descenso neto. De las 46 instituciones nacionales evaluadas en el informe, un total de 17 universidades se desplomaron en sus posiciones.
Aunque la Universidad de Buenos Aires (UBA) logró amortiguar el impacto conservando el décimo puesto regional, el derrumbe generalizado del resto de las casas de estudio —como la Universidad Torcuato Di Tella, la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad Nacional de Cuyo— encendió alarmas urgentes. La propia consultora QS vinculó de forma directa este declive con el impacto de las continuas restricciones financieras y la asfixia presupuestaria.
La motosierra al presupuesto: ¿Por qué caen las universidades?
El retroceso no es una casualidad metodológica, sino el resultado directo de una política deliberada de desfinanciamiento. La producción científica y la investigación —los pilares que mayor puntaje otorgan en estos rankings— se encuentran virtualmente paralizadas. Los datos analizados por economistas del CONICET revelan la magnitud del ajuste ejecutado entre 2023 y el presupuesto proyectado hacia 2027
- Educación en general: Una contracción acumulada del 44,1%.
- Universidades nacionales: Un recorte real del 25,2%.
- Ciencia y tecnología: Una caída del 38% de los recursos públicos.
Al congelar los presupuestos operativos y vetar las leyes de financiamiento universitario que buscaban recomponer los ingresos, el Gobierno arrastró a las instituciones a una crisis de infraestructura y desactualización de laboratorios que destruye la competitividad internacional ganada durante décadas.
La fuga de talentos silenciosa: De la cátedra universitaria a la supervivencia escolar
La consecuencia más dramática de la devaluación presupuestaria es el vaciado de los cuerpos docentes. Con salarios que quedaron destruidos frente a la inflación, miles de profesores universitarios y científicos están renunciando a sus cargos. Se registra un fenómeno de «goteo constante» de profesionales que abandonan la docencia superior.
Muchos de estos docentes se ven obligados a migrar al dictado de clases en escuelas secundarias o institutos terciarios. Aunque la educación obligatoria también padece el ajuste general, el sistema de acumulación de horas cátedra en el nivel medio o la estabilidad de ciertos cargos provinciales les permite rasguñar un ingreso complementario para llegar a fin de mes, una alternativa desesperada frente a la miseria salarial de las universidades. Otros, directamente, abandonan el ámbito académico o emigran del país, profundizando una desigualdad educativa sin precedentes.
La crisis económica en los hogares y el fantasma de la deserción
Mientras las instituciones pierden prestigio y los docentes abandonan las aulas, las aulas de las escuelas y facultades comienzan a vaciarse del otro lado: el de los estudiantes. La recesión económica funciona como una barrera invisible de exclusión.
Con el boleto de colectivo desregulado, los apuntes incomprables y la pobreza golpeando a más de la mitad del país, la deserción escolar y universitaria se transformó en una realidad cotidiana. Las familias de los sectores populares y de la clase media ya no pueden sostener los costos indirectos de la educación. Estudiar «con la panza vacía» o tener que elegir entre cursar una materia o salir a changuear para aportar ingresos al hogar está empujando a miles de jóvenes fuera del sistema educativo.










