El peor final de un «viaje a pedido»: la autopsia confirmó el horror y la Fiscalía espera que el infanticida despierte para imputarlo

 

La investigación judicial por el brutal infanticidio que conmueve al país avanza de manera urgente en los tribunales neuquinos. Este lunes se conocieron los últimos datos claves de la causa: el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial concluyó la autopsia en Neuquén capital y entregó el cuerpo de la pequeña Bakari Eluney Pino (3) a su mamá, Anahí, para que pueda trasladarla y despedirla en su Lamarque natal. Mientras tanto, la formulación de cargos contra el único imputado, Carlos Arias (36), se encuentra legalmente en pausa. El asesino permanece internado en estado crítico, sedado, entubado y en coma inducido en el Hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes, bajo una estricta y permanente custodia policial. El fiscal Adrián De Lillo y el fiscal jefe Gastón Ávila lideran un expediente caratulado provisionalmente como homicidio doblemente calificado por el vínculo y por femicidio vinculado.

 

Ir yendo hacia atrás: la trampa detrás de la invitación

Para entender las dimensiones de esta perversión, hay que rebobinar la película hasta el miércoles anterior. La pareja estaba separada de hecho. Arias se había instalado en Villa La Angostura en febrero para trabajar en la construcción, y desde allí comenzó a presionar e insistir con que quería ver a su hija. Anahí, buscando de buena fe que el hombre mantuviera el lazo con la nena, accedió. Juntó sus cosas y viajó más de 700 kilómetros en colectivo desde la localidad rionegrina de Lamarque sin sospechar el horror que él ya planificaba.

 

El estallido del horror el sábado por la tarde

El violento desenlace ocurrió el sábado, minutos después de las 18:30, en la vivienda donde Arias residía temporalmente sobre la Avenida Siete Lagos al 340. De acuerdo con la reconstrucción preliminar de la Policía de Neuquén, se desató una violenta agresión del hombre hacia Anahí. En medio de los golpes y las amenazas de muerte, la joven madre logró una maniobra desesperada: saltó por una ventana de la casa y corrió hacia la calle para pedir el auxilio de un vecino.

 

Arias, al ver que su víctima principal había escapado de sus manos y de su control, decidió romperla por donde más le iba a doler para toda la vida. Agarró un arma blanca y atacó directamente a la nena de tres años, asesinándola en el acto dentro del dormitorio. Consumado el infanticidio, y al escuchar que los patrulleros ya rodeaban la manzana, el agresor intentó eludir la justicia ordinaria autoflagelándose con un corte profundo en el cuello, quedando ensangrentado al lado de la pequeña.

 

La figura de femicidio vinculado (o violencia vicaria) es la única que explica este espanto. No la mató por «locura», la mató porque consideraba a su propia hija como un objeto de pertenencia descartable, un arma destructiva diseñada exclusivamente para fusilar psicológicamente el alma de la madre.  Esperamos que Arias sobreviva, despierte y enfrente una condena a prisión perpetua efectiva, sin el más mínimo atenuante.

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