En una Facultad de Ciencias Sociales desbordada, la célebre antropóloga argentina llamó a un «cisma histórico» y defendió a la universidad pública frente al desguace estatal
Las escaleras y pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires se transformaron en un hervidero de militancia, academia y emoción colectiva.
En un contexto nacional de asfixia presupuestaria a la educación, la prestigiosa escritora, antropóloga y activista feminista Rita Segato fue distinguida con el título de Doctora Honoris Causa de la UBA.
El reconocimiento, otorgado por sus aportes revolucionarios al pensamiento crítico latinoamericano y la investigación de las estructuras de violencia machista, se materializó en un aula colmada del tercer piso que obligó a instalar pantallas en el patio interno para albergar a los cientos de estudiantes y docentes que se acercaron a escucharla.
El diploma fue entregado de manera conjunta por la decana de la alta casa de estudios, Ana Arias, y la destacada socióloga e historiadora Dora Barrancos.
La ovación del público marcó el inicio de la conferencia magistral de la intelectual, titulada «Una lectura de la política, desde el género. Hacia un cisma histórico, no intentado».
Con una fuerte impronta decolonial y luciendo una kufiya —símbolo de solidaridad con el pueblo palestino y las resistencias globales—, Segato ofreció una clase magistral que se convirtió, de inmediato, en un manifiesto político contra la coyuntura del ajuste.
Las claves del pensamiento segatiano ante el “modo isla” de la política
Lejos de recluirse en los tecnicismos de la antropología de salón, Segato utilizó la tribuna para trazar un puente directo entre sus categorías teóricas y la realidad cotidiana de una Argentina gobernada por la motosierra libertaria. Sus reflexiones giraron en torno a cuatro ejes conceptuales urgentes:
El mandato de la fratría masculina: Retomó su célebre análisis sobre las «cofradías» o fratrías de varones en el poder. Explicó cómo la política tradicional y los discursos oficiales de odio operan bajo una lógica de pacto corporativo masculino. En este sistema, la crueldad hacia los sectores más vulnerables es utilizada como una credencial de virilidad y potencia política para exhibir ante los pares.
La universidad pública como escudo social: Ante el recorte salarial y el congelamiento presupuestario que sufren las universidades nacionales, la flamante Doctora Honoris Causa realizó una férrea defensa de la educación pública. Aseguró que la universidad debe desmarcarse de las lógicas tecnocráticas y vincularse estrechamente con el dolor y las demandas de los territorios. «El saber es resistencia o no es nada», sentenció.
La falacia del ataque a los derechos reproductivos: Cuestionó de forma directa la pretensión del gobierno nacional de dar marcha atrás con conquistas históricas del movimiento feminista argentino, como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Segato definió estos embates ideológicos como un intento explícito de restaurar la soberanía del mandato patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres y las diversidades.
Pensar desde las fracturas de la colonialidad: Exhortó a los movimientos sociales y a las ciencias sociales a romper con la copia acrítica de manuales de la academia del norte global. Propuso, en cambio, construir un pensamiento situado y arraigado en la memoria comunitaria de los pueblos latinoamericanos para hacer frente a la deshumanización planificada del mercado financiero.
El honoris causa que incomoda al relato de la meritocracia
Esta distinción no es sólo un acto de justicia académica hacia una de las mentes más brillantes de nuestra región, sino un hecho de profunda rebeldía institucional.
Que la Universidad de Buenos Aires premie a Rita Segato en este preciso momento de la historia argentina es un mensaje político contundente. El gobierno nacional repite que la universidad pública es un centro de «adoctrinamiento» inútil y que las perspectivas de género son «curros» prescindibles en su planilla de déficit cero. La masividad del acto en Sociales demostró todo lo contrario: las aulas públicas siguen siendo el corazón palpitante donde se deconstruye la crueldad de la época.
Frente a la matriz de un Estado que se maneja en «modo isla», viendo cuentas y números sin ligarse jamás con las personas, la cultura, la educación o las diversidades, las palabras de Segato nos recuerdan que el lazo social es inquebrantable. Intentan vaciar los ministerios de las mujeres, recortar el presupuesto de los hospitales y desfinanciar la ciencia; pero no pueden encarcelar el pensamiento crítico.
El Honoris Causa a Rita es la prueba de que, mientras el relato oficial intenta apagar las luces del futuro, la comunidad universitaria enciende la mecha del pensamiento colectivo para iluminar la resistencia.
No sabemos cómo llegaremos a ser la Irlanda que sueña el presidente desmantelando los cimientos de la dignidad humana; lo que sí sabemos es que, con Segato como brújula, las brujas de este tiempo seguimos escribiendo e incomodando al poder.










