La geografía escolar suele arrastrar el estigma de la memoria y el aburrimiento: ríos, capitales y montañas que hoy se resuelven con un clic. Sin embargo, la geografía crítica demuestra que es, ante todo, una ciencia política.
En el contexto actual de la Argentina profunda, se impone un relato oficial donde se presenta como única salida económica el rifar el país, festejando la extranjerización de la tierra como si fuera un logro.
Se configura así un crudo mapa de las contradicciones: un territorio enorme en extensión, con millones de hectáreas ociosas, pero con miles de familias durmiendo en la calle; un país que se autopercibe el gran héroe del mundo mientras los comedores populares se llenan de niños, familias enteras y adultos mayores. El territorio no es neutro.
Frente a esta coyuntura, la docente e investigadora Brenda Sosa, creadora del proyecto Degenerando la Geografía, charló con Las Brujas que Salem y defiendió el rol de la escuela como una trinchera del saber para defender soberanamente las riquezas locales. «Cómo nos transformamos del granero del mundo a tener casi la mitad de nuestra Argentina en situación de pobreza, incluyéndonos a nosotros les docentes, es efectivamente porque las prioridades están puestas en otro lado y las dispone la política», advirtió Sosa. Para la docente, el desconocimiento generalizado de lo que producimos (como las grandes extensiones de soja que los propios estudiantes jamás probaron ni conocen) responde a un objetivo implícito:
«No saber es justamente para el saqueo masivo de nuestra naturaleza».

La Ley de Glaciares y la entrega de la soberanía hídrica
Las modificaciones operadas sobre la Ley de Glaciares representan un golpe directo a la soberanía hídrica. Sosa tradujo la gravedad de la situación en números contundentes:
en Argentina hay cerca de 17.000 glaciares, lo que equivale a la superficie de 41 Ciudades Autónomas de Buenos Aires (CABA).
«Todo eso es lo que hoy está en disputa, o me atrevería a decir que se disputó. Porque ahora eso quedó bajo la discrecionalidad de cada provincia, cuando sabemos que hay muchísimas provincias que sus gobernadores son accionarios de grandes empresas megamineras. Megamineras que después se van a instalar sobre esos glaciares, con el permiso de esos gobernadores y de esas gobernaciones. Basta con rasgar un poco ahí para poder entender esa situación».
La geógrafa alertó que el impacto destructivo lo verán primero las provincias cordilleranas que actualmente subsisten bajo un contexto de escasez y estrés hídrico. Sin embargo, debido a una visión centralista, el resto del país suele no tomar noción de la gravedad hasta que el problema golpea la propia puerta.
Respecto al discurso político que busca desmantelar la protección ambiental, recordó: «Hace muy poco tiempo escuchamos a un senador que decía que los glaciares eran un pedazo de piedra, entonces que no nos resulte llamativo que no se conozca o en realidad que sí se conozca y se oculte la importancia de cuidar el agua potable para nuestro país».
Frente a esto, destacó la resistencia histórica de las asambleas y movimientos ambientalistas cordilleranos y el valor de la «pedagogía de la imagen» en redes sociales para mostrar de forma directa qué fotos de la Patagonia y qué ríos están en peligro real.
El mapa bicontinental: disputar el territorio completo
Frente a la entrega de recursos estratégicos y la flexibilización de la Ley de Tierras —que facilita la apropiación de miles de hectáreas en la Patagonia por parte de terratenientes extranjeros—, Sosa propone una herramienta pedagógica y política: la militancia del mapa bicontinental en las escuelas.

Este mapa visibiliza la verdadera extensión marítima de la plataforma argentina, la Antártida y las Islas Malvinas.
«Hay cierta resistencia por un argumento de otros colegas que sostienen que no se muestra el mapa en toda su extensión, como que el territorio se diluye y se pierde la nitidez de ver el resto de las provincias. Sucede que yo prefiero perder la nitidez y no la soberanía. Entonces quiero ver el mapa completo. El mapa bicontinental nos invita a conocer nuestro territorio para posteriormente, en el ejercicio de la soberanía, defenderlo».
Al descentralizar el mapa tradicional, el eje geopolítico y la proyección latitudinal cambian por completo. En las aulas, este ejercicio genera un fuerte impacto: «Para los estudiantes es algo nuevo, no se hallan, no logran ver que es todo el territorio de la extensión de Argentina. Hasta incluso es la primera vez que descubren que Tierra del Fuego no es Tierra del Fuego, es Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Y reconocer que Buenos Aires ya deja de ser la provincia más grande y empieza a ser Tierra del Fuego una de las provincias más grandes. Perdemos centralidad. La centralidad deja de estar puesta en Buenos Aires, empieza a estar en Malvinas, en el sector de las Islas, en el sector insular», explicó.
Esta mirada estratégica permite entender por qué potencias como Gran Bretaña pusieron sus pies en Malvinas o por qué se ceden permisos a buques extranjeros que modifican ecosistemas enteros en el mar argentino para saquear recursos como el petróleo o la pesca, mientras localmente se discuten estrategias «para comer carne de burro».
El aula frente a los discursos de odio e impunidad
Sosa defendió con firmeza el interés de la juventud por comprender la realidad nacional y cruzó las narrativas que estigmatizan a los estudiantes. «Cuando escucho en los medios de comunicación y en muchos otros aspectos que los pibes no están interesados, que no quieren saber… sí quieren saber. Y quieren un espacio de escucha para que incluso nosotros como profes escuchemos qué es lo que quieren saber. Traen preguntas mega interesantes de las redes sociales, que es otro foco que en la escuela también disputamos», señaló.
La docente también apuntó contra la violencia verbal institucionalizada y la asimetría de poder que se convalida desde la cúpula del Estado:
«Si yo a ustedes les digo terroristas o les digo basuras o mierdas humanas, que es lo que justamente dijo el presidente, chicos a mí me echan. Yo me voy del aula con un sumario enorme como una casa, no trabajo nunca más. Pero ustedes entienden que el que lo está diciendo es el presidente y tiene ese marco de impunidad. Desde el aula tienen que aprender a que se puede disentir, a que se puede hablar, a que se puede discutir, a que se puede pensar distinto. Porque si no aprenden desde el aula, pasa lo que pasa ahora: que si pensás distinto sos un terrorista».
El cuerpo como primer territorio: cuando la ESI rompe el silencio
En el marco de la geografía feminista y de la semana de la ESI, Brenda Sosa llevó al aula una actividad de cartografía social basada en su tema de investigación: el mapeo cuerpo-territorio, una propuesta metodológica que explora la retroalimentación entre el cuerpo y el espacio habitado. La dinámica consistió en que los estudiantes se dibujaran a sí mismos —un ejercicio que al principio les resultó muy gracioso porque nunca lo habían hecho— para luego trasladar conceptos geográficos al mapa corporal, debatiendo qué es el espacio público y qué es el espacio privado.
Durante el ejercicio con niñas de 12 años, la noción de estos espacios parecía clara y consensuada entre risas. Una de las compañeras explicaba que el espacio público es «aquello que todos vemos, lo que todos compartimos», ubicándolo de forma lógica en las manos o en el pelo. Al definir el espacio privado, la otra compañera sentenció de forma natural: «tus partes íntimas».
Sin embargo, la naturalidad de la dinámica se quebró por completo cuando una de las alumnas levantó la mano y llamó a la docente. Flanqueada por sus dos compañeras de banco, en medio de un silencio absoluto que se apoderó de las cuatro, la niña miró a Sosa con los ojos llenos de lágrimas y le confesó: «Profe, yo no tengo espacios privados».
«¿Qué haces ante esa situación? Me conmociona de la misma manera que me conmovió esa vez. Es poder entender que, en ese momento, una niña se estaba dando cuenta que estaba siendo vulnerada, que no había un espacio privado, que sus otras compañeras sí lo tenían y lo podían identificar. Entonces, que no nos vengan a decir que la ESI no funciona, que la ESI no es un marco de derecho».
A través de la escucha fina del docente, la escuela se transforma en el espacio donde se identifica el fin de una tortura intrafamiliar o la violencia ejercida sobre las madres en los hogares. «Se van con preguntas más que con certezas. Que es la idea, es ir con preguntas y que esas preguntas se resignifiquen en sus trayectorias, en sus vidas», reflexionó Sosa.

Censura institucional y la construcción de un espacio colectivo
El camino de Brenda Sosa para consolidar la geografía feminista estuvo marcado por la hostilidad del sistema. En 2018, mientras realizaba sus primeras experiencias docentes a los 20 años en una escuela extremadamente católica de La Plata, coordinó un acto del 9 de julio. A pedido de las propias estudiantes de secundaria, el proyecto incluyó las voces de todos los actores del proceso de independencia bajo una perspectiva de género. Aunque el proyecto había sido presentado por escrito, las autoridades no lo leyeron previamente. Al finalizar el acto, las monjas de la institución se mostraron desencajadas. Tras un clima de enorme tensión y hostilidad directa, la representante legal la invitó a retirarse argumentando que no cumplía con el perfil docente requerido.
A raíz de ese miedo a la exposición en sus redes personales nació en Instagram Degenerando la Geografía. El proyecto se mantuvo de forma esporádica hasta que, recientemente, sufrió un nuevo episodio de censura en el ámbito académico. Un reconocido referente de la disciplina, autor de diversos libros de geografía y creador de una página web de divulgación, le solicitó un artículo sobre género. «Vieron que si no hay un capítulo o un texto sobre género no sos tan progre; tiene que estar la palabra», ironizó Sosa.
Pese a escribir un artículo sólido, la publicación fue dilatada bajo la excusa de una supuesta revisión, hasta que recibió un correo del coordinador informándole que decidía apartarla del espacio. Ante los pedidos de explicación de Sosa, la insólita respuesta del referente fue que «tenía inconvenientes con su pareja» y que «no le sabía explicar». Sus textos fueron borrados antes de ver la luz en un claro marco de impunidad institucional. En lugar de llamarse al silencio, Sosa decidió tomarse el espacio de Instagram en serio, transformándolo en un canal masivo de difusión y producción pedagógica situada.
Como respuesta colectiva a estas problemáticas, Sosa destaca el lanzamiento del libro de distribución y descarga gratuita Geografías del Compartir. Tres métodos para cartografiar los territorios, experiencias y cuerpos, escrito junto al cartógrafo y geógrafo Juan Tetamanti. El libro propone metodologías colectivas para trabajar con las comunidades desde una perspectiva de derechos, proyectando la individualidad hacia lo colectivo y viceversa para resignificar los territorios habitados. «Para las capitales y los ríos ya está Google Maps», concluyó la docente. «Hay que disputar el conocimiento también».

📦 RECURSO DESTACADO | LECTURA RECOMENDADA
📘 «Geografías del Compartir: Tres métodos para cartografiar los territorios, experiencias y cuerpos»
✍️ Autores: Brenda Sosa y Juan Tetamanti.
Este libro propone un recorrido metodológico para trabajar de manera colectiva en los territorios junto a las comunidades. A través de la cartografía social y la geografía feminista, plantea estrategias fundamentales como el cuerpo como primer territorio, proyectando la individualidad hacia lo colectivo para resignificar y defender los espacios que habitamos.
📥 DESCARGA GRATUITA:
El material es de difusión libre y gratuita. Podés encontrar el enlace de descarga directa ingresando al perfil de Instagram del proyecto: @degenerandolageografia o solicitándolo en sus canales comunitarios de difusión.
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