Sebastián Daniel Bonafé asesinó a su amiga de un disparo en la cabeza, secuestró a su ahijada de 7 años y la usó como rehén antes de ser detenido.
El femicida acumulaba múltiples denuncias previas por violencia física, amenazas y acoso a menores, exponiendo una vez más la inacción estatal y judicial.
El brutal crimen de Mercedes «Mechi» Errapán, una mujer de 32 años oriunda de Los Toldos que estaba embarazada, sacudió a la provincia de Buenos Aires. El único imputado, Sebastián Daniel Bonafé (36), ejecutó un plan minuciosamente calculado que incluyó el asesinato de la madre, el rapto de su propia ahijada de 7 años y una persecución de película por tres provincias.
El caso generó un repudio masivo en la comunidad y los sindicatos debido a que Bonafé poseía un frondoso prontuario de denuncias por violencia de género y acoso infantil.
El agresor caminaba libre por las calles de Junín a pesar de haber sido allanado apenas cinco días antes del crimen.
La secuencia de un crimen premeditado
Gracias a los registros de las cámaras de seguridad municipales y privados, la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº 1 de Junín, a cargo de la fiscal María Fernanda Sánchez, logró reconstruir de forma cronológica cómo se desencadenaron los hechos el pasado miércoles 8 de julio:
05:07 hs: La pareja de Mercedes, Jonathan Videla, se retira de la vivienda ubicada en la calle Iberlucea al 68 con rumbo a su trabajo en la Cooperativa Municipal.
05:11 hs: Las cámaras registran a Bonafé saltando un paredón perimetral para ingresar de manera clandestina a la casa. Sorprende a Mercedes mientras duerme y le efectúa un disparo mortal en la cabeza.
07:57 hs: El asesino huye a pie del domicilio llevándose secuestrada a la hija de 7 años de la víctima. Pocas cuadras después, aborda una motocicleta Honda Titán 150 cc azul desarmada (sin plásticos) para emprender la fuga por la Ruta Nacional 188.
10:14 hs: Videla regresa a la casa tras terminar su turno laboral y halla el cuerpo sin vida de su pareja, dando aviso inmediato a la Policía y activando de urgencia el protocolo nacional Alerta Sofía ante la desaparición de la menor.
La ruta de escape del femicida
Tras cometer el crimen, Bonafé inició una desesperada huida en motocicleta utilizando una Honda Titán de 150 centímetros cúbicos azul desarmada, con la que se trasladó junto a la menor por la Ruta Nacional 188.
Al llegar a la localidad de Obligado, en el partido de Rojas, el vehículo sufrió desperfectos mecánicos que lo obligaron a abandonarlo en el camino.
Sin detenerse, el agresor recurrió a viajar «a dedo», logrando que un docente de música que desconocía la situación los subiera a su auto y los trasladara hasta el centro urbano de Pergamino.
Finalmente, el cerco policial logró cerrarse gracias al rastreo de drones y al despliegue de la DDI.
Al verse acorralado en un sector de densa vegetación y cañaverales entre las calles Alsina y Becerra, Bonafé tomó a la niña del cuello y le apoyó un cuchillo en la garganta para usarla como rehén.
Tras tensos minutos de negociación con los efectivos, el femicida depuso su actitud, liberó a la menor sana y salva y se entregó a las autoridades
Las cartas del horror: «Seba Misterios» y la confesión anticipada
Durante un allanamiento de urgencia efectuado en el domicilio de Bonafé (en la calle Almafuerte al 1400), las fuerzas de seguridad secuestraron su celular y una serie de cartas manuscritas perturbadoras.
En los textos, el femicida —quien firmó los escritos bajo el seudónimo de «Seba Misterios»— confesó con escalofriante antelación lo que iba a hacer.»Cometí un error, que fue matar a Mechi. Era o matarme o matarla a ella», redactó en una carta dirigida a su madre tres días antes del ataque.
En otra hoja admitió: «Hoy me estoy equivocando en hacer esto, pero me cansé. Me cansé de ser bueno… Ojalá que mi plan resulte».
En los escritos también dejó asentada una fuerte amenaza institucional: anunciaba que si la policía intentaba rodearlo o interceptarlo en su huida, mataría a su propia ahijada.
El fracaso del sistema judicial frente a las denuncias de género y niñez
Desde los colectivos transfeministas y gremiales, como la seccional de SUTEBA Junín, se emitió un duro comunicado denunciando la desprotección absoluta que sufren las mujeres.
Mercedes Errapán hizo todo lo que el sistema formal le exigía, pero el Estado llegó tarde. Bonafé arrastraba un historial de impunidad delictiva alarmante:
Mayo de 2021: Denunciado penalmente ante la Comisaría de la Mujer por golpear e insultar a un cuñado y a su pareja.
Febrero de 2022: Denunciado por su cuñada tras sufrir agresiones físicas y amenazas de muerte continuas mediante WhatsApp.
Enero de 2024: Imputado por lesiones leves tras agredir físicamente a una compañera de trabajo dentro de una panadería.
16 de junio de 2026: Mercedes Errapán lo denunció formalmente por grooming y abuso. Lo acusó de ingresar de forma clandestina al baño para filmar a su hija de 7 años desnuda mientras se duchaba.
Mercedes solicitó con urgencia una restricción perimetral de acercamiento.
A raíz de esta última denuncia por delitos contra las infancias, la Policía Federal (PFA) allanó la casa del imputado el viernes 3 de julio. Aunque la pericia preliminar de dispositivos arrojó datos de IP vinculados a descargas de material de abuso infantil, el juzgado interviniente decidió dejarlo en libertad provisional y no ordenó su arresto inmediato. Cinco días después de esa inoperancia judicial, Bonafé regresó para asesinar a Mercedes en represalia.
El detenido se encuentra alojado bajo estrictas condiciones de seguridad y la causa quedó formalmente caratulada como femicidio seguido de rapto, delito que prevé la pena de prisión perpetua.
Mientras tanto, las organizaciones de mujeres de la región marcharon hacia la Plaza 25 de Mayo exigiendo justicia efectiva y castigo para las negligencias institucionales.










