Deb Haaland hizo historia el martes 3 de noviembre al convertirse en la primera mujer nativa americana elegida gobernadora en los Estados Unidos. Al frente del Partido Demócrata, obtuvo el 57.2% de los votos en las elecciones de Nuevo México, imponiéndose por más de 14 puntos frente al republicano y exalcalde Greggory D. Hull. Su triunfo no solo sacude las estructuras del poder tradicional en un estado donde la población originaria representa el 12% del total, sino que consolida un revés directo a las políticas de la corriente de Donald Trump en las elecciones de medio mandato.
Haaland, de 65 años y orgullosa integrante del Pueblo de Laguna, celebró la victoria rodeada de su comunidad en un acto cargado de mística y memoria histórica sobre la emblemática Ruta 66. Desde allí, con la potencia de las ancestras, la gobernadora electa recordó sus raíces y las heridas de su propio linaje:
«Recuerdo tener que cargar agua del grifo comunitario y jugar afuera desde el amanecer hasta el anochecer, pasar tiempo en el maizal de mi abuelo ayudándole a regar. Y justo al lado de este camino, a mi abuela se la llevaron a la fuerza a un internado indígena… Y, sin embargo, aquí estamos».
El camino de Haaland ha estado marcado por la resistencia. Criada en una familia militar, transitó por 13 escuelas públicas, se licenció en literatura inglesa a los 28 años y posteriormente se graduó en derecho. Antes de hacer historia en la alta política, trabajó de manera independiente en servicios de catering y producción de conservas mientras criaba sola a su hijo no binario, Somah, atravesando situaciones de pobreza.
El impacto político: trinchera contra la quita de derechos
La llegada de Haaland al Ejecutivo de Nuevo México el próximo 1 de enero de 2027 supone un hito en la representación y la soberanía sobre sus tierras. La gobernadora entrante presentó a Stephanie Garcia Richard como su vicegobernadora y ya delineó una agenda con una fuerte impronta de cuidado comunitario y justicia social.
Frente a la amenaza de los recortes federales de la administración Trump, Haaland fue contundente:
“Nuestra labor para combatir los recortes de Trump arranca el primer día”.
La urgencia principal de su plataforma será blindar el programa Medicaid, que garantiza la cobertura médica a los sectores más vulnerables y de la cual dependen cerca de 89.000 nuevomexicanos. Además, su administración priorizará la vivienda social, la educación pública, el combate a las adicciones y la mitigación de la sequía crónica que azota la región.

Una vida dedicada a desarmar las violencias patriarcales e institucionales
El triunfo en Nuevo México no es el primer techo que rompe Deb Haaland. En 2018 fue una de las dos primeras mujeres indígenas en llegar al Congreso de los EE. UU. y, en 2021, marcó otro hito al asumir como secretaria del Interior del gobierno de Joe Biden, siendo la primera persona nativa americana en integrar un gabinete presidencial.
Desde aquella gestión federal, Haaland impulsó políticas reparadoras fundamentales para los pueblos originarios y las mujeres:
- Memoria y reparación: Encabezó una investigación exhaustiva sobre el horror institucional de los internados católicos y estatales que separaban forzosamente a las infancias indígenas de sus familias, resultando en el programa terapéutico institucional Road to Healing (Camino a la sanación).
- Justicia feminista y comunitaria: Creó la Unidad de Personas Desaparecidas y Asesinadas, una entidad específica para investigar las alarmantes tasas de crímenes y violencia de género sin resolver contra mujeres nativas.
- Soberanía y ambientalismo: Multiplicó los acuerdos de cogestión de tierras públicas con pueblos originarios (pasando de 20 a 300 convenios) incorporando el conocimiento ancestral en la preservación ecológica y la defensa del medio ambiente.
El triunfo de Haaland se suma al de otras mujeres que están transformando el mapa político en las fronteras, como el caso histórico de la demócrata Gina Hinojosa, quien desbancó al republicano Greg Abbott y se convirtió en la primera mujer latina elegida gobernadora de Texas.
Desde este portal, celebramos la llegada de las identidades históricamente oprimidas y perseguidas a los espacios de decisión.
La asunción de Deb Haaland no es solo una victoria electoral; es el grito de resistencia de las comunidades indígenas que, tras siglos de colonización y borramiento, se plantan para gobernar sus propios territorios. Como ella misma proclamó ante su pueblo: las naciones originarias siguen estando aquí.










