Gustavo Osmar Kumiega enfrenta múltiples acusaciones penales en Resistencia. Los relatos judiciales exponen maniobras físicas invasivas, humillaciones machistas y el uso abusivo del poder médico sobre cuerpos vulnerados.
El consultorio ginecológico, pensado históricamente como un espacio de cuidado y profunda intimidad, se convirtió para al menos siete mujeres en el escenario de una pesadilla.
La impunidad médica y la violencia de género institucional volvieron a quedar expuestas tras conocerse los aberrantes detalles de las causas penales que acorralan a Gustavo Osmar Kumiega, un conocido ginecólogo que ejerce en la ciudad de Resistencia, Chaco.
La investigación penal, que cobró masiva relevancia a partir de una investigación publicada por Infobae donde detalla un patrón sistemático de manipulación psicológica y vulneración física. El profesional acumula seis denuncias de pacientes por hechos perpetrados dentro de su consultorio —bajo la órbita de la fiscal Ana González de Pacce— y una séptima denuncia por abuso sexual con acceso carnal en un ámbito privado fuera del entorno médico, radicada ante el fiscal Jorge Cáceres Olivera.
Frases disciplinadoras y humillación en la camilla
Los testimonios presentados ante la Justicia entre el 23 de septiembre y el 2 de octubre describen situaciones crudas que evidencian el más explícito abuso de poder. Según consta en los expedientes, el profesional condicionaba el trato y hasta el precio de las consultas basándose en comentarios lascivos sobre los cuerpos de sus pacientes: “Como es linda tu vagina te cobro cuarenta mil”.
A las agresiones verbales se le suman relatos de prácticas médicas irregulares y sumamente dolorosas. Varias denunciantes coincidieron en que Kumiega realizaba maniobras bruscas y excesivas durante las ecografías transvaginales, llegando a utilizarlas como herramientas de disciplinamiento físico. Cuando una de las jóvenes le manifestó su incomodidad y dolor durante el estudio, la respuesta del médico fue tajante: “Yo soy el que dice cuándo se termina”.
El hostigamiento continuaba fuera del ámbito médico, mediante redes sociales, donde enviaba chats y videos de contenido sexual explícito con frases como “Te vendría bien un doctorcito amoroso, generoso y paseador”.
La impunidad corporativa y el reclamo de detención
Pese a la gravedad, coincidencia y acumulación de los relatos en un lapso tan corto, el ginecólogo continúa libre y sin una imputación formal. La defensa del acusado, liderada por el abogado Zacarías Issolo, optó por una estrategia que busca administrativizar el horror: argumentan que las conductas denunciadas no constituyen delitos, sino que se enmarcan en supuestos «protocolos de la especialidad», e intentaron deslegitimar las pruebas digitales apelando a tecnicismos corporativos.
Mientras la defensa presenta historias clínicas para frenar allanamientos y alega que el médico permanece recluido sufriendo «ataques de pánico» por el repudio de la sociedad, las víctimas y sus representantes legales exigen su inmediata detención ante el evidente riesgo de entorpecimiento judicial y el peligro latente para otras pacientes.
El amparo de un título no borra el abuso
Este caso vuelve a poner de manifiesto que un título universitario o un ambo médico no pueden seguir funcionando como licencias de impunidad para los violentos. La asimetría de poder que existe en una consulta médica, potenciada por la vulnerabilidad intrínseca de una revisión ginecológica, no puede ser el escudo de un depredador.
Desde los transfeminismos abrazamos a las denunciantes y exigimos respuestas urgentes al Poder Judicial de Chaco. Las mujeres y disidencias tenemos derecho a acudir a profesionales de la salud sin el temor latente de ser violentadas, acosadas o abusadas. Porque el control de nuestra salud no les da el control de nuestros cuerpos. Si tocan a una, respondemos todas.










