Un alarmante informe del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) enciende las alarmas sobre la realidad de los jóvenes de entre 18 y 29 años. Desempleo estructural, salarios de miseria, desánimo crónico y crisis de salud mental configuran una radiografía de la exclusión.
Mientras los grandes escenarios comerciales simulan realidades de lentejuelas y los discursos oficiales insisten en un relato de estabilización macroeconómica, el suelo social de la Argentina se agrieta de manera dramática debajo de los pies de sus jóvenes.

Un exhaustivo estudio presencial realizado por el equipo de investigación del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), titulado «Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro», expone una realidad brutal: casi la mitad (el 48,9%) de las y los jóvenes de entre 18 y 29 años de los principales centros urbanos del país subsiste hoy en un estado de vulnerabilidad estructural.
El informe —basado en un muestreo que cruza bajos niveles de instrucción formal con severas privaciones de ingresos, alimentos, vestimenta y condiciones dignas de vivienda— demuestra que la crisis no es una percepción, sino una matriz de exclusión que se profundiza día a día.
El mito del «emprendedurismo» y la trampa del empleo precarizado
Uno de los datos más duros que arroja la investigación capitaneada por el sociólogo Juan Cruz Esquivel y Felipe Vega Terra es que tener trabajo ya no es garantía de salir de la pobreza, ni genera esperanzas de movilidad social.
Desempleo crónico: El 30,6% de los jóvenes vulnerables carece de empleo.

El fenómeno del desánimo: De ese porcentaje de desocupados, seis de cada diez abandonaron por completo la búsqueda laboral activa. No es pereza; es el peso del desánimo estructural al saber que el mercado no ofrece salidas reales.
Brecha de género: La desocupación se ensaña particularmente con las identidades feminizadas.
Mientras el desempleo afecta al 23% de los varones del sector vulnerable, en las mujeres esa cifra trepa salvajemente al 41%.
Subsistencia precarizada: Para el porcentaje que sí trabaja, la informalidad es la norma. El estudio detalla tareas de baja calificación en el comercio, la construcción o las tareas de cuidado. Solo un ínfimo 15% accede a un empleo registrado, mientras que las mayorías se ven empujadas a la venta ambulante o digital, formas de autoexplotación que los propios jóvenes hoy romantizan bajo el término de «emprendedurismo».
El bolsillo manda: el 57% de los hogares encuestados no logra llegar a fin de mes.
Nervios, pantallas y desgano: la salud mental como trinchera rota
El desmantelamiento de las expectativas de futuro impacta de forma directa en los cuerpos y en las psiquis.
El informe de la UBA es tajante: “el malestar psicológico se convirtió en una experiencia cotidiana”.
Más del 70% de los jóvenes relevados manifestó padecer problemas frecuentes de nervios o ansiedad, mientras que un 54% reconoce sentir desgano crónico o síntomas compatibles con la depresión.

A este panorama se suma que un 30% admite severas dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o sustancias (alcanzando niveles extremos en el 18% de los casos).
La desconexión social y comunitaria se ve potenciada por lógicas de consumo digital alienantes: el 85% reconoce usar en exceso el celular y el 60% lo hace todos los días de manera descontrolada.
La lógica del scrolleo infinito del algoritmo destruye la capacidad de atención, fomenta el aislamiento y arrasa con los lazos gregarios. Las consecuencias son físicas: siete de cada diez jóvenes afirman tener problemas crónicos para dormir o vivir en un estado de cansancio permanente.

Al mismo tiempo, el 78% de ellos carece de obra social o prepaga, dependiendo de un sistema de salud pública colapsado.
La fe inquebrantable en la educación como último refugio
En medio del desierto de oportunidades, la escuela pública resiste en el imaginario popular. Aunque el 60,5% de este universo tiene el secundario incompleto y la desvinculación escolar es temprana, el 85,7% de los jóvenes vulnerables sigue sosteniendo que estudiar es la única herramienta para mejorar su calidad de vida.
La educación sigue operando como un faro de dignidad, aunque las barreras económicas y materiales funcionen como aduanas infranqueables para sus aspiraciones.

El factor Milei: precarización legalizada, desfinanciamiento y el laboratorio del sálvese quien pueda
Es imposible disociar la crudeza de estos datos de la profundización del modelo de exclusión que comanda la gestión de Javier Milei.
Si bien la falta de creación de empleo registrado y el estancamiento estructural arrastran más de una década en el país, el actual programa económico ha acelerado el deterioro de manera exponencial mediante políticas públicas dirigidas a desproteger a los eslabones más débiles.
Una reforma laboral que consagra la informalidad
La receta oficialista, plasmada en normativas laborales de flexibilización, prometía que la quita de derechos a los trabajadores derramaría en la creación de «empleo de calidad».
Los resultados están a la vista. El marco legal vigente no ha generado un solo puesto de trabajo genuino en el sector privado; por el contrario, ha destruido los pocos mecanismos de fiscalización del empleo en negro, legitimando las condiciones de baja calificación, inestabilidad y salarios de miseria que el informe de la UBA detecta en el segmento juvenil.
La ley laboral de Milei no generó empleo: legalizó la desprotección y llamó «libertad» a la precarización.

Salud mental: el ajuste sobre el sufrimiento
Frente a una juventud donde el 70% sufre ansiedad y más de la mitad arrastra síntomas depresivos, la respuesta del gobierno nacional ha sido el desmantelamiento total de los dispositivos de acompañamiento. Con el cierre de programas territoriales, el despido de profesionales del sector y el desfinanciamiento de los centros de salud mental públicos, el Estado se ha retirado de la contención subjetiva.
Mientras los jóvenes vulnerables se hunden en el consumo problemático o el aislamiento digital debido a la falta de horizonte, el presupuesto de salud se licúa.
El mensaje oficial es perverso: quien no pueda pagar un psicólogo privado, que gestione su angustia en soledad frente a la pantalla de su celular.
El repliegue de los lazos colectivos hacia el conservadurismo
El informe de la UBA arroja un dato político y sociológico clave: el peronismo perdió su histórica hegemonía en estos sectores populares, y Javier Milei capitalizó el 38% del voto de este segmento en las presidenciales. Ante la desintegración del tejido estatal y social, el refugio colectivo mutó.
Hoy, el principal espacio de pertenencia comunitaria y contención territorial de los jóvenes vulnerables son las iglesias evangélicas (37,6%, superando al catolicismo), caracterizadas por promover lógicas de comportamiento rígidas y perfiles más conservadores.
El voto a la ultraderecha en este sector —paradojalmente más alto en quienes tienen mayor nivel educativo dentro de la vulnerabilidad— se alimentó de la promesa de una salida individual («el emprendedor de sí mismo») ante el fracaso de las instituciones tradicionales.
Hoy, frente al desempleo masivo y la destrucción de pymes, esa ilusión de autonomía se choca de frente con la realidad del hambre.
Las voces de las actrices que resonaron en el Teatro Colón defendiendo el libro, la soberanía y el trabajo actoral cobran un sentido urgente a la luz de este informe. Defender la cultura, la lectura y la salud pública no es una discusión abstracta de intelectuales; es la disputa directa para que el 50% de la juventud argentina no sea arrojada definitivamente al descarte, la depresión y el olvido.










