La Justicia de la República Islámica de Irán ratificó una condena de 74 latigazos contra la reconocida artista Parastoo Ahmadi. El castigo responde a la difusión en YouTube de su «Concierto Caravasar», un recital grabado de forma virtual y sin público presencial que acumuló 2.9 millones de reproducciones. La sentencia no solo castiga su cuerpo, sino que busca disciplinar la autonomía, la música y la visibilidad de las mujeres en el entorno digital.
Los «delitos» de usar la voz y mostrar el cabello
Para el tribunal de la ciudad ultraconservadora de Qom, el talento musical femenino independiente constituye una ofensa penal. Las autoridades determinaron que Ahmadi quebrantó el ordenamiento jurídico mediante cuatro infracciones: [
- Aparecer sin hiyab: Desafiar el uso obligatorio del velo en una producción audiovisual difundida públicamente.
- Cantar en solitario: Actuar como solista, una práctica drásticamente restringida para el género femenino.
- Ofensa a la moral y provocación: Calificar la performance como material «inmoral» con potencial de causar «excitación» en los hombres.
- Difusión en canales prohibidos: Utilizar la plataforma internacional YouTube, bloqueada por el régimen para evitar la propagación de valores disidentes. [1,
Además de la flagelación, el fallo impone un cerco profesional y geográfico absoluto.
Tanto Parastoo Ahmadi como los ocho músicos y técnicos de su equipo recibieron la misma pena de azotes, sumada a una prohibición de salir del país y de ejercer cualquier actividad artística durante los próximos dos años.
CRONOLOGÍA DE LA PERSECUCIÓN JUDICIAL
[Dic 2024] ───► Se difunde el concierto virtual en YouTube.
[Ene 2025] ───► Detención e indagatoria en la Fiscalía de Seguridad Moral.
[Jun 2026] ───► Sentencia firme de 74 latigazos y veto profesional.
Contexto histórico: Una guerra de casi medio siglo contra las voces femeninas
La prohibición que pesa sobre Parastoo Ahmadi no es una medida aislada, sino el pilar de un andamiaje legal represivo instaurado tras la Revolución Islámica de 1979. Con la llegada de la teocracia, el canto solista de las mujeres frente a audiencias masculinas o mixtas quedó estrictamente prohibido. Bajo la lógica fundamentalista, la voz de la mujer en solitario posee una naturaleza «tentadora» que debe ser censurada.
Durante décadas, las compositoras e intérpretes iraníes se han visto forzadas a cantar únicamente en coros, presentarse en recitales exclusivos para mujeres, o emprender el camino del exilio para poder grabar discos. La irrupción de internet y las plataformas de streaming abrieron una ventana de resistencia donde las artistas locales volvieron a cantar solas para el mundo; una grieta que el régimen ahora intenta cerrar mediante el uso de las leyes de delitos informáticos y castigos corporales.
Repudio internacional: Colectivos de artistas exigen frenar la ejecución
La brutalidad de la sentencia encendió las alarmas de organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y provocó una ola masiva de indignación en redes de creadores globales. Colectivos de música independiente, activistas de la campaña global «Mujer, Vida, Libertad» y redes de artistas iraníes en el exilio emitieron comunicados urgentes denunciando el dictamen del tribunal de Qom.
«El régimen criminaliza la belleza, la cultura y la existencia misma de las mujeres porque teme al poder de su voz», manifestaron redes de solidaridad internacional a través de plataformas digitales.
Los sindicatos de músicos de diversos países de Europa y América Latina han comenzado a presionar a los organismos diplomáticos para exigir la anulación de la pena y salvaguardar la integridad física de Ahmadi y su banda. El activismo feminista global insiste en que los 74 latigazos configuran una forma de tortura institucionalizada que busca infundir terror en una generación de mujeres que, desde las protestas de 2022, decidió no volver a callar ni a esconder su cabello.










