Hoy, lunes 29 de junio de 2026, las calles y los tribunales de San Luis respiran un aire distinto: el de la dignidad recuperada a fuerza de persistencia colectiva.
Tras ocho extenuantes años de dilaciones, chicanas y una desidia judicial que rozó la tortura sistemática, la querella liderada por la Dra. M. Alejandra Sanchez di Gennaro —acompañada por las patrocinantes Dras. Fernanda Pereyra Jamenson y Estrella Marín— logró un triunfo bisagra en la causa contra el exprofesor de educación física Jorge Horacio Desprez.
En una audiencia clave y largamente postergada, la jueza a cargo hizo lugar al pedido de ampliación de cargos por el delito de Abuso Sexual Gravemente Ultrajante hacia una menor de edad, agravado por su rol de guardador y por el grave daño a la salud mental infligido a la damnificada.
Este giro judicial no es solo un cambio de nombres técnicos; es un golpe letal a la estrategia de impunidad de la defensa. Al elevarse la gravedad de la calificación, la carátula tira por tierra cualquier intento de prescripción, la nefasta herramienta que los abogados de Desprez utilizaron durante casi una década esperando que el paso del tiempo sepultara el expediente.
Cuando la empatía judicial y la firmeza feminista rompen los muros del patriarcado
Este avance histórico demuestra una premisa fundamental: el engranaje oxidado de la justicia patriarcal se puede encaminar. Pero esto ocurre únicamente cuando confluyen dos factores que escasean en los tribunales argentinos: una querella firme e inquebrantable que pone el cuerpo a pesar del desgaste emocional de las víctimas, y una jueza empática que decide mirar de frente el dolor ajeno en lugar de esconderse detrás de los fríos e inhumanos tecnicismos burocráticos.
Es ridículo e intolerable recordar que, hasta hace apenas unas horas, la complicidad institucional permitía que el imputado asistiera a talleres en el mismo edificio de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) donde estudia la denunciante, amparado en «medidas perimetrales sin límite de metros» que rozaban el absurdo y la burla hacia la seguridad de la víctima.
Hoy, la firmeza de las abogadas y la escucha judicial demostraron que, bajo el lema innegociable de «las infancias no se tocan», la tenacidad puede torcerle el brazo a la corporación que históricamente protegió a los violentos.
La responsabilidad colectiva: ser guardianes del proceso
La ampliación de la imputación es un paso gigante, pero la batalla no ha terminado. La reparación total es imposible tras ocho años de desamparo y revictimización, pero el fin de la impunidad biológica de Desprez está más cerca. Lograr que este docente enfrente un juicio acorde a la gravedad de sus actos requiere que no bajemos los brazos.
Como sociedad, como prensa feminista y como comunidad organizada, tenemos la responsabilidad colectiva de erigirnos en guardianes absolutos de este proceso.
En una sociedad estructuralmente patriarcal, los abusadores y sus redes de poder esperan el menor descuido mediático para intentar reinstaurar el silencio. No se lo vamos a permitir.
Seguiremos vigilantes, observando cada movimiento del Poder Judicial de San Luis. La victoria de hoy pertenece a la denunciante y a las redes que la sostienen, pero la obligación de vigilar que se haga justicia efectiva es de todos nosotros.










