Un fallo judicial sin precedentes en la provincia de Córdoba ha marcado un límite definitivo frente a los abusos de poder y los nuevos mecanismos de vulneración de la intimidad en el ámbito médico.
El Juzgado de Control y Faltas N° 7, bajo la firma del juez José Milton Peralta, revocó la absolución previa de un ginecólogo denunciado por una paciente que asistió a su consultorio para iniciar un proceso de criopreservación de óvulos. La sentencia condenó al profesional a pagar una multa de $900.000 y a realizar un curso obligatorio sobre género, tras hallarlo responsable del delito de maltrato agravado por razones de género.
La resolución judicial aborda dos dimensiones críticas de la violencia ginecológica y obstétrica: el trato descalificante y la intrusión tecnológica.
Por un lado, el tribunal dio por probado que el médico utilizó expresiones verbales como “nena”, “nenita” y “tenés los ovarios de una pendeja”, categorizadas por el magistrado como discursos infantilizantes, paternalistas y descalificantes que anulan la autonomía de la paciente.
Por el otro, el fallo sienta un estándar fundamental para la era digital al sancionar el uso de anteojos inteligentes Ray-Ban Meta dentro del espacio de examen.
El juez determinó que, al amparo de la Ley de Derechos del Paciente, el simple hecho de portar este dispositivo de registro audiovisual sin advertir ni obtener el consentimiento explícito de la persona vulnera el derecho a un trato digno, al resguardo de la intimidad y a la confidencialidad, independientemente de si el mecanismo de grabación fue efectivamente encendido o no.
Este dictamen es una herramienta de emancipación indispensable. Históricamente, las consultas ginecológicas han sido territorios donde los cuerpos de las mujeres y disidencias experimentan asimetrías de poder, silenciamientos y violencias naturalizadas bajo el discurso del saber médico.
El fallo cordobés rompe esa inercia institucional al dictaminar que la sola producción de inseguridad y la sospecha de estar siendo filmada en una situación de extrema vulnerabilidad física constituyen una agresión hacia la dignidad.
Desarmar la impunidad corporativa en el sistema de salud e incorporar la perspectiva de género frente al avance de las tecnologías de vigilancia es un paso urgente para garantizar que los consultorios dejen de ser espacios de despojo y pasen a ser entornos verdaderamente seguros.







