Cuando la ciencia pública se niega a ser la escribana dócil de los poderes concentrados, el sistema patriarcal y corporativo saca a relucir sus herramientas más violentas: el silenciamiento y el destierro laboral.
El reciente anuncio de que las autoridades del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) pretenden exonerar a la Dra. Virginia Carolina Aparicio no es un mero trámite administrativo o un sumario ordinario.
Se trata de una operación política coordinada, un caso testigo de persecución laboral, ideológica y de género que busca sentar un precedente de terror en los laboratorios y universidades de todo nuestro país
Exonerar significa expulsar de por vida de la administración pública Significa anular el nombre de quien ha dedicado su vida al desarrollo científico. ¿El «delito» de Aparicio? Haber hecho ciencia soberana para la vida Gracias a su intachable trayectoria como investigadora independiente del CONICET en la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce, la científica se convirtió en la responsable local del proyecto internacional SPRINT (Sustentable Plant Protection Transition), un programa global de salud y ambiente financiado por la Unión Europea [23-sep-2026].
Los resultados de sus monitoreos de suelos, aguas, aire y fluidos humanos arrojaron datos irrefutables: los venenos del modelo extractivista están en la tierra, en la comida y corriendo por las venas de las personas Y esa verdad empírica enfureció a los dueños de la tierra y del agronegocio
El disciplinamiento patriarcal sobre las científicas
Es necesario desarmar cómo operan las lógicas del castigo en sectores altamente corporativos e históricamente masculinizados como las cúpulas del campo concentrado. El intento de exoneración a Virginia Aparicio porta una clara marca de agua patriarcal: el disciplinamiento a la mujer que no obedece
A las mujeres científicas se les permite habitar la academia siempre y cuando sus investigaciones permanezcan en la inocuidad de los cajones de una oficina o sirvan para maquillar de sustentabilidad los balances de las grandes multinacionales de semillas y pesticidas.
Cuando una científica rompe el mandato de docilidad, sale del laboratorio y pone su conocimiento al servicio de la salud de los pueblos fumigados y de las madres que ven enfermar a sus huerfanos y vecindades, el poder reacciona con saña No solo buscan desmentirla —tarea imposible frente a la rigurosidad de sus datos— sino que buscan su muerte civil y profesional Quieren que su nombre funcione como una advertencia para cualquier otra profesional que pretenda investigar con libertad
La respuesta colectiva: Un escudo de sororidad federal
El tiro de la persecución, sin embargo, chocó contra un muro de resistencia colectiva. Tras conocerse la maniobra del INTA, una inmensa red de asambleas ambientales, sindicatos de la ciencia y colectivos feministas de todo el continente tejieron una inmediata red de solidaridad bajo las consignas #NiUnaMenos y #TodxsPorVirginia
La colectiva Ni Una Menos lanzó un enérgico repudio público, denunciando la sumisión de los organismos estatales a los intereses del lobby agroexportador, en un contexto nacional caracterizado por el desfinanciamiento sistemático y planificado del sistema científico y tecnológico [
Desde Las Brujas que Salem nos sumamos al grito federal: exigimos a las autoridades del INTA frenar de inmediato el dictamen de exoneración de la Dra. Virginia Aparicio
Demandamos que se garantice de manera plena su derecho a la legítima defensa y al debido proceso técnico-legal.
Perseguir a quienes miden el impacto del veneno es volverse cómplices directos de la enfermedad de nuestros territorios. La ciencia pública pertenece a las mayorías populares y el conocimiento emancipatorio de nuestras científicas no se negocia ni se arrodilla ante las corporaciones.
Si tocan a Virginia, nos tocan a todas










