A veces, el almanaque se convierte en una condena de hierro. Los días pasan, los meses caen y los años se acumulan, pero para Patricia Godoy, el tiempo se detuvo por completo una tarde de primavera. El calendario marca que han pasado 15 años desde el femicidio de su única hija, Yesica Marisol Gunther. Quince años en los que el Estado argentino no solo eligió mirar para otro lado ante el asesinato de una joven de 19 años, sino que, en un retorcido giro del destino, decidió perseguir a la madre que exigía respuestas.
Marisol tenía toda la vida por delante. Quienes la conocieron recuerdan su inmensa sonrisa, sus plantas cuidadas con paciencia y amor, su debilidad por la música y esos paseos eternos con sus primos y su fiel perro Amador. Tenía el deseo profundo de viajar, de estudiar y de experimentar la maternidad. Todo ese universo de promesas se apagó el 5 de octubre de 2011 en Melchor Romero, La Plata.

Aquel día, la versión oficial intentó instalar la comodidad del «suicidio». Sin embargo, la familia supo desde el primer minuto que se trataba de una escena montada. Las valijas de Marisol estaban listas: a las pocas horas iba a mudarse con su padre para escapar de un contexto de violencia machista. Ella quería vivir, pero la mataron. Desde entonces, la causa por su muerte deambula en los pasillos de la impunidad absoluta.
Caminar buscando justicia y encontrar un calabozo
Para Patricia, el calvario no terminó con el vacío en el pecho que deja perder a una hija. Con el coraje que solo tienen las madres, comenzó a recorrer fiscalías. En ese deambular por los tribunales platenses, debido a la cercanía geográfica, fue citada a declarar como testigo en otra causa aberrante que conmocionó a la región: el cuádruple femicidio de La Loma. Ella simplemente aportó lo que vio y escuchó aquella trágica madrugada de noviembre de 2011.
Pero la justicia penal, históricamente carente de perspectiva de género, transformó a la víctima en acusada. A fines de 2025, Patricia fue condenada a cuatro años y seis meses de prisión por supuesto falso testimonio. Mientras el femicida de su hija camina libre, ella quedó bajo una modalidad de arresto que limita sus movimientos, su vida y sus reclamos.
Hoy, al cumplirse una década y media sin Marisol, Patricia solo puede visitar el cementerio bajo severas restricciones, sintiéndose juzgada por un sistema penal que la revictimiza a cada paso. «Estoy limitada hasta para poder llorarla en paz», confiesa con la voz rota por un dolor que quema, pero que se niega a doblegarse.

Desde el portal Las Brujas que Salem, abrazamos con profunda sororidad a Patricia Godoy en este doloroso aniversario y nos sumamos a la exigencia de las organizaciones feministas y sociales. Su lucha es la de todas las madres que se niegan a sepultar la verdad.
Prohibido olvidar a Yesica Marisol Gunther.
Absolución para Patricia Godoy.
Memoria, Verdad y Justicia.











