El triunfo de la verdad: a pesar del ahogo de Milei, las Abuelas y la ciencia le devolvieron la identidad paterna al nieto 128

 

En el día de su cumpleaños, Marcos Ramos supo que es hijo del militante Pastor Dante Campos. El logro histórico del Banco Nacional de Datos Genéticos —que analizó 2.900 marcadores con una sola muestra— demuestra que la memoria soberana vence al pacto de silencio de los genocidas y al desfinanciamiento criminal de la era libertaria.

 

La memoria es un músculo terco que no sabe de ajustes ni de decretos de necesidad y urgencia. En un contexto político hostil, donde el gobierno de Javier Milei ejecuta un desmantelamiento feroz de las políticas de derechos humanos y asfixia los presupuestos de las instituciones de la memoria, las Abuelas de Plaza de Mayo, la justicia federal de Tucumán y la ciencia soberana le acaban de regalar al país un triunfo histórico: Marcos Eduardo Ramos, el nieto restituido N° 128, recuperó su identidad completa al confirmar científicamente quién fue su papá.

La noticia se dio a conocer a través del portal fiscales.gob.ar por la Oficina de Derechos Humanos de Tucumán de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, coordinada por el fiscal Pablo Camuña. Es un logro que se celebra por partida doble: la confirmación llegó el mismo día del cumpleaños de Marcos y a solo once días del inicio del juicio oral que juzgará a los responsables de su apropiación criminal.

 

«Rosario panzona»: un recuerdo infantil que la dictadura no pudo borrar

Marcos nació el 9 de junio de 1976 en San Miguel de Tucumán. Su mamá, Rosario del Carmen Ramos, y su papá, Pastor Dante Campos, eran militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).

Debido a la clandestinidad y a la brutal persecución, sus vidas estaban cruzadas por el peligro y el secreto. Pastor desapareció antes de que Marcos naciera y se presume que nunca llegó a conocer a su hijo. Rosario fue secuestrada embarazada, permaneció cautiva un mes, dio a luz a Marcos y, a finales de 1976, fue secuestrada nuevamente por segunda vez. Desde entonces, permanece desaparecida.

A los pocos meses de vida, Marcos fue secuestrado junto a su medio hermano Ismael Suleiman, de entonces 8 años, de la casa donde los cuidaba una familia allegada. Los llevaron a un centro clandestino en Tafí Viejo. Esa fue la última vez que Ismael vio a su hermanito. Marcos fue entregado como un «premio de guerra» a Víctor Lucio Sánchez, alias “Pecho i’ Tabla”, quien operaba como Personal Civil de Inteligencia del Destacamento 142 del Ejército Argentino en Tucumán.

La familia paterna de Marcos también sufrió el desguace del terrorismo de Estado. Quedaron huérfanos tempranamente y se dispersaron. De los cuatro hermanos Campos, hoy solo vive Ilda. Ella tenía apenas 9 años la última vez que vio a su hermano Pastor junto a «Rosario panzona». Ese registro infantil, ese recuerdo borroso y doloroso guardado en la memoria de una niña de 9 años, fue la pista humana fundamental que robusteció la hipótesis de la fiscalía.

 

La ciencia soberana vence al ahogo presupuestario de Milei

En agosto de 2018, gracias al trabajo de las Abuelas y del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), Marcos Ramos pudo abrazar a sus hermanos maternos, Elías e Ismael. Sin embargo, la rama paterna seguía siendo una incógnita.

Como no se contaba con suficientes familiares vivos de la línea de los Campos, las técnicas tradicionales del laboratorio no alcanzaban para demostrar la inclusión de Marcos.

El milagro científico y político llegó gracias a las nuevas tecnologías incorporadas en el BNDG. Mediante un análisis revolucionario, el organismo logró procesar 2.900 nuevos marcadores genéticos que permitieron confirmar el vínculo filial de Marcos utilizando únicamente el ADN de su tía Ilda, sin necesidad de contar con más familiares vivos.

La ciencia argentina repuso la información que los genocidas pretendieron callar con la muerte y la desaparición.

Este triunfo científico tiene un valor político incalculable en la Argentina actual. El logro de las Abuelas y el BNDG ocurre en medio de un deliberado ahogo presupuestario ejecutado por el presidente Javier Milei contra los organismos de derechos humanos.

Hace apenas unas semanas, la institución estuvo al borde de la parálisis total por falta de financiamiento estatal, y fue gracias a una medida cautelar dictada por el juez federal Alejo Ramos Padilla que el Poder Ejecutivo se vio obligado a liberar las partidas presupuestarias mínimas de subsistencia.

A pesar del desprecio oficial, la ciencia argentina demostró que la búsqueda no se detiene.

 

Un dispositivo de amor de cara al juicio oral

La restitución del nieto 128 se consolidó gracias al trabajo del fiscal Patricio Rovira y el equipo interdisciplinario de la fiscalía tucumana, que construyó un dispositivo inédito de acompañamiento psicológico y social para resguardar la salud mental y los derechos de Marcos durante todo su proceso de asimilación identitaria. La semana pasada, Marcos pudo encontrarse finalmente con su tía Ilda y sus primas en un abrazo cargado de emoción y verdad.

A sus 50 años, Marcos Ramos inicia una nueva etapa de su vida con el árbol genealógico completo, rodeado del amor que le fue negado en la infancia. Y lo hace con las herramientas de la verdad de su lado: el próximo miércoles 17 de junio de 2026 comenzará en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán el juicio oral por su sustracción y sustitución de identidad.

El único imputado que llegará vivo al banquillo de los acusados es el excapitán Carlos Alberto Vega, quien en 1976 se desempeñaba como Jefe de Actividades Especiales de Inteligencia en la provincia y fue quien otorgó el aval ideológico y moral para que el apropiador Sánchez se quedara con el bebé. Con la verdad genética sobre la mesa, la justicia patriarcal y militar ya no tiene dónde esconderse. ¡Bienvenido a tu historia completa, querido Marcos! ¡La memoria vence!

 

Las Abuelas eternas y la posta de una búsqueda inquebrantable

El milagro científico y humano que hoy nos devuelve la identidad completa de Marcos Ramos no es solo un logro de laboratorio; es el testimonio vivo de una resistencia que ya es eterna.

Ocurre en un presente doloroso, donde muchas de nuestras queridas Abuelas se están yendo físicamente sin haber podido abrazar a sus propios nietos o nietas Se van con la herida abierta del despojo, pero con la certeza absoluta de haber sembrado la verdad en una tierra que pretendían estéril.

A pesar del paso implacable del tiempo, de los bastones y de las ausencias, las Abuelas que se quedan siguen haciendo frente a todo con la misma dignidad inquebrantable con la que desafiaron a los tanques y a los fusiles en los años más oscuros de la dictadura.

Hoy les toca resistir al destrato oficial y al desfinanciamiento de un gobierno que intenta borrar la memoria colectiva. Pero se equivocan: a las Abuelas no se las desfinancia, porque su legado ya no le pertenece a un presupuesto, le pertenece a la historia de un pueblo.

Esta restitución es el mensaje más potente que las Abuelas le dejan al futuro. Las banderas de la memoria, la verdad y la justicia ya no están solas. Son estos nietos recuperados —los que sobrevivieron al horror, los que sanaron su historia a fuerza de coraje, los que hoy se abrazan con sus hermanos y tías— quienes levantan la posta. Marcos, Ismael, Elías y cada uno de los 133 nietos restituidos son los nuevos guardianes de esta búsqueda. Serán ellos, junto a toda una generación nacida en democracia, quienes seguirán golpeando puertas, exigiendo presupuestos para la ciencia y rastreando los perfiles genéticos que faltan.

Las Abuelas sembraron amor donde los genocidas dejaron muerte, y esa cosecha de verdad es una fuerza que ningún gobierno de turno va a poder detener. La búsqueda de los más de 300 nietos que faltan sigue en marcha, ahora y siempre.

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