Por Candela Cavenaghi
La conocida “Academia de Violación” no es un caso aislado, es un sistema.
Una investigación de la CNN logró que una periodista se infiltrarse durante meses en una parte muy oscura de internet- y con oscura no me refiero a un sitio inaccesible o a lo que se conoce como la deep web- sino todo lo contrario, es un sitio expuesto totalmente y accesible para todes en donde exponen una maquinaria de violencia sexual organizada a nivel global.
Lo que pudieron llevar a la luz es que existen espacios digitales en donde millones de hombres, no solamente son consumidores de violencia sexual sino que la producen, la comparten y la enseñan para que otros puedan replicarla.

Básicamente en estos espacios se abre una especie de guía para drogar y violar mujeres, en muchísimos casos sus propias parejas. Charlan sobre qué drogas utilizar para que las víctimas no sospechen, sobre qué cantidad de dosis tienen que administrar, cómo administrarla, si conviene con comida, en un trago, se narran entre ellos las violaciones como si fuesen experiencias, se aconsejan para no ser descubiertos por la justicia, comparten fotos y videos de las violaciones con las mujeres completamente inconscientes y mucho más.
Muchos de ellos también sacan rédito de esto, porque estos videos o fotos terminan vendiéndolos a otros hombres, incluso reciben órdenes de ellos sobre qué hacer y de qué manera con su pareja, esposa, o vinculo sexoafectivo.
Uno de los puntos más crudos de la investigación es que no es solamente violencia, no son casos aislados, funcionan como comunidades organizadas, tienen jerarquías, líderes, usuarios experimentados que actúan como “mentores”; se reconocen internamente, saben quién abusa, quién comparte y quién enseña. Además van ganando aprobación y pertenencia dentro del grupo el cual es básicamente una pedagogía del abuso, una academia en donde se enseñan colectivamente cómo violar a una mujer, de hecho el grupo de Telegram se titula “RAPE ACADEMY·
Otro de los puntos brutales es que las víctimas son mayormente sus parejas, sus esposas, mujeres dentro de vínculos sexoafectivos, y esto no es un dato menor, sino que es central, porque expone lo que muchísimas veces tratamos de visibilizar las feministas que es que, la violencia sexual no está siempre en la calle, está dentro de nuestras casas, dentro de nuestras relaciones, dentro de nuestros vínculos más cercanos en donde la confianza debería ser lo central. 
Esto se conecta directamente con estructuras culturales patriarcales profundas: la idea de que el consentimiento dentro de la pareja está garantizado, la creencia de que el cuerpo femenino tiene que estar disponible al 100% para el hombre, lo que termina minimizando el abuso dentro de un vínculo
El caso de Giselle Pellicot en Francia se nos aparece ante nuestros ojos de inmediato. Esa mujer que fue drogada durante años por su propio esposo para que más de 200 hombres la violaran cómo y cuándo quisieran, muchos de ellos contactados mediante internet, la mayoría de ellos hombres “decentes, de familia”, sin antecedentes. Al igual que los hombres de esta investigación de CNN nos muestra que no estamos frente a monstruos excepcionales, estamos frente a hombres completamente socializados dentro de una cultura que habilita esto y actos e ideas absolutamente aumentadas y aceleradas gracias a las redes e internet. Esto ocurre porque es anónimo, tiene alcance global y es muy poco probable de controlarlo: un combo dramático para las víctimas. Además estas comunidades cuando son descubiertas fácilmente terminan migrando de plataforma, se vuelven a reorganizar, crean códigos propios para no ser detectados., y lo más inquietante es que no solamente comparten contenido sino que comparten ideología.
En estos grupos las mujeres son deshumanizadas, el consentimiento es ridiculizado, la violencia los termina erotizando, y el abuso terminan tomándolo como un logro, como una victoria.
Lo cierto es que si bien Internet amplifica todos estos espacios la verdad es que no los crea, no nacen de “internet”, nacen en una cultura que durante años nos enseñó que el deseo masculino es incuestionable, que las mujeres exageramos, que denunciar tiene consecuencias para las víctimas y no para los agresores, y que el consentimiento de una mujer puede ser ignorado completamente.
Se pudo saber que hubo más de 60 millones de visitas e interacciones en estos grupos, en esta cultura de la violación en esta violencia organizada colectivamente entre varones donde algunos ejecutan, otros facilitan, otros son cómplices y aprenden a violar mujeres .

En esto hay responsabilidades claras: por un lado las plataformas que alojan estas comunidades y no logran frenarlas- pero que si decís una mala palabra te censuran la cuenta por meses-, por otro lado los sistemas judiciales que llegan tarde, si es que llegan porque en la mayoría de los casos sabemos que no llegan, y sobre todo los marcos culturales que siguen relativizando la violencia.
Y todo esto no empieza en un foro, empieza muchísimo antes, empieza cuando se duda de una víctima, cuando se minimiza una denuncia y se protege al agresor, así que no son casos aislados, no es exageración, no es paranoia, es violencia real, patriarcal, sistemática y organizada y si no la nombramos, si no la enfrentamos va a seguir creciendo tanto en el mundo digital como en el real.
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