El control absoluto y el vacío existencial: por qué se suicidan los femicidas, según el psiquiatra Enrique Stola

El médico psiquiatra Enrique Stola analiza la dependencia psicológica y las dinámicas de dominación en los agresores de género.

 

El reconocido médico psiquiatra y activista feminista Enrique Stola desmitificó los motivos detrás del suicidio de los femicidas, desarmando la creencia común de que lo hacen por temor a la cárcel o a la exposición pública.

A través de un análisis profundo, el especialista explicó que este fenómeno responde a una dependencia psicológica extrema, donde la víctima es convertida en un «objeto psíquico» imprescindible para la existencia del agresor, una dinámica que se ve reflejada de forma alarmante en las estadísticas criminales de nuestro país.

Stola, ampliamente respetado por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y considerado históricamente un «brujo amigo» y aliado estratégico del colectivo periodístico Las Brujas que Salem, aportó una mirada clínica fundamental para comprender las estructuras de la dominación masculina.

La caída del estatus: un porcentaje minoritario

El especialista aclaró que solo un «pequeñísimo porcentaje de varones» decide quitarse la vida para evitar el juicio, el repudio social o la pérdida de privilegios. Cuando ocurre, suele estar ligado a varones de posiciones acomodadas para quienes la prisión representa el fin de su posición social.

Stola ejemplificó este escenario con el caso del empresario Jorge Neus, titular del Grupo Neus, quien en 2020 asesinó a su esposa Silvia Sarabia y luego se suicidó al verse acorralado por la inminencia de la justicia y la pérdida inevitable de su estatus.

La verdadera causa: la pérdida del «objeto de goce» y el vacío existencial

Para la gran mayoría de los femicidas, la motivación es completamente diferente. Según detalló el psiquiatra, el trasfondo no es el amor, sino una violencia de género extrema ejercida de manera sistemática durante meses o años. En esta estructura, la mujer no es vista como un sujeto autónomo, sino que se constituye en el centro de la dependencia psicológica del agresor, transformándose en un «objeto psíquico».

La dominación masculina, analizada desde esta perspectiva clínica, implica que la existencia y la identidad del varón violento se validan exclusivamente a través del control absoluto que ejerce sobre la víctima.

Esta violencia sistemática produce un tipo de gratificación psicológica ligada a la omnipotencia; lo que Stola define como el «goce de la dominación».

Cuando el agresor fantasea o confirma que la víctima va a poner un límite o a separarse, destruye esa fantasía de poder y se desencadena el femicidio.

Sin embargo, al asesinar a la mujer, el femicida destruye simultáneamente el andamio que sostenía su propia vida.

Al quedarse sin una víctima a la cual controlar, cae en un vacío existencial absoluto. El suicidio posterior no es un acto de arrepentimiento o culpa, sino la consecuencia de haberse quedado sin el soporte de su identidad dominante.

«Ese objeto que daba sentido a su vida deja de existir. Por lo tanto, se quedan sin sentido de vida. La única salida que queda para una persona como esta es el suicidio. Nada más», concluyó el profesional.

 

Las cifras de una problemática estructural

Esta lectura psicológica se traduce con crudeza en la realidad argentina. Los datos recabados por los observatorios de la sociedad civil y organismos de control revelan que el suicidio del agresor es un patrón sumamente arraigado en los crímenes de género.

Durante el año 2025, el país registró un total de 271 femicidios y transfemicidios. De ese total, 31 agresores se quitaron la vida inmediatamente después de cometer el crimen, lo que significa que aproximadamente el 11.4% de los femicidas recurrió al suicidio como desenlace final.

Esta tendencia se mantiene alta en las proyecciones del año 2026, donde los reportes preliminares de organizaciones como MuMaLá y la Defensoría del Pueblo de la Nación ya contabilizan 176 casos de violencia extrema en los primeros ocho meses, superando las alertas de períodos anteriores.

Las investigaciones estadísticas aportan dos factores clave que se alinean de forma directa con la tesis de Enrique Stola: el escenario y los medios empleados.

Por un lado, el 67% de los femicidios ocurre en la vivienda de la víctima o en el domicilio compartido, exponiendo el aislamiento y el control territorial doméstico.

Por el otro, el uso de armas de fuego lidera las modalidades con un 32% de los casos; un elemento facilitador que históricamente correlaciona de manera directa con los episodios de femicidio seguidos de suicidio inmediato.

En la enorme mayoría de estos casos, el detonante final de la tragedia se ejecutó en el contexto exacto de una separación formal o en las semanas posteriores a que la mujer decidiera terminar la relación.

 

Una trayectoria marcada por el compromiso

El análisis de Enrique Stola no es aislado; brota de más de cuatro décadas de experiencia en psicología clínica, estudio de las masculinidades y activismo.

El profesional se ha destacado en el ámbito judicial y social del país como psiquiatra de las víctimas del cura Julio César Grassi y como perito de parte de la actriz Thelma Fardin en su juicio contra Juan Darthés. Su estrecho vínculo con plataformas aliadas como Las Brujas que Salem reafirma su rol como uno de los principales referentes de la salud mental con perspectiva de género en la Argentina actual.

 

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