Refugios contra la intemperie: Las universidades públicas como bastiones de la cultura viva

No es un hecho fortuito que la 10ª edición del Festival Internacional Danza x la Identidad comience inaugurando un mural en el Departamento de Artes del Movimiento de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) en La Boca, y corone su cierre en el Multiespacio de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) en Los Polvorines.

En un contexto sociopolítico nacional signado por la crueldad presupuestaria, el ahogo financiero y los intentos sistemáticos desde los discursos oficiales por deslegitimar la educación y la producción científica y artística estatal, las universidades públicas argentinas están asumiendo un rol histórico que excede los márgenes de las aulas: se están consolidando como los verdaderos refugios de la resistencia cultural del país.

Cuando los ministerios se reducen a secretarías vaciadas y los fondos destinados al fomento de las artes independientes se disuelven en nombre de un superávit fiscal inhumano, la universidad pública abre sus puertas, cede sus anfiteatros y pone a disposición su entramado técnico y humano para que los cuerpos sigan teniendo un lugar donde encontrarse y traccionar.

Alojar a Danza x la Identidad en la UNA y la UNGS es un acto de soberanía intelectual y afectiva. Es el recordatorio de que nuestras instituciones educativas de gestión estatal no son meras fábricas de títulos individuales; son usinas de pensamiento crítico, productoras de sentido colectivo y guardianas de la memoria histórica de nuestro pueblo.

La UNA, habitando el sur de la Capital Federal con sus lenguajes corporales, y la UNGS, plantada firmemente en el conurbano bonoerense profundo, demuestran que el arte y la educación son herramientas de transformación territorial indisolubles.

El neoliberalismo cultural pretende convencernos de que el arte es un lujo que solo merece existir si es rentable en el mercado, empujándonos al aislamiento de las pantallas individuales.

Frente a esa lógica mercantilista y deshumanizante, las universidades públicas nos proponen el espacio de encuentro físico, de la gratuidad democrática y de la creación con contenido ético y social.

A 50 años del inicio de la noche más oscura de nuestra historia, defender estos espacios de formación y cultura no es una opción; es un deber urgente para las identidades transfeministas y populares.

Mientras pretendan amordazar la ciencia y congelar el movimiento, las universidades seguirán siendo el suelo firme donde nuestros pies dancen, resistan y recuerden que un pueblo con memoria jamás se arrodilla ante el mercado.

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