A once años de la histórica movilización que unió el grito de miles en las calles, el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven”, junto a la Universidad Nacional del Delta, presentó un alarmante informe sobre la situación de la violencia machista en Argentina. Entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026, se registraron al menos 3.205 víctimas letales, lo que representa la trágica cifra de un femicidio cada 31 horas.

El desglose de los datos revela que la violencia tiene un ensañamiento sistémico: de la cifra total, 3.144 corresponden a femicidios directos y vinculados, 46 a transfemicidios y travesticidios, y 15 a casos de instigación al suicidio. Cada número representa vidas truncadas, proyectos rotos y familias completamente devastadas por la desidia.
El peligro en el círculo íntimo

El relevamiento, elaborado a partir del monitoreo de medios gráficos y digitales de todo el país, echa luz sobre la vulnerabilidad de las víctimas en sus entornos más cercanos:
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- El enemigo está en casa: El 85% de los femicidas pertenecía al círculo íntimo o era conocido de la víctima.
- El hogar como espacio inseguro: El 63% de los crímenes ocurrió en la vivienda de la víctima o en el hogar compartido con el agresor.

- Infancias desprotegidas: Al menos 2.714 niñas y niños quedaron huérfanos a causa de estos asesinatos.

- Fallas del sistema: El 17% de las víctimas ya había realizado denuncias previas y el 10% contaba con medidas de protección vigentes que resultaron insuficientes.
Desmantelamiento estatal y emergencia actual
La urgencia no disminuye. En lo que va del 1 de enero al 24 de mayo de 2026, ya se contabilizaron 99 víctimas fatales por violencia machista. Ante este escenario, desde las organizaciones sociales alertan con profunda preocupación sobre el rol actual del Estado.
El informe denuncia de forma directa que el gobierno de Javier Milei ha desmantelado políticas públicas fundamentales orientadas a la prevención y a la asistencia de las personas en situación de violencia.

A la falta de recursos y la precarización de las áreas de género, se le suman discursos oficiales de tinte negacionista y de odio que banalizan la problemática y ponen en un riesgo aún mayor la vida de las mujeres y disidencias.

A más de una década del primer grito de #NiUnaMenos, la demanda sigue siendo la misma, pero con el peso de miles de ausencias: se exigen políticas públicas eficaces, presupuesto real y un Estado presente. La consigna vuelve a resonar con fuerza en las calles este próximo 3 de junio: Vivas, libres y desendeudadas nos queremos.










