La madrugada de Halloween en General Villegas se convirtió en el escenario de una brutal agresión que enciende las alarmas de las organizaciones de la diversidad en la provincia de Buenos Aires.
Un joven gay fue emboscado y atacado salvajemente por un grupo de seis mujeres en un episodio que vuelve a poner en evidencia la desprotección de las identidades disidentes. El hecho, denunciado públicamente en redes sociales por colectivos de derechos humanos, expone la urgencia de abordar el lgbtodio de forma transversal, desarmando la falsa premisa de que las violencias por orientación sexual son exclusivas de los varones cis.
Este ataque en patota no puede leerse como una simple trifulca nocturna. La saña del ataque responde a una matriz cultural discriminatoria que busca disciplinar y castigar los cuerpos y las elecciones afectivas que se corren de la norma heterosexual dominante.
En un contexto nacional complejo, donde se registran aumentos del 101% en agresiones físicas motivadas por el odio a la orientación sexual o la identidad de género, la inacción judicial y comunitaria funciona como un habilitador invisible para estas cacerías urbanas. Exigimos una investigación penal inmediata que garantice la protección de la víctima y siente precedentes firmes contra la impunidad en el interior bonaerense.
Visibiizar este caso implica una toma de posición política y pedagógica clara: el odio y la discriminación deben condenarse de manera unánime, sin importar el género de quien ejecute la violencia. No podemos naturalizar que salir a celebrar o habitar el espacio público signifique arriesgar la vida por el solo hecho de ser quienes somos. El derecho a la dignidad, a la integridad física y a una vida libre de violencias es innegociable, y la justicia penal debe actuar con celeridad para que este violento ataque grupal no quede en el olvido institucional.










