En una ceremonia atravesada por discursos urgentes contra el ajuste cultural de Javier Milei, la comunidad audiovisual transformó la gala del Teatro Alvear en un acto de resistencia colectiva. La obra de Dolores Fonzi se consagró como Mejor Película de Ficción en una noche donde Lucrecia Martel llamó a “inventar mundos y señalar rumbos”.
El cine argentino no se queda callado.
En un contexto de asfixia presupuestaria, desfinanciamiento explícito y permanentes ataques ideológicos ejecutados por el gobierno de Javier Milei hacia el sector cultural, la industria audiovisual demostró que su capacidad de construcción de memoria e identidad sigue intacta.
Durante la entrega de los Premios Sur 2026, otorgados por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en el Teatro Presidente Alvear, la tradicional celebración del talento local se transformó en una trinchera de militancia política y denuncia pública frente al vaciamiento institucional.
La gran ganadora de la velada fue “Belén”, la aclamada producción dirigida por Dolores Fonzi que se quedó con la estatuilla a Mejor Película de Ficción. El triunfo de este potente drama judicial —basado en el libro Somos Belén de Ana Correa— posee una carga fuertemente simbólica: narra la historia real de la joven tucumana encarcelada injustamente tras sufrir un aborto espontáneo, desnudando las violencias de la justicia patriarcal.
La película, que ya había cosechado reconocimiento internacional y rozado la nominación al Oscar, cerró una temporada excepcional acumulando cinco galardones, entre ellos Mejor Guion Adaptado (para Fonzi y Laura Paredes), Mejor Montaje (Andrés Pepe Estrada) y las distinciones a Camila Pláate como Mejor Actriz de Reparto y Actriz Revelación.
“Lo que más miedo me da es que en la memoria de las máquinas quedemos como la generación que no supo qué hacer con el mejor trabajo del mundo en un momento en el que el país lo necesitaba y lo pedía a gritos”.
— Lucrecia Martel, directora de cine y Premio de Honor.
La voz de los realizadores: frentes de combate contra la motosierra
El tono de la ceremonia estuvo marcado por la ausencia total de tibieza. Actores, directores, productores y técnicos aprovecharon la transmisión en vivo —coordinada por las pantallas de TNT y HBO Max— para denunciar la destrucción sistemática de las políticas públicas destinadas al fomento de las artes visuales.
La intervención más contundente de la noche estuvo a cargo de la icónica realizadora Lucrecia Martel, quien recibió el Premio de Honor de la Academia bajo una ovación cerrada. «Inventar mundos es también señalar rumbos a nuestros vecinos, a nuestra audiencia», reflexionó sobre el rol sociopolítico de los creadores en tiempos de crisis. Martel interpeló de forma directa a sus colegas, advirtiendo sobre el peligro de la parálisis colectiva frente al desguace estatal.
En esa misma línea de combate discursivo se plantó el director Fernando Spiner, al subir al escenario tras consagrar a “Weser” como Mejor Película Documental. Spiner apuntó sin rodeos contra la administración nacional: “El gobierno nacional está destruyendo a la industria argentina y con ello a la industria del cine”, denunció con firmeza.
El documentalista convocó a la comunidad a la acción directa: “Tenemos que pelear mucho para defender este cine que tiene una historia increíble y un gran presente, a pesar de la situación crítica”.
Incluso desde el ala industrial, el histórico productor Luis Alberto Scalella sumó su reclamo al señalar que recuperar el respaldo económico del Estado «es una necesidad urgente».
Los otros faros de una noche de excelencia
A pesar del ahogo financiero que sufre el sector, la gala del Teatro Alvear expuso la altísima calidad técnica y narrativa que sostiene la marca del cine nacional en el mundo:“Gatillero”:
El virtuoso thriller filmado íntegramente en plano secuencia fue la otra gran ganadora con cinco estatuillas, incluyendo Mejor Dirección y Mejor Guion Original para Cris Tapia Marchiori (este último compartido con Clara Ambrosoni), además de los rubros de Fotografía (Martín Sapia), Sonido (Emiliano Biaiñ y Marcos Zoppi) y Maquillaje (Mariángeles Capparelli).
“El Eternauta”: La esperada adaptación de la obra cumbre de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López consolidó su arrollador impacto popular al quedarse con el premio a Mejor Serie de Ficción.Nuevas miradas:
“La Noche sin Mí” (de María Laura Berch y Laura Chiabrando) se alzó como Mejor Ópera Prima, mientras que “Tu cuerpo en mi habitación” (Axel Cheb Terrab) hizo historia al ganar en la categoría debut de Mejor Cortometraje.Los Premios Sur 2026 dejaron en claro que la comunidad del cine argentino no concibe el arte como un mero producto de mercado, sino como una herramienta de resistencia política.
En una Argentina ensombrecida por el ajuste y el desprecio oficial hacia sus industrias culturales, los artistas volvieron a demostrar que el pensamiento crítico no se puede recortar por decreto.
El triunfo de “Belén” en los Premios Sur: cuando el cine expone el laboratorio judicial patriarcal del norte argentino
La consagración de la película de Dolores Fonzi como Mejor Ficción enciende un debate urgente.
El drama de la joven tucumana, encarcelada tras sufrir un aborto espontáneo, dialoga de forma directa con la reciente absolución y la impunidad sistémica en el femicidio de Paulina Lebbos.
El aplauso cerrado que consagró a “Belén” como la Mejor Película de Ficción en los Premios Sur 2026 trascendió las fronteras del reconocimiento artístico
En una ceremonia marcada por la resistencia cultural ante el ajuste, que la obra dirigida por Dolores Fonzi y basada en la investigación de Ana Correa se haya alzado con la máxima estatuilla posee una densidad política ineludible.
La película no es solo un éxito de taquilla o una pieza de exportación cinematográfica; es un espejo incómodo que expone el ensañamiento y la doble vara de la corporación judicial del norte argentino frente a los cuerpos de las mujeres y personas gestantes.
La historia real de Belén —la joven tucumana que en 2014 ingresó a un hospital público con un aborto espontáneo en curso y terminó condenada a 8 años de prisión efectiva por «homicidio agravado»— funciona como la radiografía de un sistema judicial de raíces coloniales y feudales
En provincias como Tucumán, el aparato penal opera de forma reactiva y con un sesgo de clase y género inocultable: criminaliza de manera inmediata la pobreza y las emergencias obstétricas en base a prejuicios morales, violando el secreto profesional médico y las garantías constitucionales básicas.
Belén pasó casi tres años encarcelada ilegalmente antes de que la movilización feminista y la defensa legal forzaran su absolución histórica.
En el norte argentino, la Justicia funciona como un dispositivo de disciplinamiento: es implacable para cazar la pobreza, pero garantiza el olvido cuando los victimarios rozan los círculos del poder.
El triunfo de esta narrativa cinematográfica adquiere una vigencia escalofriante al cruzarse con la actualidad de la misma provincia
Apenas semanas atrás, el Tribunal de la Sala III de Tucumán dictó la absolución de los únicos imputados por el femicidio de Paulina Lebbos, la estudiante de 26 años asesinada en 2006.
Aquel fallo consagró dos décadas de impunidad absoluta en un caso donde la cúpula policial y funcionarios políticos del entonces gobernador José Alperovich alteraron la escena del crimen y destruyeron pruebas biológicas para encubrir a los responsables.
Al conectar ambos sucesos, el veredicto del cine y el veredicto de los tribunales trazan un paralelismo estructural. Mientras la maquinaria judicial tucumana montó una cacería exprés contra Belén sin peritajes de ADN ni evidencias científicas, esa misma estructura penal ensayó una desidia planificada durante 20 años para desgastar la causa Lebbos, garantizando la prescripción de los delitos y la impunidad de los denominados «hijos del poder».
Como denunció Leticia Nieva, hija de Paulina y testigo del desguace del expediente: «A mi mamá la asesinaron y el Estado decidió no saber quién fue».
Esa decisión estatal de «no saber» en el caso de un femicidio es la contracara exacta de la obstinación penal por condenar a Belén ante un evento de la naturaleza.
Que la comunidad cinematográfica argentina ratifique la vigencia de la historia de Belén en sus premios más importantes es un acto de estricta militancia cívica.
En tiempos donde las políticas de género son desmanteladas desde el Poder Ejecutivo Nacional y las narrativas negacionistas intentan ganar terreno, la obra de Dolores Fonzi recuerda que el arte es una herramienta fundamental para disputar el sentido de la justicia.
Mientras los tribunales del norte argentino siguen firmando actas de capitulación frente al poder feudal, el cine nacional se encarga de que el reclamo por los derechos y la vida de las mujeres no se pueda archivar en el fondo de un expediente.










