
La gran noche de la televisión estadounidense dejó una sensación agridulce para los feminismos y las miradas intersectionales. Con la icónica Mariska Hargitay como conductora de la gala —quien además se llevó dos premios por su documental My Mom Jayne—, la 78.ª edición de los Premios Emmy consagró a mujeres históricas, pero volvió a tropezar de forma alarmante en materia de diversidad racial.
A continuación, analizamos los momentos clave, los discursos con memoria feminista y las deudas pendientes de la industria.
«Estamos vinculadas, no clasificadas»: El discurso de la noche
El momento más profundamente político y feminista de la ceremonia lo protagonizó Rhea Seehorn, quien ganó su primer Emmy como Mejor Actriz de Drama por la serie de ciencia ficción Pluribus.
Al subir al escenario, Seehorn compartió un poderoso mensaje que le envió por tarjeta su compañera de nominación, Keri Russell. La frase pertenece originalmente a la mítica activista Gloria Steinem (quien falleció recientemente a los 92 años): «Estamos vinculadas, no clasificadas» («We are linked, not ranked»). Seehorn la utilizó para derribar la lógica patriarcal de la competencia entre mujeres en el arte, transformando una terna de premiación en una red de alianzas y hermandad.
El año de las leyendas vivas: Récords y longevidad en pantalla
Las actrices veteranas dominaron los galardones principales, demostrando que las narrativas sobre mujeres mayores tienen una potencia imbatible:

Jean Smart hace historia: Al ganar como Mejor Actriz de Comedia por la última temporada de Hacks, alcanzó su octavo Emmy actoral, empatando el récord histórico de Cloris Leachman y Julia Louis-Dreyfus.

Allison Janney alcanza la cima: Se llevó el premio a Mejor Actriz de Reparto en Drama por The Diplomat, alcanzando también la marca histórica de ocho estatuillas de actuación.

Sally Field y la rebelión de la edad: A sus 79 años, ganó como Mejor Actriz en una Miniserie por Remarkably Bright Creatures, convirtiéndose en la actriz de mayor edad en ganar en esta categoría. Su triunfo es un golpe directo al edadismo de Hollywood que suele invisibilizar a las mujeres después de los 50.
Detrás de cámara y la fuerza colectiva
En los rubros de producción y guion, la comedia satírica Widow’s Bay fue la gran ganadora de la noche (llevándose 14 premios), destacando el triunfo de Katie Dippold, quien se alzó con el Emmy al Mejor Guion de Comedia. Además, la actriz Kate O’Flynn se llevó el galardón a Mejor Actriz de Reparto en Comedia por la misma serie.
En el plano de la nostalgia feminista, el escenario tembló con la ovación de pie para el reencuentro por el 50° aniversario de las protagonistas de Ángeles de Charlie (Kate Jackson, Jaclyn Smith y Cheryl Ladd), quienes se unieron para presentar el premio mayor de drama.
La alarmante deuda: El regreso del #EmmysSoWhite
No podemos hablar de justicia de género si no es interseccional. El dato más sombrío de la noche fue el completo vacío de diversidad racial en las categorías principales de actuación en la transmisión televisiva. Por primera vez en cinco años, los 10 premios principales de interpretación fueron para actores y actrices blancos, dejando por fuera a favoritas de la crítica como Quinta Brunson (Abbott Elementary) o Ayo Edebiri (The Bear).
Las únicas excepciones de la temporada quedaron relegadas a la gala previa de los Creative Arts Emmys, donde Octavia Spencer ganó por narrar el documental Lost Women of Alaska (una producción clave sobre la violencia hacia mujeres indígenas) y Linda Cardellini ganó como Actriz de Reparto en Miniserie por DTF St. Louis.
El veredicto de Las Brujas que Salem:
La televisión actual nos da pantallas habitadas por mujeres complejas, directoras talentosas y discursos que honran nuestras genealogías políticas.
Sin embargo, la industria de Hollywood vuelve a demostrar que sus estructuras siguen siendo profundamente blancas y privilegiadas.
Celebramos a nuestras creadoras, pero la trinchera sigue abierta: no habrá revolución artística real hasta que los escenarios reflejen a todas las identidades.








