Custodiar la memoria frente a la crueldad: Horacio Esber presenta su novela «Faro Negro» en Las Brujas que Salem

 

El escritor Horacio Esber visitó los micrófonos de Las Brujas que Salem para presentar su décima novela, Faro Negro, una potente obra polifónica editada por El Brujo Ediciones que viaja a los confines de la Patagonia argentina. Allí, en medio de la inmensidad y el silencio, una red de mujeres antipatriarcales resiste custodiando una biblioteca oculta de libros anarquistas.

En una entrevista profunda, honesta y de un alto calibre político, el autor desglosó el proceso de escritura de la novela, reflexionó sobre su propia masculinidad a los 67 años y lanzó duras declaraciones contra el negacionismo de la gestión gubernamental de Javier Milei.

La obra, definida como un artefacto de resistencia cultural, utiliza la literatura como trinchera. Inspirado estructuralmente en la novela Los Errantes de la ganadora del Premio Nobel polaca Olga Tokarzuk, Esber combina la ficción íntima con microensayos (muchos de ellos deliberadamente apócrifos) para dotar de una inquietante verosimilitud a un relato que es, ante todo, una gran metáfora sobre la desobediencia histórica y la disputa por la memoria colectiva.

Cómo se gestó «Faro Negro»: De las reuniones de «Historias Desobedientes» al taller literario

El proceso de escritura de la novela no fue lineal ni azaroso; demandó entre tres años y tres años y medio de investigación, lecturas y correcciones constantes dentro del taller literario dictado de forma remota por el poeta y editor chileno Diego Alfaro Palma.

El verdadero motor conceptual y humano de Faro Negro se encendió en el año 2021. Gracias a la generosidad de la activista Analía Kalinek, Esber tuvo la oportunidad de participar de las reuniones de «Historias Desobedientes», el colectivo que nuclea a hijas, hijos y familiares de genocidas de la última dictadura cívico-militar que deciden romper el mandato del silencio y repudiar públicamente los crímenes de lesa humanidad de sus padres.

Tomando notas de los sentimientos, contradicciones y dolores de esas asambleas, el autor moldeó la voz de Eugenia, la protagonista de la novela. Eugenia encarna el concepto sociológico japonés de jouhatsu que significa evaporarse: la decisión drástica de cambiar de vida, romper con el entorno y desaparecer por completo sin dejar cuentas pendientes con la ley ni con acreedores, borrando el rastro para que nadie —ni amigos ni familiares— pueda volver a encontrarla.

Su refugio es Faro Negro, un pueblo patagónico desértico donde el único bar se llama y no por casualidad “El Olvido

El patriarcado y el mandato del apellido: «Todas las mujeres desobedecen un poco a sus padres»

Para Horacio Esber, situar la historia en una red de mujeres y disidencias fue una decisión política e histórica. «Faro Negro habla de la desobediencia. Y las mujeres, por característica histórica, son desobedientes: han desobedecido al patriarca personal y al patriarca institucional«, afirmó el autor en la entrevista. Recordó cómo a lo largo de la historia de la humanidad las identidades feminizadas hackearon los límites de la academia, de la ciencia y de la política cuando se les pretendía negar el paso.

La novela aborda el desarraigo de Eugenia desde una perspectiva de género sumamente aguda: el intento de arrancarse el apellido paterno para soltar el ligamen con el genocida. De hecho hay un pasaje íntimo del libro en el que una amiga intenta consolar a la protagonista recordándole que «lo primero que nos impone el patriarcado es el apellido» y que, salvando las distancias de cada biografía, en el fondo todas las mujeres de hoy están desobedeciendo un poco a sus padres, porque ¿qué padre no ha sido, aunque sea un poquito, patriarcal o machista?

La novela traza un paralelismo brillante entre este colectivo de mujeres y el anarquismo, corriente política a la que pertenece la biblioteca que custodian: una ideología que ha sido desobediente por antonomasia a todos los regímenes, persiguiendo la sostenibilidad de la vida y siendo reprimida tanto por las monarquías como por el capitalismo y el estalinismo en la Unión Soviética.

 

Interpelar la masculinidad y descubrir las propias violencias a los 67 años

Uno de los momentos más potentes y honestos de la nota radial se dio cuando las conductoras celebraron la sensibilidad del autor para construir la psicología de los personajes femeninos, catalogándolo como un «brujo aliado». Esber eludió cualquier autocomplacencia y asumió una postura de profunda vulnerabilidad:

«Construir las voces de las mujeres fue un verdadero desafío porque soy varón. Yo tengo 67 años, estoy a punto de cumplir 68, y tengo toda una carga que viene del patriarcado. Mi mirada no es la misma. Mi hija mayor me dice siempre: ‘Pa, vos no te vas a deconstruir nunca’, y tiene razón por el lugar donde me formé. Pero la revolución feminista nos abrió la puerta a los varones. Yo entiendo que puede sonar a pose, pero cuando uno descubre sus propias violencias, y las descubre en serio, no me importa si alguien piensa que es una pose; a mí no me interesa. En el patriarcado, los varones primero hemos sido victimarios, pero también somos víctimas de esa formación perniciosa».

Esber aclaró que su objetivo ético no es escribir desde el feminismo —un territorio que le pertenece exclusivamente a las mujeres— sino escribir sobre las masculinidades y subvertir sus roles. Puso como ejemplo su novela previa, Coreografía de la ausencia, donde rompe los estereotipos tradicionales colocando a la prima mujer como la aventurera que viaja a explorar el mundo, mientras que el primo varón es quien se queda arraigado en un pueblo bonaerense cuidando a su abuela anciana.

Para lograr la verosimilitud de Faro Negro, el autor se sumergió durante más de tres años en la lectura casi exclusiva de escritoras mujeres del panorama actual (tales como Selva Almada, Dolores Reyes, Mariana Enríquez o la propia Tokarczuk), buscando afinar el oído hacia otras formas de mirar la realidad.

Faro negro es la décima novela de Horacio Esber

Las declaraciones más potentes: Ohrenstein, el sentido común femicida y el negacionismo de Milei

La entrevista radial dejó títulos memorables y reflexiones urgentes sobre la complicidad social y la coyuntura política argentina:

El sentido común que justifica al femicida: Esber detalló que en la novela incluyó a Ohrenstein, un personaje deliberadamente estereotipado que reproduce discursos machistas. Al respecto, lanzó una dolorosa confesión de realidad: «No me costó nada estereotiparlo porque son cosas que escucho constantemente».

El escritor rememoró un caso real de hace unos años en un country de la Provincia de Buenos Aires, donde un hombre apuñaló a su exesposa en medio de una discusión por el divorcio frente a testigos: «Cuando sale la noticia, yo estaba con unos conocidos y uno saltó a decir: ‘Che, ¿vos te imaginás lo que tiene que haberle hecho esa mujer a ese tipo para que reaccione así?’. Eso está escrito en Faro Negro. No necesité inventar nada».

 

Ficción y arte frente a la crueldad oficial: Consultado sobre la feroz disputa por el sentido de la memoria en la Argentina actual, Esber reivindicó el rol de las expresiones artísticas como un refugio indestructible frente a los discursos gubernamentales del olvido: «En este momento hay un gobierno nacional completamente negacionista, tanto el presidente como la vicepresidenta. El presidente viene de estar en Chile y de elogiar a Pinochet. El discurso de ella no solo es negacionista, sino apologista de la dictadura. Por eso la literatura y el arte son fundamentales para mantener la memoria: es lo que permanece a las personas y lo que llega a las nuevas generaciones para recordar lo que no debe repetirse».

 

Un homenaje a las luchas colectivas y cómo conseguir el libro

El cierre de la novela funciona también como un emotivo homenaje y una declaración de principios. Las conductoras destacaron que, en su tramo final, las voces de las mujeres de Faro Negro trazan una genealogía de la resistencia argentina nombrando explícitamente a figuras históricas y políticas de la talla de Eva Perón, Cristina Fernández de Kirchner, Tati Almeida y Estela de Carlotto.

Debido a la profunda crisis económica que golpea el circuito de distribución de las librerías tradicionales en todo el país, el libro se comercializa bajo un formato autogestivo, federal y directo:

Canal de venta: Se consigue de manera exclusiva a través de la tienda virtual oficial de la editorial: elbrujoediciones.ar.

Envío sin cargo: Con el objetivo de romper las barreras del centralismo de Buenos Aires, la editorial realiza envíos gratis a cualquier punto de la República Argentina, absorbiendo los costos logísticos para que la literatura llegue a todo el mapa federal.

  • Adquisición: El ejemplar físico se encuentra disponible en la web oficial con facilidades de pago en moneda nacional para lectores y lectoras.

Faro Negro es una novela imprescindible para los tiempos que corren: una cartografía de la rebeldía que nos recuerda que, mientras pretendan imponer el olvido y el aislamiento, la memoria colectiva seguirá encontrando brujas dispuestas a desenterrarla.

 

Cinco razones fundamentales para leer «Faro Negro» y militar su recomendación

Es un puente urgente hacia la memoria colectiva. La novela no se queda en el mero entretenimiento o la ficción pasatista. Se mete con las tripas de nuestra historia reciente al recuperar las vivencias de «Historias Desobedientes», transformando el dolor y el repudio al horror de la dictadura en un artefacto de resistencia cultural indispensable frente al negacionismo de la época.

 

Representa un valioso ejercicio de deconstrucción y escucha.

No es común encontrar a un escritor varón de 67 años dispuesto a vaciarse de sus propios mandatos patriarcales para alojar las existencias ajenas. Horacio Esber dedicó entre tres años y tres años y medio de su vida a escribir esta obra, un tiempo habitado por la lectura profunda y meticulosa de escritoras mujeres como Selva Almada, Olga Tokarczuk, Dolores Reyes y Mariana Enríquez, demostrando que para escribir a las mujeres primero hay que saber escucharlas y leerlas.

 

Interpela directamente a los varones y al sentido común machista. Faro Negro funciona como un espejo incómodo para las masculinidades. Al corporizar a personajes como Ohrenstein y volcar frases del sentido común que justifican las violencias cotidianas y los femicidios, Esber expone los hilos de la complicidad civil. Es un libro necesario para regalar a otros varones, abriendo debates incómodos pero urgentes en los asados, en los cafés y en las familias.

 

Hackea los roles tradicionales de género desde la masculinidad. El autor demuestra que los varones aliados —o «los otros brujos»— tienen la tarea política de hablarle a su propio género. Siguiendo la línea de sus obras anteriores, Esber no busca hablar desde el feminismo, sino dinamitar la masculinidad tradicional, validando el derecho a la desobediencia de las hijas frente a los padres y mostrando que los varones también son víctimas de la estructura perniciosa del patriarcado.

 

Es un refugio de belleza y misterio en tiempos de crueldad. Más allá de su profunda carga teórica y política, la novela atrapa por su riqueza narrativa y su geografía indómita. La inmensidad de la Patagonia, el misterio de la biblioteca anarquista oculta y la red de contención afectiva entre sus protagonistas construyen una trama apasionante que demuestra que, aun en los territorios más desolados, la organización y la ternura colectiva siempre encuentran una forma de salir a la luz.

 

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