En tiempos donde todo va a mil por hora, donde las pantallas nos absorben y los discursos parecen resumirse a «blanco o negro», sentarse a leer un libro que te obliga a frenar y pensar es casi un acto de rebeldía.
Eso es lo que propone la escritora, abogada y especialista en comunicación Paula Winkler en su nuevo libro de cuentos y reflexiones, Puntos de vista (Editorial Leviatán).
Paula charló con Las Brujas Que Salem y desarmó las capas de una obra que le da voz a quienes casi nunca escuchamos: animales con mucha calle, objetos que guardan recuerdos familiares, una Inteligencia Artificial que quiere imitar la conciencia humana y fragmentos de su propia historia familiar cruzada por la guerra.
A continuación, te compartimos sus mejores reflexiones, sus respuestas más picantes y una mirada única sobre por qué la literatura sirve para unir lo que la realidad rompe.
Mirar nuestras propias miserias a través de los ojos de un animal
Para escribir este libro, Paula decidió hacer un ejercicio muy interesante: dejar de lado la mirada humana de siempre y ponerse en la piel de los animales para ver cómo nos comportamos nosotros. Así nacieron Beppo —un gato con mucha personalidad que le bosteza en la cara a una vecina porque le habla como a un bebé— y Paratumbú, un perro callejero super sensible que vive en una rotonda en el norte del país.
Cuando le preguntamos por qué tuvo que buscar la ayuda de los animales para hacernos cargo de lo que somos como seres humanos, Paula nos dejó esta frase para pensar:
«Creo que uno de los males de la humanidad toda es no querer verse tal cual es. No te olvides del famoso pensador alemán Nietzsche, que sugería que no fuéramos tan humanos para humanizarnos.»
Además, Paula nos explicó que cada animal tiene una forma de ser que le sirvió para reflejar distintas cosas de las personas:
«Para mí, de todas maneras, el gato es un personaje muy importante en la literatura porque trasunta misterio, narcisismo, prudencia… cómo se mueven. El perro es como más… trasunta más lealtad, digamos. Por eso a Paratumbú lo ubiqué allí, al pobre, en la rotonda… entre Tafí del Valle y Termas del Río Hondo, con la ilusión de la jauría que se quería trasladar en la ruta hasta la capital. Ahí lo hice más sensible y el gato más cínico.»
Vivir en una burbuja y usar a las mascotas como decoración
Ese cinismo del gato Beppo no está ahí por casualidad; es la herramienta que Paula usa para criticar con humor y crudeza a ciertos sectores de la sociedad que viven mirándose el ombligo. La autora inventó una frase genial para describir a la gente que vive en una burbuja y no tiene empatía con lo que pasa a su alrededor:
«Es esta cuestión de los que tienen ‘vida narrada’. ¿Viste la canción de Eladia Blázquez, que la canta tan linda María Elena Walsh, que habla una estrofa y dice ‘honrar la vida’? Bueno, hay gente que, en mi opinión, en lugar de honrar la vida la utilizan como una especie de necesidad de consumo. Y no solamente viven viviendo… que no es lo mismo que vivir pensando lo que viviste y cómo podés, no sé si ser mejor persona, pero salir de tu burbuja, salir de tu ombligo.»
Paula describió de manera perfecta cómo funcionan estas reuniones sociales donde nadie escucha al otro y hasta los animales pasan a ser un objeto más de estatus:
«Son personas que cuando se reuniendo no hablan como estamos hablando nosotras, o como estarías vos con una amiga, una hermana o una compañera; sino que cuentan lo que hicieron en el día, o cuentan los viajes que hicieron, pero no desde el lugar cultural y popular que podemos contar nosotras. Es el querer demostrar. Tienen poca empatía hasta con los animales: consideran que el animal es como si fuera un objeto de santuario de su uso, que completa la decoración del living.»

Durante la entrevista, el equipo del programa no pudo evitar conectar esto con la clase política actual, que muchas veces parece vivir en un planeta aparte, totalmente desconectada de la realidad del pueblo y de la gente que no llega a fin de mes. Lejos de pensar que la gente que vive en esa burbuja es inofensiva, Paula tiró un comentario picantísimo y muy real:
«Ojo que esas señoras votan. Ojo al piojo. Por supuesto que sí… por eso ganó este equipo».
La Inteligencia Artificial y el peligro de un sistema sin alma
El libro también se mete con un tema súper actual: las tecnologías y las pantallas frías. En uno de sus cuentos más ingeniosos, Paula hace discutir a un narrador de libros con la Inteligencia Artificial. En esa pelea, el narrador le para el carro a la máquina con una frase tremenda: «Vos como inteligencia artificial tendrás inteligencia obligada, pero carecés de conciencia como la autora que me utiliza a mí para escribir».
Sin embargo, la mirada semiológica de la autora va más allá de la ficción y analiza con preocupación los horizontes hacia los que se dirigen las grandes empresas de Silicon Valley
«Este cuento yo lo escribí hace un año y medio y el libro se publicó este año. Ya estaría esto pasado de moda en el sentido de que yo ya sé que las empresas de inteligencia artificial están trabajando para crear conciencia humana. Lo que me parece riesgoso, por no calificarlo de peor, es que el único filósofo que están transcribiendo para hablar de conciencia es Kant. Lo que ya nos da un sesgo demasiado obsesivo… como para crear un sistema absolutamente cerrado. Como si ya no tuviéramos uno, que es el derecho, que es uno de los sistemas más cerrados.»
El valor de los recuerdos compartidos y la bufanda de la infancia
Frente a la frialdad de las computadoras, Paula defiende una escritura que sale del corazón y de los recuerdos más profundos. Ella nos contó cómo vive el proceso de creación: «La escritura en realidad es un texto bastante mágico y subconsciente. En mi caso es como que fluye, se crea el personaje y después lo voy controlando para que el texto quede redondo».
De esa magia nació «Bufandas», un cuento ambientado en la Patagonia que habla de los celos entre compañeras de colegio y las dificultades económicas cuando somos chicos. Al escribirlo, a Paula se le vino a la mente una escena muy tierna e incómoda de su propia infancia:
«Ahí me acordé, mientras estaba escribiendo sobre esta maestra y la bufanda, que hacía muchísimos años, cuando yo era chica… se había puesto de moda unos pañuelos preciosos que habían salido en serie, que precisamente eran de unos gatos. Yo quería uno así. Y mamá, con todo cariño, fue y compró otro que tenía un gatito bordado; que si se quiere era mucho más valioso porque estaba hecho a mano, con puntillita y demás. Pero claro, no era el pañuelo en serie que tenían mis compañeras de colegio, no era el que se usaba. Me acuerdo que me puse re mal, un berrinche… y me acuerdo que mamá se puso triste en ese momento.»
Ese recuerdo le sirvió a Paula para explicarnos cómo las cosas materiales cambian de significado cuando les ponemos afecto:
«Son objetos que tienen valor afectivo, entonces forman parte también de nuestras vidas. En general, uno a los objetos los identifica con el consumo banal, innecesario. Pero hay objetos que te acompañan siempre y que te hacen despertar la memoria familiar de tus parientes, de tus ancestros, de la vida que tuviste»
El pasaporte como una forma de curar las heridas de la historia
El momento más emotivo y personal de la entrevista llegó cuando hablamos del último cuento, que lleva el mismo nombre del libro: «Puntos de vista». Paula nos confesó que este texto es prácticamente autobiográfico.
El cuento entrelaza la memoria personal con las grietas de la historia del siglo XX. Winkler parte del recuerdo de la señora Von Neulenburg —una aviadora y profesora de alemán que conoció en su juventud— para iluminar una zona deliberadamente invisibilizada: el destino de los ciudadanos alemanes que se opusieron activamente a la barbarie nazi.
«Mi padre no era judío, pero por el solo hecho de tener un apellido judío fue echado del colegio secundario y fue perseguido… Se habló mucho desde el punto de vista de las víctimas judías, que fueron objeto de la barbarie nazi, pero no se habló de esos alemanes opositores.»
A raíz de esta historia familiar, Paula usó sus conocimientos como abogada para cruzar muy fuertemente a un periodista de la televisión que había dicho que los pasaportes o los documentos de nacionalidad eran simples papeles sin importancia:
«A ese periodista le tendría que decir, primero, que repase un poco el derecho y que se instruya sobre qué clase de documento es; porque si fuera por eso no nos inscribimos más ni cuando nacemos, ni DNI, no gastemos más en documentos y vamos por la vida sin ciudadanía… A mi papá le habían quitado la nacionalidad alemana y ahora la tiene restituida. El pasaporte, en mi caso, no es solamente un documento jurídico, sino también un documento de reparación histórica y afectiva sobre todo.»
La literatura como una fábrica de puentes
Hacia el final de la nota, ya lejos de los tecnicismos de las leyes de los cuales se encuentra jubilada, Paula Winkler definió de una manera hermosa por qué sigue eligiendo sentarse a escribir historias:
«Les agradezco mucho como lectoras y como amantes de la literatura también. El arte… yo no sé si salva, viste que se dice eso. No sé si salva; creo que repara. El verdadero arte y la literatura, e inclusive el ensayo, crea puentes. Se trata de eso: de crear puentes y no de demolerlos. Y bueno, en estos momentos, un montón hacemos la diferencia con todo eso.»
Puntos de vista no es un libro para buscar verdades absolutas. Es una invitación a salir de nuestra propia comodidad, a escuchar voces diferentes y, como dice Paula, a usar la palabra escrita para armar puentes en un mundo que a veces prefiere levantar muros.
El libro ya se puede conseguir gracias al trabajo de la editorial independiente Leviatán.
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