Un informe global de la revista The Lancet enciende las alarmas: los padecimientos de salud mental ya son la primera causa de discapacidad en el planeta.
En el programa de radio Las Brujas que Salem, las psicólogas Victoria Barone y Camila Marcó del Pont desarmaron los datos y explicaron por qué la ansiedad y la depresión no son problemas individuales, sino realidades atravesadas por la desigualdad de género, la sobrecarga de cuidados y la crisis económica.
Cerca de 1.200 millones de personas —el 14 por ciento de la población mundial— sufren algún problema de salud mental. La cifra casi se duplicó en comparación con los registros de 1990 y la prevalencia global de estos trastornos aumentó un 24 por ciento en las últimas tres décadas: los cuadros de ansiedad crecieron un 65 por ciento, mientras que la depresión subió un 41 por ciento.
A partir de los 15 años, las mujeres lideran de forma absoluta las estadísticas.¿Por qué este impacto desproporcionado?
Para las especialistas, la respuesta no es biológica, sino estructural. Las mujeres enfrentan de manera crónica dobles, triples o hasta cuádruples jornadas que combinan el desarrollo profesional, la gestión del hogar y las tareas de cuidado no remuneradas.
En Argentina, según datos del Indec, las mujeres dedican entre seis y siete horas diarias al trabajo doméstico, frente a las cuatro horas que promedian los varones. A este agotamiento se suman la brecha salarial, la precarización económica y la violencia de género.
El consultorio como termómetro de la época
Las psicólogas Victoria Barone y Camila Marcó del Pont, columnistas de salud mental en el programa radial Las Brujas que Salem, explicaron que estos datos macroeconómicos y globales se traducen de forma directa en la atención clínica diaria.
«Desde que comenzamos, más o menos nosotros en el 2020, justo en pandemia empezamos a atender, al día de hoy las consultas también empezaron a crecer, y muchas tienen como el fin común de la ansiedad y la depresión. O sea, claramente hubo un crecimiento de esas patologías, de esos diagnósticos, que tienen que ver con el mundo de hoy, con todo el mundo que está como muy acelerado», analizó Victoria Barone.
Por su parte, Camila Marcó del Pont planteó un interrogante generacional sobre la visibilización de estos padecimientos:
«Me pregunto un poco también esta pregunta sobre el huevo o la gallina, qué surgió primero, si es que a partir de la pandemia empezamos a hablar mucho más de salud mental y entonces la gente empezó a consultar más porque pudo ubicar ese malestar como algo que tenía que ver con su salud mental y no con algo que tal vez le sucedía porque sí».
Mandatos y sesgos de género en el diagnóstico
El informe inicial destaca que el malestar masculino suele manifestarse a través de conductas de irritabilidad, agresión o consumos problemáticos, lo que muchas veces enmascara el cuadro real. En cambio, a la mujer se la etiqueta de forma inmediata.
«El hombre es como que todo para adentro y por algún lado lo tiene que expulsar y casi siempre son en las adicciones o en la ira. La mujer casi siempre se la cataloga más de la que dice, bueno, la histérica, siempre se la llamó así», detalló Barone.
Además, compartió un caso testigo de su práctica profesional: «Hace poco me pasó con una paciente que ella vino por un cuadro de ansiedad y cuando empezó a hilar fino en lo que le pasaba, de repente se da cuenta que no solo era que trabajaba 10 horas por día, sino que tenía que ir a la casa, tenía un montón de tareas de cuidado, del hogar, también que el marido se había quedado sin empleo, por ende estaba depresivo, pero como no lo pueden poner en palabras, directamente era como decía que era una planta en la casa. Entonces, de las distintas cosas que una se tiene que ocupar, que después al momento de preguntarse, bueno, ¿quién soy o qué me pasa?, el deseo no aparece porque está puesto en distintas aristas».
Marcó del Pont coincidió en cómo los mandatos históricos moldean las patologías: «El consumo problemático por supuesto que aparece mucho más en varones, o al menos los varones consultan mucho más, y en mujeres en general tiene más que ver con la depresión, esa que queda en el ámbito de la casa, pero porque estamos acostumbradas y el mandato histórico fue que nos quedemos en nuestras casas, que realicemos las tareas de cuidado, o en los trastornos de la conducta alimentaria que tiene que ver con este atravesamiento que tenemos del cuerpo y de los mandatos a los cuales tenemos que responder».
Del estrés a la máquina: cuando se apaga el deseo
Ante la consulta sobre cómo delimitar la frontera entre estar crónicamente sobrepasada por la rutina y caer en una depresión clínica, las profesionales marcaron distinciones clave vinculadas al tiempo y a la capacidad de disfrute.
«Si pasás más de 10 horas trabajando… el deseo no aparece, somos una máquina, y lo tenemos que hacer porque tenemos que sobrevivir, por ende sí o sí tenemos que trabajar, y ahí cuando se pierde eso, directamente uno siente como esa sensación de… Como que una cosa un poco trae la otra», advirtió Marcó del Pont.
«La diferencia con el estrés es que vos tal vez te tomás unas vacaciones, tenés unos días libres, o incluso el fin de semana, y ahí aparece algo del disfrute, del deseo de poder descansar, en cambio en la depresión se prolonga en el tiempo y ese estado no cambia».
Barone sumó un elemento identitario a este proceso de automatización: «Te desdibujás también, porque si estás en automático todo el tiempo y no tenés deseo de, aunque sea, no sé, destinarte a leer un rato un libro que es algo que te guste… Lo que nos preocupa es quién soy».
Juventud, redes y el mito de la «madre perfecta»
Un dato alarmante del estudio es que las adolescentes de entre 15 y 19 años son uno de los sectores más perjudicados. La presión estética y la sobreexposición digital juegan un rol central.
«En el consultorio cada vez recibimos más jóvenes, muchas jóvenes, mujeres también, que sobre todo por ahí arrancan con una sensación de, bueno, no sé qué me pasa, la angustia, que es la ansiedad por ahí lo que más prima, pero cuando empezó a salir fino… son las exigencias que aparecen», explicó Barone.
«Las jóvenes hoy, esto que era importante también, todo lo que es lo estético, todo lo que es la visualización, las redes, todo lo que implica, también hay un gran porcentaje en depresión, hay muchos jóvenes que hoy en día consultan ya a un psiquiatra de muy temprana edad».
Esta exigencia de perfección se traslada también a las distintas etapas evolutivas de las mujeres, como la maternidad y la menopausia. El imperativo cultural de ser «madres perfectas» —sostener la lactancia exclusiva, trabajar, mantener un cuerpo hegemónico y estar siempre conformes— cancela las inquietudes personales y dispara la frustración.
A esto se agregan los factores biológicos que, al no ser hablados colectivamente, generan aislamiento.
«Las mujeres tienen un combo hormonal cuando acaban de parir, entonces también ver eso, ver si es una depresión postparto si tiene que ver con otra cosa», señaló Marcó del Pont.
El mismo fenómeno ocurre en la menopausia o en la vejez, esta última muy signada por «una soledad no deseada».
El contexto económico y el desmantelamiento de la salud pública
La salud mental no flota en el vacío; está directamente ligada a las condiciones materiales de existencia.
En contextos de alta vulnerabilidad económica, el malestar se profundiza. Datos de la Universidad Católica Argentina (UCA) revelan que el 39,5 por ciento de la población en situación de pobreza manifiesta síntomas de ansiedad y depresión.
«Cómo el contexto afecta directamente a la salud mental y a las diferentes patologías… la depresión también puede ser porque hay un contexto económico que no ayuda porque no se llega a fin de mes», denunció Marcó del Pont.
«Obvio que está directamente relacionada con el contexto y no es lo mismo tener depresión, por ejemplo, en Argentina, que actualmente la economía no ayuda, el sistema de salud tampoco responde cuando necesitamos, porque la depresión también puede prevenirse».
La psicóloga advirtió sobre el impacto directo de las políticas de ajuste en los tratamientos: «En la provincia de Buenos Aires está el programa Remediar que fue recortado por el Gobierno Nacional, pero el Remediar garantiza medicamentos psiquiátricos como un montón de otros medicamentos… y fue totalmente recortado. Si vos no tenés acceso puede devenir en una depresión y si no se agarra a tiempo también puede ser una depresión severa… No siempre es necesaria la medicación, pero hay veces que sí cuando hablamos de depresión, que vos puedas acceder, por ejemplo, a ese esquema farmacológico».
Las señales de alarma: cuándo pedir ayuda
Para finalizar, las especialistas detallaron cuáles son los indicadores clínicos cotidianos que deben encender las alertas para buscar acompañamiento profesional, ya sea para uno mismo o para alguien cercano.
Pérdida del autocuidado básico: «Lo primero que se me vino a la mente es por ahí las cuestiones que uno tiene como más naturalizadas del día a día, no sé por ejemplo lavarse los dientes, levantarse inclusive de la cama, hacerse el desayuno. Cuando esas cuestiones cuestan un poco más o directamente no me baño y de repente pasaron tres días, para mí eso son alarmas de que uno a veces no tiene como medio ritual… no tengo el incentivo, no tengo las ganas», sintetizó Victoria Barone.
La persistencia en el tiempo: «El tiempo tiene mucho que ver con eso, cuando algo se sostiene mucho, bueno tal vez hay que pedir ayuda a un profesional o a un amigo. Un día te puede pasar, capaz un día te levantaste y no tenés ganas de lavarte los dientes, puede pasar, ahora si eso se sostiene en el tiempo, para mí es un indicador de alerta», remarcó Camila Marcó del Pont.
Trastornos del sueño severos: «Sobre todo, bueno, no poder dormir, el sueño afecta muchísimo si hay alguien que está con mucho insomnio, que no puede dormir en ningún momento del día. Porque hay veces que pasa que no podemos dormir a la noche pero después nos clavamos una siesta de tres horas, bueno, ahí no hay problemas del sueño sino tal vez de ansiedad en algún momento del día, pero si no se puede conciliar el sueño, ese también es un indicador para consultar», concluyó Marcó del Pont.
Frente a un panorama complejo y un sistema de salud público desfinanciado, las profesionales rescataron la importancia fundamental de democratizar la palabra y construir lazos de contención barriales, comunitarios y afectivos.
Sostienen que la salud mental también radica en recuperar colectivamente el espacio para el deseo y el disfrute con los otros, como la herramienta de resistencia más humana y al alcance de la mano.
Las redes colectivas y el derecho al disfrute: la resistencia frente a la crisis
Frente a un panorama complejo y un sistema de salud público desfinanciado, las profesionales rescataron la importancia fundamental de democratizar la palabra y construir lazos de contención barriales, comunitarios y afectivos. Sostienen que la salud mental también radica en recuperar colectivamente el espacio para el deseo y el disfrute con los otros, como la herramienta de resistencia más humana y al alcance de la mano.
«Retomando un poco lo de los momentos evolutivos, me parece que también abordarlos desde una perspectiva de género, sobre todo en esto que tiene que ver con la depresión postparto, también tiene que ver bueno, las mujeres tienen un combo hormonal cuando acaban de parir, entonces también ver eso, ver si es una depresión postparto si tiene que ver con otra cosa y también en las personas mayores hay mucha depresión que tiene que ver con una soledad no deseada, que también está bueno empezar a hablarla y empezar a charlarla y a que la gente sepa que también tiene espacios para poder ir, que puede no sé, un centro cultural o espacios para poder compartir con otros porque las redes son muy importantes», analizó Camila Marcó del Pont.
La especialista enfatizó la necesidad de correr el foco de la enfermedad para volver a conectar con el lazo social y el placer cotidiano: «Las redes te ayudan y también te muestran una parte de la salud mental que no se habla mucho que tiene que ver con el disfrute y que en la depresión muchas veces eso se pierde y está bueno como volver a eso, como volver a que la salud mental también tiene que ver con algo del disfrute, del deseo de poder encontrarte con otra persona de poder encontrar un momento para vos, una comida que te guste, digo porque ahora está, hablamos tanto de los recortes y de las pocas posibilidades que tenemos, bueno tal vez el disfrute es algo que tenemos ahí al alcance de la mano y que tiene que ver con un otro y que ayuda muchísimo a la salud mental que parece que no, porque se habla poco y porque siempre hablamos como del lado más de la patologización de la salud mental, bueno pero salud mental también implica algo de poder disfrutar, de encontrarte con otros, de hacer cosas que te gustan y eso en la depresión ayuda mucho, si está bueno no obligar a la otra persona si no quiere salir o si no quiere hacer algo hacerlo pero empezar a hablar de eso y a convocar a las otras personas, a personas que tal vez vemos angustiadas o que están mal a hacer algún plan o cosas que le gusten porque eso realmente ayuda mucho, parece que es algo muy pequeño pero ayuda muchísimo».
Escuchá el informe completo en Radio Trincherra









