El monstruo en el jardín de al lado: Brücher, la impunidad nazi en Mendoza y el saqueo del tesoro vegetal del mundo

 

La memoria como resistencia: En 1991, el botánico de la Universidad Nacional de Cuyo conocido como «Don Enrique» fue torturado y asesinado en su finca. Detrás del apacible vecino se escondía Heinz Brücher, un ex teniente de las SS que robó el mayor banco de semillas del planeta. El caso quedó rápidamente archivado en los tribunales mendocinos como un hecho policial confuso y un manto de silencio absoluto cubrió el crimen durante tres décadas.

Esta escalofriante trama científica, criminal y geopolítica fue rescatada del olvido por las directoras y guionistas Camila Menéndez y Mariana Guzzante en su aclamado documental Brücher: Crónica botánica inaudita. El largometraje, producido en conjunto con Curandero Producciones y Silvana Díaz Coppoletta, viene de cosechar reconocimientos en laboratorios y festivales internacionales de gran prestigio como Hot Docs en Toronto, DocSP en Brasil y Ventana Sur.

En una extensa entrevista, las realizadoras compartieron los detalles de una investigación laberíntica que les llevó casi ocho años y que expone la vigencia de la soberanía sobre nuestros recursos naturales. El film se adentra en el saqueo perpetrado por el Tercer Reich al banco de semillas más grande del planeta en la Unión Soviética y en el posterior desarrollo en suelo latinoamericano de un virus letal diseñado para erradicar de forma masiva la planta de coca.

 

El hilo de Ariadna: De la redacción al set cinematográfico

La génesis del proyecto documental se remonta a una investigación que comenzó en las páginas del periodismo gráfico impreso de Mendoza:

Mariana Guzzante: «Ustedes se imaginarán que con semejante historia y con semejantes ramificaciones que tiene esta historia para la política y para el policial también, esto viene a parar en el año dos mil ocho al periódico donde en ese momento yo trabajaba como periodista. Esta historia aparece en el medio de toda una investigación sobre un libro de científicos de distintos países que viven en la Mendoza a trabajar con ciertos experimentos y demás.»

Fue en ese contexto donde una fuente le deslizó al pasar el dato revelador: «Acá vino un SS que trabajaba en la parte científica del Tercer Reich». La reacción de Mariana fue instantánea: “Y yo, ¿cómo? ¿Qué? ¿Qué es esto que te estás diciendo?”. La publicación dominical en la sección histórica titulada El túnel del tiempo causó una verdadera conmoción local: «La nota fue la más leída de ese día y demás. En consecuencia dijimos, bueno, este caso tiene muchísimo potencial».

Sin embargo, las huellas procesales de la causa judicial mendocina habían sido borradas sistemáticamente, lo que sumaba aún más misterio al asunto. Fue gracias a un encuentro familiar providencial que los caminos de la periodista y la documentalista Camila Menéndez se cruzaron: «Aparece esta historia como algo que ya estaba pululando, que tenía muchas ganas de volverse documental. Y Camila, que venía con toda su expertiz dentro del documental y demás, agarró la posta y dijo: esto lo tenemos que hacer película, tenemos que llevarlo a la pantalla».

 

El misterio borgiano de un expediente destruido

A pesar de los años transcurridos y de encontrarse en plena etapa de exhibición de la película, el caso Brücher se comporta como una estructura viva que sigue arrojando sorpresas de manera permanente:

Mariana Guzzante: «La investigación nos sigue llevando, pero les cuento que mientras esto está rodando, se siguen destapando cosas. Hace dos días apareció un nuevo archivo, porque es un caso que tiene muchas capas de misterio, no solamente una. Lo que pasa es que el expediente del caso del asesinato desapareció, fue destruido. Nosotros lo planteamos como un policial porque tiene todas las características de un policial, por supuesto, pero también de un policial poético y de un policial del cual se desprenden un montón de miradas sobre nosotros también como país y como sociedad.»

Esta imposibilidad de acceder a una verdad oficial y judicial única le imprime al documental una atmósfera marcadamente ficcional e intelectual: «Ese es el juego como borgiano que tiene el documental: puede haber tantas hipótesis y todas pueden ser verdaderas al mismo tiempo».

Al día de hoy, las realizadoras confirman que continúan emergiendo nuevas líneas y teorías sobre los autores materiales e intelectuales que ejecutaron al botánico en la Cordillera.

 

El robo del siglo: El tesoro biológico de Vavilov y la barbarie nazi

El documental logra desmontar de manera magistral una de las operaciones científicas y de saqueo biológico menos difundidas de la Segunda Guerra Mundial. Con apenas veintisiete años, el joven oficial de las SS Heinz Brücher lideró un comando especial encargado de asaltar el banco de germoplasma estratégico soviético:

Camila Menéndez: «Donde hay más intereses geopolíticos es en la historia de las semillas. Ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, donde Brücher fue el líder de un comando que robó el banco de semillas más grande del mundo en ese momento, que había sido creado por un científico soviético, Nikolai Vavilov, que tenía el sueño de eliminar el hambre del planeta. Muy joven se dio cuenta que lo importante era la variabilidad genética. Viajó por todo el mundo recolectando semillas de diferentes lugares en expediciones que resultaban carísimas. Eso era un tesoro vegetal.»

La paradoja histórica resulta devastadora y expone la crudeza de los regímenes totalitarios de la época: “Vavilov es el bueno de la película y murió de hambre en un gulag. Lo acusaron de ser antirevolucionario y Stalin lo metió preso. El mismo año que Vavilov murió de hambre en un gulag, Brücher le robó las semillas”.

Tras desobedecer la orden directa de los altos mandos alemanes de destruir el botín ante el inminente avance aliado, Brücher escapó con el valioso material biológico. El largometraje aporta pruebas y testimonios exclusivos sobre el destino final de ese cargamento estratégico en la Provincia de Mendoza:

Camila Menéndez: «Cuando Brücher entró al país, venía con un cargamento de media tonelada que nunca se supo bien qué era. Hablando con la gente que lo conocía, encontramos a un alumno de él, al que le hicimos una entrevista antes de que falleciera. Él nos contó que había sido alumno y discípulo de Brücher y que éste le había entregado unas semillas para que plantara, diciéndole que se las habían mandado de Ucrania. Las plantó y le salió un trigo enano, una cebada roja, todas especies que no había visto nunca en la región. Las cultivó, las cosechó, las guardó y ahí se pierde el rastro de esas semillas. Buscaban variabilidad genética para cruzar especies y obtener súper alimentos.»

 

La red de contención latinoamericana y «La banalidad del mal»

La investigación documental deja en evidencia que el arribo de Heinz Brücher a la Argentina no fue un hecho aislado o fortuito, sino que formó parte de un entramado institucional y académico muy denso que funcionó como polo de recepción para científicos del Tercer Reich:

Mariana Guzzante: «Su participación en el Tercer Reich y su cargo de teniente de la SS está documentado y chequeado en sus expedientes. Su trabajo dentro de lo que es la Ahnenerbe y el Instituto de Higiene Racial de Alemania está totalmente comprobado por investigadores que han trabajado con esos archivos. Después, en la parte argentina, están los expedientes universitarios de la Universidad de Mendoza y de la Universidad de Tucumán. Hay que recordar el caso Eichmann; Eichmann estuvo también en Tucumán. La Universidad de Tucumán fue un polo donde fueron albergados varios científicos que tenían que ver con el Reich. Y Paraguay también; hay una línea paraguaya porque él trabajó mucho tiempo e hizo investigaciones allí. Hay una red latinoamericana.»

 

Uno de los aspectos más perturbadores que revela la película es la absoluta disociación y naturalización social que operó en torno a su figura. Brücher jamás se cambió el apellido y se integró plenamente al circuito académico formal de la Universidad Nacional de Cuyo.

Camila Menéndez: «Heinz Brücher nunca se cambió el nombre, pero nadie sabía que era nazi. Él nunca habló de su pasado en las SS cuando trabajó acá en la Universidad Nacional de Cuyo, cuando era vecino de Ugartecho, un vecino querido, respetado, al que le decían Don Enrique. La gente que había sido su alumno, su compañero de trabajo o su empleado se enteró de que era nazi recién por la nota que publicó Mariana.»

Las realizadoras hicieron hincapié en el inmenso desafío que implicó la construcción del guion para evitar caer en trazos gruesos o estigmatizaciones que le quitaran rigor histórico a la denuncia. Para lograrlo, implementaron un valioso recurso narrativo y epistolar sustentado en la correspondencia real que el criminal nazi mantuvo durante décadas con un colega de la Universidad de Vermont.

Esa respetabilidad académica de la que gozó Brücher abre debates éticos profundos sobre la complicidad social:

Camila Menéndez: «A pesar de haberse enterado de que era nazi, sobre todo los científicos lo seguían respetando muchísimo como científico. Seguían hablando de él con mucha admiración. Era como que estaba totalmente escindido en la mente de las personas la figura del nazi con su labor científica.»

Mariana Guzzante: «Es muy escalofriante pensar la naturalidad con que una sociedad asume la presencia de estas ideologías de una manera vecinal. Nosotros hablamos mucho sobre la banalidad del mal durante el desarrollo del documental. Se da esta charla sobre la posibilidad de que el monstruo sea tu vecino de al lado y qué permeables somos a eso. Cómo lo naturalizamos, cómo lo aceptamos e incluso cómo puede ser una persona completamente respetada donde la gente mira para un costado cuando hay un tema incómodo. ¿Dónde nos pone eso como sociedad?»

Rodar en la intemperie: El heroísmo del cine nacional independiente

Hacer cine independiente en la Argentina contemporánea constituye un acto de militancia cultural y resistencia pura. Las directoras describieron las condiciones sumamente adversas en las que debieron llevar adelante el rodaje, enfrentando un panorama político y económico hostil hacia la producción audiovisual nacional:

Mariana Guzzante: «La división de tareas fue medio imposible porque en realidad hicimos todo, todas, todo el tiempo. Trabajar con Camila ha sido una aventura maravillosa, hemos convivido. Filmamos en un furioso verano mendocino. Fue un rodaje extremo, un rodaje extremo. Tuvimos que salir así con el comando a filmar porque ustedes conocen la situación del audiovisual, está muy complicado. Así que esto ha sido contra viento y marea a pesar de todas las trabas y a todos los huracanes en contra. Lo pensamos, lo meditamos y lo decidimos: íbamos a hacerlo como fuese. Y así fue, poniendo el cuerpo, los recursos y la energía hasta el final.»

Camila Menéndez: «Mariana venía de la investigación periodística y yo más del lado del cine. Pero hubo una sinergia muy interesante porque fue tan largo el proceso de investigación que estábamos las dos muy empapadas de la historia. Todo fluyó muy fácilmente al punto de que pudimos lograr filmar rapidísimo porque la verdad que ha sido muy, muy difícil. Casi milagroso, heroico, le decíamos nosotros.»

 

Pese a los intentos oficiales por desmantelar y asfixiar las pantallas públicas, el documental logró abrirse camino en las salas del Cine Gaumont y en la red de Espacios INCAA de diversas provincias argentinas.

Actualmente, la película continúa su recorrido de exhibición independiente en festivales nacionales como el de La Mujer y el Cine, además de proyectarse en el Festival Audiovisual Bariloche y en distintas salas de Mendoza.

 

La vigencia del germoplasma: Las semillas como botín colonial actual

Para las directoras, Brücher: Crónica botánica inaudita no se agota en la mera reconstrucción biográfica o en el revisionismo histórico.

La película funciona como una potente alarma geopolítica sobre el control de los recursos estratégicos en América Latina, en un momento donde las corporaciones multinacionales y las normativas vigentes amenazan la soberanía alimentaria de los pueblos

Mariana Guzzante: «Nos interesa mucho con la película que seamos conscientes del tesoro que implica el tema de nuestras semillas, que es un tema en disputa al día de hoy y ustedes lo saben. Ojalá surjan muchas preguntas sobre este tema porque es justamente lo que nos interesa plantear. El tema es activar la historia y ver cómo es la poshistoria, cómo se vive ahora y cómo se reflejan todos estos temas en el presente. También el tema de nuestros recursos y cómo nos manejamos con ellos.»

El documental nos sitúa frente a una disyuntiva histórica ineludible. Frente al despojo material de los bienes comunes de nuestra tierra, el cine documental asume su rol histórico: rescatar los archivos, sembrar las preguntas incómodas y encender la memoria colectiva contra la impunidad cotidiana.

 

Perfil de las Realizadoras: El binomio detrás de Brücher

La investigación, el guion y la dirección de Brücher: Crónica botánica inaudita se consolidaron gracias a la sinergia y complementariedad de sus creadoras. El cruce entre el periodismo de investigación profunda y la narrativa cinematográfica documental define la identidad de este binomio audiovisual independiente.

Mariana Guzzante: Rigor periodístico y rescate de archivos

Mariana Guzzante es una destacada periodista de investigación, escritora y editora nacida en la provincia de Mendoza. Cuenta con una trayectoria de más de dos décadas en el periodismo gráfico y cultural, habiéndose desempeñado durante años en las secciones de historia, sociedad y cultura de los principales medios escritos de la región de Cuyo.

Su labor destaca por el rastreo meticuloso de la historia local y las biografías silenciadas. En el año 2008 mientras trabajaba en profundidad sobre la inmigración de científicos extranjeros a Mendoza, destapó de forma pionera la verdadera identidad de Heinz Brücher a través de crónicas publicadas en la célebre sección dominical El túnel del tiempo. A partir de ese hito, continuó un exhaustivo rastreo de expedientes académicos destruidos, correspondencias internacionales y testimonios orales, labor que se convirtió en la columna vertebral de la investigación histórica y el recurso epistolar del largometraje. Su desembarco en la codirección cinematográfica aporta al film un agudo sentido de la denuncia, un manejo impecable del archivo documental y un enfoque de soberanía de los recursos.

Camila Menéndez: Mirada estética y compromiso audiovisual

Camila Menéndez es directora, guionista y productora de cine documental egresada de la Escuela Regional de Cuyo de Cine y Video. A lo largo de su carrera se ha consolidado como una potente voz del cine federal independiente, especializándose en narrativas que exploran problemáticas sociales, identitarias y de derechos humanos con un fuerte compromiso territorial.

Escuchá la entrevista completa en Radio Trinchera

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí