La confirmación del cese definitivo de operaciones de Papelera del Sur en Tornquist ha dejado de ser solo una mala noticia económica para convertirse en una crisis social de dimensiones históricas para este distrito de 10.000 habitantes.
La empresa, controlada por el Grupo HZ (Interpac), decidió clausurar su planta industrial tras 70 años de producción ininterrumpida de cartulinas recicladas y biodegradables para volcarse de lleno a la importación directa de insumos desde Brasil. Con esta medida, 160 trabajadoras y trabajadores quedan formalmente en la calle, marcando el fin de la principal fuente de empleo formal privado de la localidad.
Resistencia en la puerta y el laberinto judicial
Tras encontrarse literalmente con un candado en los portones de ingreso el pasado miércoles 4 de noviembre, los obreros nucleados en el sindicato papelero local, bajo la conducción de Gustavo Lanaro, convocaron a una asamblea general urgente en las afueras de la planta.
La resolución de las bases fue tajante: sostener el estado de alerta permanente, coordinar guardias informativas frente a las instalaciones vaciadas y exigir el cumplimiento estricto y en un solo pago de las indemnizaciones prometidas para antes de que finalice noviembre.
Ante el lock-out patronal, el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires intervino de oficio, enviando delegados a constatar el cese y convocando a una audiencia de conciliación para evaluar el impacto de la apertura importadora en la industria local.
Impacto comunitario y perspectiva de género
La clausura corta el flujo salarial hacia comercios y servicios de Tornquist. El Muncipio de Tornquist repudió el hecho calificándolo como un golpe devastador frente a la recesión nacional, y organizó asistencia social y de salud ante la sobrecarga que sufrirá el único hospital del distrito por la pérdida de cobertura mutual de 160 familias.
El cierre también golpea de lleno a las mujeres trabajadoras de la firma, concentradas en áreas de administración, control de calidad, laboratorios y mandos medios. En pequeñas localidades rurales, la pérdida de estos empleos calificados las desplaza hacia la informalidad y acentúa sobre ellas la triple carga de cuidados, contención familiar y generación de ingresos de subsistencia.
El contexto de desindustrialización
El caso de Papelera del Sur se inserta en un mapa de crisis fabril que incluye cierres en el sector de embalajes como Avery Dennison y una fuerte caída en pymes metalúrgicas y textiles del conurbano bonaerense.
Los testimonios de los obreros reflejan la imposibilidad de competir contra los costos del papel importado, profundizando el deterioro socioeconómico del sudoeste
Las voces del despojo: Mujeres profesionales y trabajadoras frente al cierre de Papelera del Sur en Tornquist
La decisión de la patronal de colocar un candado en las puertas de Papelera del Sur en Tornquist barrió de un plumazo con la principal fuente de trabajo de la localidad. Detrás de la cifra de 160 despidos, existe una realidad invisibilizada por las crónicas policiales y macroeconómicas tradicionales: el impacto directo sobre las mujeres que ocupaban los puestos administrativos, de laboratorio y de control de calidad.
En una comunidad de 10.000 habitantes, la pérdida de empleo calificado para las mujeres no solo significa la caída de un ingreso; representa el vaciamiento de sus trayectorias profesionales y una condena a la precarización o el desarraigo.
El laboratorio vacío: «Nos quitan nuestra autonomía»
Mariana (38 años, Ingeniera Química, jefa de Control de Calidad durante 8 años):
«Cuando nos enteramos del cierre por WhatsApp antes de llegar a la planta, nos quedamos heladas. En el laboratorio éramos cinco mujeres analizando la resistencia de la cartulina y el impacto ambiental de los efluentes. Estudié en Bahía Blanca y volví a mi pueblo con el orgullo de aplicar mis conocimientos en la industria local. Que hoy decidan que es más barato importar el material desde Brasil destruye décadas de desarrollo técnico. Para nosotras, en Tornquist, no hay otro laboratorio así. Perder este trabajo es perder nuestra autonomía profesional; nos empujan a tener que mudarnos y dejar nuestras familias o a aceptar empleos precarizados que no tienen nada que ver con lo que somos».
La administración del colapso: «El ajuste siempre recae en las tareas de cuidado»
Verónica (45 años, sector de Facturación y Proveedores, 14 años de antigüedad):
«En las oficinas administrativas el golpe fue total. Manejábamos los números, el contacto con los proveedores locales, los pagos. Ver que de un día para el otro el Grupo HZ decide liquidar todo para ser meros importadores te genera una indignación tremenda. Como mujer y sostén de hogar, la preocupación es doble. Sé perfectamente que cuando el desempleo golpea a un pueblo, las primeras que nos quedamos sin opciones viables somos nosotras. Ahora nos toca volver a la casa con la angustia a cuestas, sostener emocionalmente a nuestras parejas e hijos que también están en crisis, y ver cómo hacemos para pagar la obra social que nos acaban de cortar. La carga de cuidado y de contención en el hogar se triplica cuando el Estado y las empresas nos abandonan de esta manera».
Estas voces demuestran que el «industricidio» actual no es neutral al género.
Desmantelar la producción nacional destruye los espacios ganados por las mujeres en los sectores técnicos y de gestión de la industria pesada, reforzando la histórica brecha laboral y profundizando la vulnerabilidad en el ámbito rural bonaerense.










