“Si el Estado no está, el barrio se viene abajo: por abajo hay una red feminista que no vamos a dejar que se caiga”

 

En diálogo con Las Brujas que Salem, la docente y activista de Mumalá, Maia Luna, analizó el impacto del ajuste en la salud mental y la economía cotidiana. Lejos de la resignación, destacó la organización comunitaria en los territorios y el rol de las mujeres como la verdadera trinchera frente a la crueldad social:

“Nuestro reclamo siempre va a ser al Estado, pero en el barrio las mujeres se siguen organizando y eso es lo que funciona”.

Frente a la retirada sistemática del Estado y la profundización de un modelo económico de exclusión, los barrios populares de la región resisten gracias a un engranaje silencioso pero inquebrantable.

Para comprender la dimensión humana y habitada de esta crisis, recibimos en el piso de Las Brujas que Salem a Maia Luna, militante, docente y referente del Observatorio Nacional Mumalá.

Con los pies en el territorio y la crudeza de quien camina el día a día comunitario, Luna desarmó la abstracción de las políticas de ajuste para visibilizar los cuerpos que las sostienen.

 El hambre silenciado y la trampa del endeudamiento

 Desde su rol en las redes de acompañamiento vecinal, Maia advierte sobre un fenómeno doloroso que cala hondo en las familias trabajadoras y en sectores que antes no requerían asistencia: la vergüenza de no llegar a fin de mes.

«Cuando salimos a hacer los relevamientos, la cuestión era generar un espacio conversado. Muchas compañeras nos decían, cuando había confianza, que les daba vergüenza admitir que se salteaban comidas. No se lo reconocían ni a sí mismas. Te dicen: ‘Me salteo el almuerzo, no porque quiero bajar de peso, sino porque si no, se me va a complicar llegar a fin de mes’ o ‘tomo unos mates a la mañana con unas galletitas y ya está'», relató Luna.

Para la activista, este disciplinamiento del hambre viene acompañado de una peligrosa trampa de usura financiera que empuja a los sectores populares al endeudamiento para la supervivencia básica.

«La gente con mucho dinero no necesita el crédito. La clase media y los pobres somos los que nos endeudamos con tarjetas de supermercados o billeteras virtuales que te cobran hasta el 400% de interés para comprar leche o carne».

Esta asfixia se extiende de igual forma a sus propias compañeras de trabajo: «En la docencia pasa muchísimo. Profesores que tenían cargos completos hoy están en un tercero, o salen de la escuela y se van a hacer Uber. El sacrificio se disfraza de ‘acto de amor’, pero la carga mental de estar 24/7 viendo cómo resolver el día a día te destroza el cuerpo y la salud mental».

Ponerle nombre al dolor: suicidios y travesticidios sociales

Como militante de derechos humanos, Luna enfatiza la urgencia de disputar el sentido de la agenda pública, denunciando que las muertes derivadas del quiebre de la salud mental triplican la tasa de homicidios en Argentina. En ese marco, reivindicó la necesidad de recuperar herramientas teóricas nacidas de las luchas colectivas para visibilizar lo que el poder oculta.

«En los 90 las feministas incorporamos el concepto de suicidio feminicida. Son los cuerpos con identidades feminizadas que deciden quitarse la vida, o lo intentan, como consecuencia de una sistematización de la violencia de género en cualquiera de sus formas. No necesariamente por un abuso físico evidente; hablamos de un Estado que ignora las denuncias previas y deja a las víctimas desprotegidas».

La referente de Mumalá también expuso con extrema preocupación la realidad de las identidades trans y travestis, cuya expectativa de vida al morir por estas causas promedia apenas los 31 años, con un alarmante 20% de los casos ocurriendo en contextos de encierro. «Esto es lo que llamamos travesticidio social. Es una población atravesada por la criminalización y el abandono. Cuando tenés un gobierno misógino que te echa la culpa y te revictimiza, el trauma fractura a toda la familia que debe ver cómo acompañar y sobrevivir a la vez».

Desfinanciamiento estatal y la respuesta política

Ante este escenario de desmantelamiento de los programas de salud mental y amparos judiciales permanentes para que los recursos mínimos lleguen a las provincias, Luna dejó en claro que la organización no claudica en sus demandas estructurales.

«Nuestro reclamo siempre va a ser al Estado, independientemente de quién gobierne, porque creemos en la democracia como el lugar que habitamos y tenemos que defender. Pero exigimos respuestas reales en todos los niveles: concejales, intendentes, gobernantes, porque la oficina sola no sirve si no hay presupuesto», remarcó, exigiendo la declaración de la Emergencia Nacional por Violencia de Género y el refinanciamiento de los efectores de salud pública.

Maia Luna presente en el estudio de Radio Trinchera

La red por abajo que no se cae

Pese a la densidad del panorama actual, la fuerza de la entrevista radicó en la reafirmación del lazo comunitario como la única trinchera afectiva y política capaz de amortiguar el desamparo estructural.

«Algún día traeremos noticias buenas, pero mientras tanto, en el barrio las mujeres se siguen organizando. Es lo que funciona. Las cooperativas que fueron completamente atacadas por este gobierno, contra todo pronóstico, intentan seguir sosteniéndose. Ahí están las emprendedoras, las que piensan que el barrio, si el Estado no está, se viene abajo. Y le meten a limpiar igual la plaza, a sostener los espacios comunes. Eso sigue sucediendo», concluyó Maia Luna con profunda convicción.

«Tal vez no esté tan visible, pero hay una red por abajo que los movimientos feministas sabemos que no vamos a dejar que se caiga. Y eso es lo que hay que celebrar».

Acceso a los datos militantes

Los informes y relevamientos elaborados colectivamente por el Observatorio Nacional Mumalá pueden consultarse a través de sus plataformas en Instagram (@mumalanacional, @mumala.laplata) o encontrarse disponibles en nuestro portal digital lasbrujasquesalem.com.

 

Líneas de Asistencia Gratuita y Contención

Si vos o alguien que conocés necesita escucha o acompañamiento ante una crisis emocional, podés comunicarte de forma confidencial las 24 horas a:

  • Centro de Atención al Suicida (CAS): Línea 135 (gratuita desde CABA y GBA) o al (011) 5275-1135 desde todo el país.
  • Línea Nacional de Urgencia en Salud Mental: 0800-999-0091.
  • Provincia de Buenos Aires (Subsecretaría de Salud Mental): 0800-222-5462.

 

Reviví la nota completa en Radio Trinchera

 

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