El vaciamiento no es exclusividad de un solo club. Pocas horas después de conocerse el portazo de Lali Esquivel en La Plata, el plantel profesional de San Lorenzo de Almagro sacudió el tablero con un devastador comunicado conjunto en redes sociales. Las vigentes subcampeonas del Torneo Apertura 2026 —que marchan quintas en el presente campeonato— expusieron una alarmante lista de precariedades económicas, logísticas y médicas que padecen hace meses bajo la gestión de la directiva conducida por Marcelo Culotta.
El relato en primera persona de las futbolistas destila el abandono institucional que sufren las identidades feminizadas en el deporte de élite:
Sin cobertura médica: El plantel denunció que lleva más de un año sin obra social. Frente a lesiones deportivas, estudios de alta complejidad o urgencias, las jugadoras deben recurrir a los saturados hospitales públicos o costear las consultas médicas con dinero de sus propios bolsillos.
Enfermería vacía: El equipo alertó sobre la recurrente ausencia de un médico presencial en las jornadas de entrenamiento diario, quedando expuestas ante accidentes físicos graves sin asistencia inmediata de profesionales.
A pie y en «Uber»: El hecho más humillante ocurrió el pasado 11 de septiembre en la visita a Banfield. Ante la falta de un micro institucional dispuesto por el club, las jugadoras de Primera División tuvieron que trasladarse al predio de Luis Guillón por sus propios medios, utilizando autos particulares y aplicaciones de transporte móvil para poder llegar a competir.
Ropa rota: El club les entregó un único juego de indumentaria de entrenamiento para todo el año, el cual hoy se encuentra totalmente deteriorado y roto por el uso intensivo.
Bolsillos flacos: Se les adeudan los premios acordados de todo el segundo semestre de 2025 y de la primera mitad del corriente año, sumado al congelamiento de sus salarios al no aplicarse las cláusulas de actualización por inflación de la AFA.
El cinismo de las respuestas corporativas
La respuesta oficial de la dirigencia de San Lorenzo no tardó en llegar, recurriendo a un clásico libreto corporativo: justificar lo injustificable bajo la etiqueta de «problemas de gestiones anteriores» o «eventualidades atípicas». En su descargo, la comisión directiva minimizó la falta de transporte argumentando un «desperfecto mecánico» excepcional, e intentó desligarse de la falta de cobertura afirmando que las jugadoras cuentan con el respaldo de la obra social gremial de Futbolistas Argentinos Agremiados.
Sin embargo, el cinismo de los comunicados oficiales choca de frente con la realidad material de las deportistas. El club asegura «ratificar su compromiso con el fútbol femenino», pero en la cotidianeidad, las empuja a la precarización. Las jugadoras dejaron en claro que ya habían enviado una carta formal al presidente el mes pasado advirtiendo estos malos tratos, la cual fue ignorada de manera sistemática.
«Las Santitas» no están solas. Que un plantel subcampeón deba rogar por un médico en sus prácticas o remendar sus remeras para salir a la cancha es violencia laboral. Apoyamos su demanda de trabajar y competir en condiciones dignas. Si la AFA y los clubes comercializan el fútbol femenino como un producto de inclusión, que empiecen por garantizar los derechos humanos elementales de sus trabajadoras.








