La escritora Raquel Tejerina pasó por el estudio de Las Brujas que Salem para conversar sobre su primera y magnética novela, La Stalker, editada por Beatriz Viterbo.
En un cruce radial hilarante, tierno y con una aguda perspectiva de género, la autora nacida en Hurlingham desarmó los mandatos de la corrección política actual para meterse con las contradicciones más profundas de las identidades feminizadas. La Stalker es una novela corta pero adictiva que explora la obsesión, el deseo de ser querida y el misticismo cotidiano a través de un personaje que subvierte el molde de la mujer omnipotente: Julia, una antiheroína colectiva en la que todas, alguna vez, nos podemos reconocer.
Julia, la antiheroína colectiva que habita el «Lado B» de las mujeres
Frente al imperativo de la época que exige que las mujeres sean sujetos cien por ciento empoderados y autosuficientes, Tejerina propone un repliegue estético hacia la imperfección. Su protagonista, Julia, se permite la neurosis y la fijación absoluta con un varón; busca desesperadamente el afecto y fuerza el orden de las cosas para encajar sus deseos.
«¿Qué esperamos de la literatura?», se preguntó la autora durante la entrevista.
«Yo intento no caer en lugares comunes. En esta novela quise mostrar una cara súper verdadera y real de las mujeres, y no por eso es una historia mala, o menos feminista, o menos nada. Las mujeres somos un montón de cosas y hay que abrazar todo lo que somos. La voz de Julia, si bien no está tan escrita, es una voz que conocemos todas».
El personaje fue construido mediante un ejercicio de «robo» afectivo y literario: Tejerina sintetizó en Julia anécdotas, tics y obsesiones extraídas de sus propias amigas y de mujeres reales de su entorno.
Santa Rita y el misticismo digital: La fe extrema ante la desesperación
Uno de los recursos más festejados de la novela es cómo la protagonista combina las lógicas de la investigación digital contemporánea con el pensamiento mágico. Julia es una detective de libreta en mano; cruza datos, fechas y pantallas en un bucle obsesivo que en ella se limita al plano amoroso, pero en la cotidianeidad de las personas puede activarse por el empleo, la admiración o el quiebre de una vieja amistad.
Para lidiar con esa neurosis del stalkeo, Julia recurre al universo y a la fe desesperada: le pide milagros a Santa Rita, consulta el I Ching y busca señales místicas en cualquier detalle mundano. Tejerina reveló que hizo una investigación histórica sobre Santa Rita, encontrando a una figura apasionante: una mujer que insistió contra viento y marea para ser monja a pesar de haber tenido hijos y haber sido segregada por las instituciones eclesiásticas.
«En cualquier situación extrema o desesperante, los seres humanos nos volvemos creyentes de todo», explicó la autora. Julia exacerba esa condición humana: cree en todo en simultáneo para sostener su obsesión, construyendo una velocidad mental neurótica donde el pensamiento y el habla se confunden.
Del Facebook al presente: Actualizar el manuscrito sin moralizar
La cocina de La Stalker conllevó desafíos temporales. Tejerina detalló que la novela fue escrita originalmente hace varios años. Cuando surgió la oportunidad concreta de editarla, sintió el temor de que la obra hubiese «envejecido» porque en el manuscrito original Julia realizaba sus búsquedas a través de Facebook, previo a la explosión masiva de plataformas como TikTok, Tinder o Bumble.
Junto a su editora, decidió reescribir y actualizar ciertos soportes tecnológicos, entendiendo que «un texto es el reflejo de un momento». El resultado fue una novela de un ritmo frenético y un humor inteligentísimo que nació para evitar el sermón:
«El humor fue un escape para no caer en lugares comunes y no dar cátedra de nada. El texto toca temas complejos como las relaciones hombre-mujer. Yo no quería sermonear, quería descontracturar eso. Si estamos buscando a un tipo que está maltratando de alguna manera a una mina, no hace falta ponerle toda la carga o bajada de línea de lo que pensamos muchas mujeres; yo quería que el lector pueda solo discernir: ‘este sí, este no’. Hay gente que está de acuerdo con Julia y otra que no, y yo buscaba que pasara eso, que ella dude, porque somos eso también».
Salvaje Federal y el rock del Oeste
Además de su labor novelística, Raquel Tejerina es una militante activa del ecosistema cultural independiente. Junto a Natalia Peroni y la consagrada escritora Selva Almada, lleva adelante Salvaje Federal, una librería virtual y proyecto cultural abocado a visibilizar la literatura escrita y editada en las provincias de la Argentina, dividiendo su catálogo en regiones geográficas (Fluvial, Andina, Patagónica, Montaraz y Pampeana).
Al ser consultada por las conductoras sobre el anclaje de su novela, Tejerina aclaró que, aunque vive hace muchos años en la Ciudad de Buenos Aires, La Stalker se inscribe dentro de la región Pampeana porque ella pertenece afectiva e históricamente al Gran Buenos Aires. «Yo soy de Hurlingham. Generalmente vivo en Capital, pero para siempre voy a ser de Hurlingham, del Oeste, donde está el rock», reivindicó con orgullo bonaerense. Además, aprovechó para invitar a la audiencia al Festival de Poesía de Hurlingham, donde el proyecto editorial dirá presente con su propio stand de difusión.
Dónde conseguir «La Stalker»
La Stalker es descrita por las conductoras de Las Brujas que Salem como una joya magnética, ideal tanto para lectoras voraces como para aquellas personas que desean iniciarse en la literatura a través de una historia ágil y divertida.
El libro se encuentra disponible en los circuitos de librerías independientes de todo el país y puede adquirirse de forma directa a través de la plataforma oficial del proyecto de las autoras: salvajefederal.com.
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