Impulsada por la militancia transfeminista y el dolor transformado en lucha de una madre, la Cámara de Diputados bonaerense aprobó el proyecto que busca erradicar el ciberacoso y la difusión de imágenes sin consentimiento en las aulas.
La violencia digital no se queda en las pantallas; rompe cuerpos, destruye identidades y cala hondo en la salud mental de las adolescencias. En una sesión histórica, la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires otorgó media sanción a la Ley Ema.
El proyecto, que busca crear el Programa Provincial de Prevención y Abordaje Integral de la Violencia Digital en Ámbitos Educativos, obtuvo un respaldo mayoritario de los bloques políticos, con la única excepción de los legisladores de La Libertad Avanza, quienes decidieron darle la espalda a la protección de las infancias en la era digital.
La iniciativa lleva el nombre de Ema Bondaruk, una adolescente de 15 años que en agosto de 2024 tomó la trágica decisión de quitarse la vida tras sufrir la difusión no consentida de imágenes íntimas en su entorno escolar. Lejos de quedar en el silencio, su madre, Laura Sánchez, se unió a organizaciones transfeministas y de activismo digital como Faro Digital, Ley Olimpia Argentina y Defensoras Digitales para gestar una herramienta colectiva que proteja a las próximas generaciones de los peligros de la impunidad en red.
El proyecto de ley, presentado en el recinto por la diputada Mayra Mendoza, pasa ahora a la Cámara de Senadores bonaerense para su sanción definitiva.
Las claves de una currícula adaptada a los derechos digitales
El proyecto de ley no busca penalizar, sino educar, prevenir y acompañar de forma integral a la comunidad educativa frente a fenómenos como el ciberacoso, la sextorsión y el grooming. La iniciativa propone modificaciones estructurales clave dentro del sistema educativo de la provincia:
- Ciudadanía y uso responsable: Incorporación obligatoria de contenidos de consentimiento, privacidad, derechos digitales y uso ético-crítico de la Inteligencia Artificial en todos los niveles escolares.
- Protocolos de urgencia sin revictimización: Actualización de las guías escolares de convivencia para brindar criterios específicos de actuación. Esto incluye el cese inmediato de la vulneración, el resguardo de la prueba digital y el acompañamiento psicológico y legal a las víctimas.
- Formación docente obligatoria: Capacitación continua para todo el personal escolar en la detección temprana y abordaje de las violencias telemáticas.
Salir de la trampa invisible
La urgencia de la Ley Ema radica en deconstruir el mito de que lo virtual es «un juego de chicos» o un espacio sin consecuencias reales. Al igual que la Ley Olimpia a nivel nacional —la cual visibilizó los delitos digitales contra las mujeres—, la Ley Ema pone el foco en los entornos escolares, el espacio primordial de socialización donde el hostigamiento sistemático puede volverse letal.
Transformar el dolor en política pública es una declaración de principios. Mientras los discursos de odio y el acoso digital se financian y multiplican de forma anónima, construir comunidades educativas seguras, empáticas y con perspectiva transfeminista es un acto de supervivencia y justicia para las infancias. Que sea Ley.








