A 40 años del primer Encuentro Nacional de Mujeres, la Legislatura porteña será sede de una jornada histórica orientada a recuperar, visibilizar y proteger la memoria política del movimiento feminista argentino. Organizado por la colectiva Tierra Violeta, el evento «40 Años del Encuentro Nacional de Mujeres (1986-2026): Archivos, memorias y genealogías» reunirá el próximo viernes 22 de mayo a pioneras, archivistas e investigadoras para debatir sobre cómo se resguardan las huellas de una de las construcciones colectivas y horizontales más singulares de la región
El Salón San Martín de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires abrirá sus puertas el próximo viernes 22 de mayo, de 9:30 a 14:00 horas, para conmemorar los 40 años del inicio de los Encuentros Nacionales de Mujeres
Con una perspectiva que pone en el centro el valor de las alianzas transversales y la resistencia democrática, la actividad —libre y gratuita— propone disputar la narrativa histórica oficial a través de la preservación de los archivos feministas
Genealogías de una práctica política única
El movimiento de mujeres del país, fortalecido tras la recuperación democrática, ideó este espacio masivo tras la participación de militantes locales en hitos internacionales como la Conferencia de Nairobi de la ONU y el Encuentro Feminista Latinoamericano en Brasil
El rasgo más potente de la primera comisión organizadora de 1986 radicó en la capacidad de articular consensos desde la disidencia absoluta: mujeres de distintas procedencias partidarias, brechas generacionales y trayectorias sociales convirtieron la diversidad en un capital político capaz de sostenerse de manera ininterrumpida durante cuatro décadas
El programa del evento
La apertura y el desarrollo de la jornada estarán estructurados bajo el concepto de reconocimiento histórico y metodológico
Justicia histórica: Diana Maffía encabezará un reconocimiento formal a las mujeres que integraron la comisión organizadora del primer encuentro fundacional
Espacios de resistencia cultural: Magui Bellotti y Marta Fontenla distinguirán la trayectoria y el activismo de la histórica Librería de Mujeres
Mesa de debate sobre archivos vivos: Un panel central analizará los desafíos actuales para conservar la documentación y la historia gráfica, oral y digital de las movilizaciones
Las guardianas de las huellas feministas
El panel principal de debate contará con las voces de quienes gestionan, clasifican y resguardan el patrimonio documental del movimiento de mujeres en el país
Feminaria: Representado por María Patricia Prada y Viviana Appella [1].
CeDInCI: A cargo de María Luisa Peralta y Eugenia Sik
Memoria Abierta: Participación de Alejandra Oberti
Museo de las Mujeres: Intervención de Graciela Tejero Coni
Archiva Histórica Digital de los Encuentros: Coordinado por Fernanda Brigues
IIEGE: Aporte de Ana Laura Martín Investigación histórica: Las autoras Amanda Alma y Paula Lorenzo expondrán sobre su obra de recuperación histórica correspondiente al período 1986-2005
La jornada se presenta como un espacio fundamental para reflexionar sobre cómo los feminismos argentinos siguen tejiendo redes federales y resguardando un archivo histórico contra el olvido
Los Encuentros Nacionales de Mujeres y Disidencias constituyen la escuela de formación política horizontal más transformadora, masiva y duradera de la historia argentina reciente. Nacidos en 1986 al calor de una democracia recuperada, estos espacios anuales rompieron con las lógicas tradicionales del poder patriarcal al instituir tres pilares inquebrantables: la autonomía de los gobiernos, la autofinanciación y la toma de decisiones por consenso. Cuatro décadas después, el impacto de este fenómeno federal no solo reconfiguró las dinámicas sociales del país, sino que exportó un modelo de organización colectiva único en el mundo.
El murmullo que se volvió marea: 40 años de una revolución en primera persona
Por Gabriela Chamorro
Decir que los Encuentros cambiaron la historia de la Argentina es una verdad evidente, pero quizás el análisis más profundo radica en entender cómo lo hicieron. Lo lograron transformando la biografía individual de cada mujer y disidencia que pisó un taller. En esas aulas escolares convertidas en asambleas, el dolor privado se transformó en demanda colectiva. La violencia machista, la desigualdad laboral y la penalización del aborto dejaron de ser problemas puertas adentro para volverse urgencias de Estado.

La pedagogía del consenso
El gran triunfo de la primera comisión organizadora de 1986 —y de las que le sucedieron— fue apostar por la diversidad como un motor y no como un obstáculo. En un país habituado a las estructuras piramidales y los liderazgos mesiánicos, las mujeres inventaron una metodología horizontal donde la voz de una militante histórica vale lo mismo que la de una joven que asiste por primera vez. El consenso no es la ausencia de conflicto; es la voluntad política de permanecer juntas en la misma habitación discutiendo hasta encontrar una estrategia común.
Una fábrica de derechos e instituciones
Las leyes que hoy estructuran nuestra vida democrática no nacieron en los despachos del Congreso; se cocinaron en los talleres de los Encuentros:
Patria Potestad Compartida y Divorcio Vincular: Demandas centrales de las pioneras tras la dictadura.
Ley de Cupo Femenino y Paridad: Estrategias para hackear la representación política exclusivamente varonil.
Educación Sexual Integral (ESI) y Ley Micaela: Herramientas culturales para desarmar las violencias desde la raíz.
Aborto Legal, Seguro y Gratuito: Una marea verde cuya Campaña Nacional se gestó de forma articulada en el Encuentro de Rosario en 2003.
Archivar el futuro
Iniciativas como la jornada organizada por Tierra Violeta en la Legislatura porteña ponen el foco en un eslabón clave: la memoria. Resguardar las huellas de estos cuarenta años en archivos, bibliotecas y plataformas digitales es un acto de legítima defensa política. Frente a discursos actuales que intentan negar o criminalizar las conquistas de género, la historia de los Encuentros demuestra que los derechos no son concesiones del poder, sino construcciones colectivas que se defienden en la calle y se custodian en el archivo.
A 40 años de aquella primera chispa de 1986, la genealogía está viva
Los Encuentros siguen siendo ese territorio anual e itinerante donde aprendemos que nadie se salva sola y que la democracia, si no es feminista, se queda a mitad de camino.







