Romper el círculo para construir su libertad: El proyecto de vida que el odio machista le arrebató a Karen García

El brutal femicidio de Karen Romina García (32 años) sacudió los cimientos del barrio Villa del Carmen, en la zona oeste de la capital de Santiago del Estero. El crimen, cometido durante la madrugada del martes, elevó de manera alarmante a diez la cifra de femicidios registrados en la provincia en lo que va del año. Detrás del horror y de la frialdad de las estadísticas, emerge la historia de una mujer que resistía en silencio y ensayaba sus primeros pasos hacia una autonomía definitiva.

Karen era madre de cuatro hijos pequeños de 9, 5, 3 y 1 año (el mayor de ellos con diagnóstico de autismo).

Tras haber permanecido doce años inmersa en una relación atravesada por el control posesivo, los celos y la violencia psicológica y manipulación ejercida por su pareja, Rubén Ricardo Carrizo (39 años), la joven había decidido poner un punto final.

Como parte de su plan para reconstruir su realidad y asegurar el bienestar de sus niños, García había comenzado a trabajar recientemente como empleada doméstica, buscando alcanzar esa independencia económica que el agresor intentaba obturar mediante el aislamiento. Sus hermanos, Leandro y Claudio Coronel, la describieron en diálogo con medios locales como una persona profundamente buena, devota y querida, cuyo único motor era resguardar el futuro de sus hijos.

La impunidad de la violencia: Matar mientras los hijos duermen

El ataque se produjo cerca de las seis de la mañana en la vivienda familiar del sector 450 Viviendas.

Con total desprecio por la vida, Carrizo asfixió a Karen con una almohada en la cama matrimonial mientras los cuatro niños descansaban en la habitación contigua.

Tras cometer el femicidio, el asesino abandonó el lugar y deambuló durante horas hasta llegar a la casa de su madre en el barrio La Católica. Allí, confesó lo sucedido ante un primo, quien finalmente lo acompañó a presentarse en la Comisaría 3ª. En paralelo, movilizados por la falta de respuestas a los mensajes, los hermanos de Karen ingresaron por la fuerza al domicilio y se toparon con la desgarradora escena.

 

Desarmar la coartada y exigir justicia real

Al momento de entregarse, el femicida intentó ensayar una insólita y perversa justificación para exculparse ante las autoridades: alegó que Karen le había confesado haber provocado intencionalmente un incendio semanas atrás en la vivienda, poniendo en riesgo a los menores. La familia de la víctima desmintió categóricamente esta infamia ante los investigadores, aclarando que aquel episodio había sido un accidente doméstico menor cuando una de las niñas manipuló un encendedor de forma fortuita

La causa penal quedó bajo la instrucción de la fiscal de Violencia de Género e Intrafamiliar, Lucía González Farías. La funcionaria judicial ordenó de inmediato preservar la escena, realizar pericias psicofísicas al imputado y el traslado del cuerpo para la autopsia correspondiente, con el objetivo de blindar la acusación por homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género.

Mientras la Justicia avanza sobre Carrizo, el dolor comunitario se enfoca en el desamparo de las infancias. El abogado querellante de la familia, Franklin Moyano, confirmó que los cuatro pequeños quedarán bajo el cuidado y el amparo de su abuela materna en un contexto de extrema vulnerabilidad socioeconómica.

El deseo de independencia y emancipación de las mujeres no puede seguir pagándose con la vida. Exigimos una condena ejemplar que castigue al agresor, pero sobre todo, políticas activas de acompañamiento territorial que impidan que los proyectos de libertad de nuestras compañeras terminen en una fosa.

 

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